El español Joaquín José Martínez fue declarado no culpable tras pasar tres años en el corredor de la muerte
El español Joaquín José Martínez fue declarado no culpable tras pasar tres años en el corredor de la muerte - EDUARDO DE SAN BERNARDO

Joaquín José Martínez: «El futuro de Pablo Ibar es más complicado que nunca»

El español que salió del corredor de la muerte tras tres largos años, acusado de un doble asesinato del que fue finalmente absuelto el 6 de junio de 2001

MadridActualizado:

«No me lo puedo creer. Estoy destrozado», dice el español Joaquín José Martínez poco después de enterarse del veredicto que deja a Pablo Ibar en un infierno que él conoce bien. Martínez estuvo en el corredor de la muerte tres largos años, acusado de un doble asesinato del que fue finalmente absuelto el 6 de junio de 2001. Como Ibar, él siempre negó haber cometido los crímenes, pero en su caso el juicio, que se desarrolló también en Florida, tuvo un final feliz. Pudo regresar con los suyos.

Desde entonces no ha habido ocasión que no aproveche para pedir la abolición de la pena de muerte y para nombrar a Ibar, que ha visto truncadas una vez más sus esperanzas. El sábado, un jurado de ocho mujeres y cuatro hombres lo declaraba «culpable». Ahora aguarda con el alma en vilo la decisión de ese mismo jurado de si le condena a muerte o a cadena perpetua.

«Espero que la sentencia no sea a muerte», subraya Martínez, que ha estado muy pendiente del juicio contra Ibar. El sábado, inquieto, escribió al que fuera su abogado, Marcos García Montes, mostrándole su preocupación porque el jurado estaba tardando mucho en deliberar. «No es normal», pensaba. Apenas media hora después, su amigo le confirmaba sus peores temores. «No me puedo imaginar cómo estará, especialmente su padre», comenta refiriéndose a Cándido Ibar, un pelotari vasco emigrado a Florida en los años 60 que ha apoyado sin descanso a su hijo a lo largo de todos estos años.

«Si mi madre no paraba de llorar...», dice conmovido por la familia de Ibar. En la suya el proceso ha removido sus vivencias del día en que el jurado sí creyó en su inocencia. «Son muchos recuerdos, todos positivos, y ahora ver esto nos deja destrozados», dice. A Martínez le gustaría hablar con los miembros del jurado. «Les diría que me dan vergüenza», asegura refiriéndose a «esos pocos que no lo tenían claro y que querían declarar a Ibar no culpable». Y se lamenta: «Cómo se dejaron influenciar...».

Los abogados de Ibar «tienen que hacer lo imposible para evitar la pena de muerte», continúa el primer español que logró salir del corredor. En este punto es optimista. «Si los miembros del jurado tardaron tanto por no tenerlo claro, ahora más de uno se sentirá mal por haberle declarado culpable», piensa. El 25 de febrero comenzarán las vistas para decidir la sentencia y los letrados del español «tendrán que probar que existen más atenuantes que agravantes, más motivos para que él siga con vida que para ejecutarle, y espero que lo consigan», explica.

Aunque es consciente de que el futuro que se le presenta a Ibar «ahora es más complicado que nunca», confía en que Ibar no pierda la esperanza y que se mantenga «lo más fuerte posible». «Aquí, en España, seguiremos luchando para que vuelva a casa», asegura Martínez, que colabora con la organización mundial «Juntos contra la Pena de Muerte» (EPCM, por sus siglas en francés). Y reza: «Espero que Dios ilumine el corazón de los miembros del jurado».

Del corredor de la muerte a las fallas de Valencia

Joaquín José Martínez reside desde 2003 en Valencia con su mujer, Jessica Llorens, y cinco de sus siete hijos. En Estados Unidos se quedaron las dos mayores que tuvo en su anterior matrimonio y que ya lo han convertido en abuelo a sus 47 años por partida doble. Cada año vuelve a Miami a verlas, pero «ni por asomo» regresaría. En España trabaja como informático y hasta se ha convertido, como el resto de su familia, en miembro de la falla valenciana L’Amistat.

Martínez no olvida aquella llegada al aeropuerto de Barajas de Madrid, por fin libre. Atrás dejaba una alocada juventud y cinco años entre rejas, tres de ellos en el corredor de la muerte. Comenzaba la tercera de sus vidas, tremendamente agradecido a todas las personas que le apoyaron, en especial a sus padres y a su abogado Marcos García Montes. Venía repleto de energía, pero admite que no le resultó fácil. «Me costó mucho volver a adaptarme a estar rodeado de personas -confiesa- y dormir, porque seguía teniendo la cabeza allí dentro».

Aún hay momentos en los que su mente regresa a su celda. El sonido de una sirena o el ruido de unas cadenas todavía le alteran. «En casa solo tengo halógenos. El parpadeo de las bombillas me recuerda a la silla eléctrica», dice Martínez, que fue condenado a ser ejecutado en ella, acusado de la muerte del supuesto traficante de drogas Douglas Ray Lawson y de su novia Sherry McCoy Ward. Debido a las irregularidades del proceso, el Tribunal Supremo de Florida ordenó un nuevo juicio en el año 2000 y el jurado, de forma unánime, concluyó que no había pruebas contra él y quedó en libertad.

El juicio a Ibar le ha hecho revivir aquella traumática experiencia. «El corredor no se olvida nunca. Pase el tiempo que pase o viaje donde viaje, siempre llevo conmigo esos malos recuerdos», dice.