Beatriz Jiménez (de frente), graduando la vista a un joven tanzano
Beatriz Jiménez (de frente), graduando la vista a un joven tanzano - Bravo

Ruta de la Luz: con gafas de Toledo a Tanzania

Beatriz Jiménez, una joven optometrista de Toledo, participó en un proyecto para ayudar a niños tanzanos con albinismo

ToledoActualizado:

Cuando a Andwele (nombre ficticio) le colocaron unas gafas graduadas se le hizo la luz. Este adolescente tanzano estaba catalogado y era tratado como ciego. Sin embargo, gracias a la labor de la Fundación Ruta de la Luz, «a partir de ahora su vida cambiará, podrá leer y aprender para llegar a ser lo que quiera en un futuro». Así lo asegura Beatriz Jiménez, una óptico-optometrista madrileña de 33 años, que ejerce su profesión en el barrio toledano de Santa Bárbara y que en noviembre viajó a Tanzania con esta organización, que proporciona gafas a los más necesitados.

Aunque ésta no es la primera vez que Beatriz colabora con los proyectos de la Fundación Ruta de la Luz del grupo óptico Cione, pues ya viajó anteriormente a Mozambique y a Senegal en 2016, el viaje a Tanzania ha sido «especial» para ella. Allí acudió a la ciudad de Kabanga para graduar la vista a un grupo de niños con albinismo que vive en un centro protectorado, ya que en ese país y otros del continente africano «las personas que sufren este trastorno genético son perseguidos desde tiempos ancestrales debido a creencias de brujería», explica esta joven optometrista.

La Fundación Ruta de la Luz destaca que Tanzania es el país con la mayor concentración de personas con albinismo debido, según algunas hipótesis, a la bigamia. Por lo tanto, es uno de los países con un mayor número de ataques hacia este colectivo. Esta vulneración de los Derechos Humanos experimentó un recrudecimiento en 2008, cuando el incremento de los asesinatos y ataques a personas con albinismo se convirtió en un triste protagonista de la actualidad.

Sólo en 2015, y teniendo en cuenta únicamente los casos documentados, se registraron 76 denuncias por muerte de niños y adultos albinos, informan desde la fundación. Otras 69 personas fueron víctimas de algún ataque y se recibieron 19 denuncias por violación a este mismo colectivo. Debido a estos acontecimientos, el Gobierno tanzano decidió actuar creando centros protectorados para fomentar la defensa de los niños con albinismo, intentando cubrir sus necesidades básicas.

Es aquí donde entra en juego la Fundación Ruta de la Luz, que fijó en 2016 su mirada en el centro protectorado de la ciudad tanzana de Kabanga, donde conviven 107 niños con albinismo junto con otros 170 menores con discapacidades físicas, psíquicas y con deficiencias visuales y auditivas.

Uno de los ópticos graduando a un niño en silla de ruedas
Uno de los ópticos graduando a un niño en silla de ruedas - Bravo

Así, en noviembre de 2017 un grupo de ópticos de la organización, entre los que se encontraba la optometrista de Toledo, se desplazó al lugar para solucionar los problemas de visión de los residentes del centro de Kabanga, con especial atención en los niños albinos debido a las patologías visuales asociadas al albinismo. «Este centro sorprende nada más entrar cuando empiezas a ver las caras de esos maravillosos niños que te miran con los ojos casi cerrados, que llevan gorras de mil colores y cuya piel resulta de un blanco sorprendente», manifiesta Beatriz.

Patologías asociadas al albinismo

Los principales problemas que allí se encontraron los ópticos son los asociados al albinismo por su condición genética y el anormal desarrollo de partes del ojo, como la fóbea o la retina. «Sufren de fotofobia intensa y crónica porque el iris no está completamente pigmentado, de agudeza visual muy baja o baja visión, de estrabismo y nistagmus», explica Beatriz, quien añade a esas patologías defectos refractivos, como hipermetropía, miopía o astigmatismo, «que se encuentran habitualmente en cualquier población».

El equipo también se encontró con otros problemas habituales colaterales de infección por entropión (pestañas que crecen hacia dentro y que con el movimiento causan irritación). Igualmente, y como suele ocurrir en zonas de poca higiene, debido al polvo también advirtieron casos severos de conjuntivitis. Por eso llevaron a cabo formaciones en cuanto al cuidado y lavado ocular para prevenir así los casos de conjuntivitis y tracoma.

«Aunque la máxima visión que obtienen estos niños albinos es del 20-30%, gracias a una mínima atención óptica pueden seguir estudiando. Darles unas gafas o una lupa les posibilita la lectura y llevar una vida relativamente normal; de ahí lo gratificante de este proyecto», señala Beatriz. En diez días de intenso trabajo, esta joven optometrista y el equipo del que formaba parte revisaron a todos los niños del centro, a sus cuidadores, profesores y menores de los colegios aledaños, realizando un total de 443 exámenes visuales.

Como hace en cada uno de sus proyectos, la Fundación Ruta de la Luz se encargará de que cada niño tenga su gafa graduada y adaptada a sus necesidades de manera gratuita. Es por ello que Beatriz Jiménez pide colaboración porque, con un pequeño donativo o una cuota de 10 euros, «podemos hacer que la vida de miles de personas sea mejor». Como dijo Eduardo Galeano: «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo».