Antonio Rubio
Antonio Rubio

«Ser maestro, abrir puertas a los niños, es un oficio apasionante»

Antonio Rubio Herrero, ya jubilado, jugará con la poesía el 1 de septiembre en la sección infantil del Festival Voix Vives

ToledoActualizado:

Antonio Rubio Herrero (El Puente del Arzobispo, Toledo, 1953) acaba de jubilarse como maestro de escuela, después de 37 años de profesión en pueblos de Madrid, en los que siempre compaginó la escuela y la literatura al 50 por ciento. Aunque es un pensionista, Antonio no ha dejado aparcada su labor pedagógica. Residente en Plasencia (Cáceres), colabora con centros de formación del profesorado, bibliotecas y escuelas para divulgar la poesía en las aulas. Gloria Fuertes es su referente, su musa, en muchos de sus trabajos líricos.

Antonio estará este sábado, 1 de septiembre (19:00), en la caseta de libreros instalada en la plaza del Ayuntamiento de Toledo gracias a la sección infantil (Le Petit) del Festival Voix Vives. Le acompañará a la guitarra otro fenómeno, Javier Caboblanco, mientras el maestro de escuela recite, juegue y cante, en definitiva, disfrute con la poesía y con los niños.

¿Por qué le encanta la poesía?

Siento interés por el lenguaje desde niño. Las palabras están cargadas de sonoridad. Son un misterio, pura música. Cuando jugaba y veía jugar a los niños y niñas en la plaza de mi pueblo, me sentía partícipe de una representación teatral. Manejábamos la poesía y el canto con naturalidad y lo hacíamos coincidir con nuestros movimientos, de modo que cuerpo y poesía se confundían. Desde aquellos felices tiempos de la infancia, la poesía se me hizo cotidiana, natural e imprescindible.

¿Por qué le dio por la educación?

En principio fui a estudiar magisterio a la Normal de Toledo, en una pensión, porque nuestra situación económica familiar no era boyante. Pero lo hice con gusto desde el principio, interesado por esos estudios. Sospecho que dedicarse a abrir puertas a los niños es un oficio apasionante. Tal vez de modo algo fortuito, acerté. Nunca en cuarenta años me lo he cuestionado.

¿Es usted un poeta al que le gusta la educación o un maestro al que le gusta la poesía?

Creo que los dos gustos son conjugables, compatibles y recíprocos. Me siento muy próximo al mundo de la infancia, porque la infancia es el primer acercamiento a las cosas, a lo que nos rodea. Y sólo los niños, o sólo desde una mirada como la suya, es posible comprender el entorno. Los niños casi atisban el milagro de la vida. En mi caso, nunca dejé de mirar el mundo de ese modo: con la mirada profunda y primigenia del niño, que siempre es indagadora y poética.

¿Cómo convence a un niño para que deje aparcado el teléfono móvil y lea poesía?

No hay que entrar en esas batallas. La poesía no existe contra nada ni contra nadie. Existe por sí misma. Es una manera de estar y de vivir en el mundo, y no entra en guerras ni competencias con aparatos eléctricos. Ella espera, y tú te acercas o no, como gustes. Es un modo de contemplar y de existir…

Creo que el niño puede compatibilizar a Leo Lionni, Arnold Lobel, Eric Carle… con el teléfono móvil. Los tiempos y momentos pueden repartirse. Pero, eso sí, las primeras lecturas han de ser selectas y estar cargadas de afecto y suceder de la mano de la madre y la maestra. Además, el niño debe ver a sus padres y maestras leer, porque se aprende por imitación.

¿En qué etapa de su existencia se encuentra la poesía en España?

A nivel general, supongo que está en un periodo de múltiples voces y tendencias. Ahora conviven aquellos poetas de la llamada experiencia, con tendencias culturalistas, voces desarraigadas, discursos torrenciales, intimismos, clasicismo… Creo que se da una amalgama de propuestas, estilos y fórmulas. La gran novedad me parece que puede ser la mayor presencia y aportación de poetas sudamericanos, también el incremento de traducciones y, por supuesto, el enriquecedor multiculturalismo. Tal vez estemos en un momento de gran cosmopolitismo.

En lo que a la poesía “infantil” se refiere, creo que coexisten, al menos, dos concepciones: el siempre vigente neopopularismo, hijo directo del 27, fijado a los metros populares y la rima; y la poesía que hacen sobre todo en América, más deudora de Teiller, Neruda, Huidobro… y que opta por el verso libre y otro tipo de cadencias.