El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska - JAIME GARCIA

Marlaska llama al huérfano de un asesinado por ETA tras leer su carta en ABC

El ministro del Interior se puso en contacto con el hijo de Antonio Cedillo Toscano, un policía al que el grupo terrorista mató en 1982, tras leer la misiva que publicó en este diario

MADRIDActualizado:

El 14 de septiembre de 1982, cinco miembros de ETA, integrantes del comando Donosti, tendieron una emboscada a dos coches patrulla de la Policía Nacional en la ciudad guipuzcoana de Rentería. Las balas de los terroristas, que disparaban desde un terraplén cuando los automóviles pasaban por una curva cerrada, atravesaron los cuerpos de dos de los agentes –Jesús Ordóñez Pérez y Juan Seronero Sacristán– y los mataron en el acto. También hirieron a los otros tres: Antonio Cedillo Toscano, Alfonso López Fernández (que falleció cuando lo llevaban de camino al hospital) y Juan José Torrente Terón (único superviviente).

Cedillo logró salir del coche, disparar contra los etarras (que se daban a la fuga) y caminar unos 500 metros por la carretera, donde cayó, exhausto. Un conductor lo encontró y lo metió en su furgoneta para llevarlo a un centro médico. Sin embargo, los terroristas interceptaron el vehículo y acabaron con el agente malherido descerrajándole un tiro en la nuca. Cedillo era de Sevilla; tenía 29 años, una mujer y un hijo: José Miguel Cedillo, quien este miércoles publica una carta en ABC en la que agradece al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que lo llamase después de leer otra carta, que también publicó en este diario, en la que pedía que no fallase «a los huérfanos de ETA que necesitan del Estado».

Años de desaires

En esta nueva misiva expone la «precaria situación» a la que se enfrentan «los huérfanos con secuelas acreditadas»: «La vida se nos hizo una cuesta arriba insuperable cuando siendo niños asesinaron a nuestros padres y, 40 años después, se nos sigue negando el reconocimiento de pleno derecho, dejando sin sentido las palabras dignidad, justicia y reparación. Nosotros nos las creímos». Cedillo denuncia que, durante años, él y el resto de víctimas de ETA han tenido que soportar el ninguneo y la indiferencia de unos políticos en los que confiaban: «En mi casa nos creímos a quienes antes que usted [Grande-Marlaska] iban de homenaje en homenaje, de tuit en tuit, de foto en foto repitiendo dignidad, justicia y reparación. Siempre creímos que en algún momento nos llegaría. Entendimos que el país tenía otras urgencias. Y mientras tanto, dignidad, justicia y reparación se repetían en los telediarios, en los tuits de condolencias, en los homenajes, descubrimientos de placa, fotos, muchas fotos».

Un halo de esperanza

Ante la decepción, Cedillo cuenta que tanto él como su familia intentaron revertir la situación, sin éxito: «En los últimos cinco años hemos querido cambiar el orden de las cosas y ser nosotros –mi madre, que enviudó con 25 años y ahora tiene 61, y yo, huérfano desde los 3 (ahora con 39)– los que repitieran "dignidad, justicia y reparación" hasta convencer a quienes antes que usted ocuparon ese cargo de que hay una deuda de paz pendiente con las víctimas de segunda generación. (...) Entonces las formas fueron radicalmente otras. Desaires, ninguneo, mentiras y el vacío. Y el doble discurso de tuits, homenajes, placas y fotos, muchas fotos para calmar conciencias». Es por ello, porque ha vivido «la inexplicable experiencia de que un político» le «desprecie» en lugar de servirle, por lo que da «más valor» a la llamada de Grande-Marlaska, «quién sabe si su primera llamada desde el Ministerio».

Consciente de que «hay mucho trabajo que hacer», se muestra esperanzado. «De su boca sé que está por la solución de que los huérfanos de ETA tengamos el reconocimiento de pleno derecho y las coberturas que nos hagan cada paso de la vida menos difícil», asegura para, acto seguido, advetir: «Insisto en que no se lo pondrán fácil aquellos que solo entienden una realidad plana en términos de quién gana o pierde votos con según qué cosas». Y se despide diciendo: «De momento, ministro, le agradezco su llamada, que tomo como síntoma de que está más cerca el momento en que dignidad, justicia y reparación vuelvan a ser palabras de nuevo llenas de sentido y sensibilidad».