Zinedine Zidane
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Zinedine Zidane

Zidane, el triunfo de la sencillez imbatible

La mayor hegemonía del fútbol moderno solo se explica por Zidane, que ahora anuncia su marcha del Real Madrid

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La historia reciente del Madrid y del fútbol europeo se explica con dos momentos: el gol de Ramos en el 93 y cuando Florentino decidió sustituir a Benítez por Zidane, que a su vez ahora decide marcharse dos años y medio después. Lo que parecía la caída definitiva en un bucle corporativo o el recurso a un escudo humano en pleno desastre, se convirtió en la Edad de Plata de club.

El Madrid ha establecido la mayor hegemonía futbolística desde los años 70 y hay dificultades para explicarlo. Ya no sirve decir que es el dinero o la ventaja de tener a Cristiano (mucho menos muscular, más intuitivo). Tampoco hay un estilo revolucionario con el que intelectualizarlo, ni un diseño inteligente al que culpar. Este Madrid es algo complejo, pero su explicación debe empezar por Zidane.

Al llegar dio sonrisas a la prensa, el tono adecuado a la entidad, y al futbolista confianza y simplicidad.

Nada de filosofías, nada de discursos motivacionales dignos de Obama, nada de genialidades tácticas. No inventa nada, pero su sencillez es revolucionaria. Tiene más palmarés que Cruyff y la décima parte de su ego.

Como si fuera una top model, durante mucho tiempo no supimos si Zidane era obtuso o sublime, hasta que descubrimos que lo que parecían defectos eran virtudes. Ahora lo sabemos sin que haya desaparecido del todo ese misterio alrededor.

Zidane es imperturbable. No se inmuta y ha sabido relativizar con algo parecido a la sabiduría los vaivenes de las largas temporadas madridistas.

Tiene también un temple que confundíamos con lentitud. No es casualidad que su Madrid haya ganado tantos partidos en los últimos minutos. Mantiene el pulso, estira sus decisiones y tentando a la suerte, la suerte le responde. A Zidane no se le puede explicar solo por la flor pero tampoco sin ella. Como dijo un entrenador inglés: «No creo en la suerte, pero creo que es necesaria». Zidane es el Helenio Herrera de lo que no se ve, el Sacchi del azar: le achica el espacio a lo imposible.

La temporada pasada conoció las primeras críticas y aguantó. Sostuvo a Benzema y el delantero le respondió en semifinales con aquella jugada en el Calderón.

En este tercer año su mérito principal fue aguantar aun más. Confió en Navas y en Benzema en contradirección. No quiso a Kepa por no alterar un átomo el equilibrio del vestuario. No buscó excusas, ni se separó un centímetro de sus jugadores cuando las cosas llegaron a ir muy mal. Otra vez se puso de escudo, pero ¿quién dispararía contra Zidane? Confió en el vestuario hasta extremos cercanos a la negligencia en la Copa del Rey, y el vestuario se lo devolvió.

Conocíamos su terquedad, y este año asomó un punto de vanidad: entre sonrisas dejó un recado sobre su valoración como entrenador. A veces parece que su táctica consista solo en salir con once y un poco de prudencia, pero hay evolución: en la 11ª apuntaló en 4-3-3 con Casemiro; en la 12ª hizo variaciones con Isco sobre el 4-4-2. Ese Madrid llegó a jugar muy bien. Y en esta 13ª la entrada de Lucas y Asensio cambió cada eliminatoria. Una síntesis entre el Lucas-Morata de las remontadas y aquel fugaz Madrid B nacional de Isco. Zidane ha restituido el centrocampismo a un equipo que llevaba décadas jibarizado. Además, sin ruido y a su ritmo, ha devuelto el principio de mérito al Madrid, apareciendo a la vez ante los medios como el gran defensor de una BBC que acaba en lo alto.

Zidane dio al caos del Madrid un marco de serenidad cósmica y depuró el florentinismo con su humildad bereber. Ganar tres Champions en tres años es un mérito menor que durar tanto en su banquillo.

No se recordará el juego de este equipo, aunque a veces fuera muy bueno. Se recordará que ganaba. Que no podía hacer otra cosa que ganar porque su entrenador era también un talismán, dueño de un carisma único y una mezcla desconocida de timidez y seguridad. Un entrenador que además de renovar el palmarés renovó el señorío del Madrid.