Álvaro Cervera habla con Enrique Ortiz antes de una rueda de prensa.
Álvaro Cervera habla con Enrique Ortiz antes de una rueda de prensa.

Cádiz CF

La guerra sigue y Cervera dispara

El técnico del Cádiz CF sigue contestando a Vizcaíno con varios reproches y en mitad de la negociación por su renovación

Por  14:15 h.

Cualquiera que esté medianamente informado sabrá que la negociación por la renovación de un entrenador (que es de locos que se ponga en duda debido a los excelentes resultados que ha conseguido y está consiguiendo) esté en duda. Tan en duda está que desde la presidencia y la dirección deportiva se han lanzado algunos mensajes que como es normal no han gustado nada de nada a Álvaro Cervera, como tampoco lo ha hecho en la afición, que por cierto está a muerte con ‘el gafa’.

Por eso mismo, resulta sorprendente el cruce de tiritos que se están mandando de un lado a otro de la mesa. Sabido era que la relación entre directiva y entrenador es cuanto menos mejorable. Tan mejorable que ninguno de los dos (Vizcaíno y Cervera) tiene reparos en decir que como mucho es cordial. Eso por no hablar de la nula relación que el entrenador, peculiar como él solo, mantiene con el director deportivo Óscar Arias, un cero a la izquierda en esta negociación por la prolongación de contrato de un entrenador que este pasado domingo aprovechaba la entrevista post-partido de Gol para mandar un aviso a navegante.

La verdad sea dicha en esta historia. Más allá de que esté bien o mal airear los trapos sucios de unas conversaciones, quienes más claritos están siendo a la hora de exponer sus ideas son Vizcaíno y Arias. De hecho, fue con unas palabras de este último en el Ateneo donde se empezó a llenar de basura la mesa donde más adelante se debería (y se debe) comenzar a hablar para llegar a un acuerdo al que ambos bandos están obligados a llegar. Y ahí, por mucho que quiera y se oponga Vizcaíno, el que manda es el señor de las gafas, todo un ídolo de masas, esas a las que Vizcaíno se debe y se vende con tal de contar con ella.

Retrocediendo en el tiempo, Arias ya comenzó a emplear un lenguaje más o menos fríos con un entrenador que tenía y tiene al Cádiz CF como líder absoluto de la clasificación y con una proyección a Primera envidiable. El director deportivo, en una charla más o menos formal con aficionados citados en el Ateneo gaditano por el que fuera secretario técnico de los 80 Manolo Lapi,  soltó que la renovación de Cervera se dilataría en el tiempo y sugirió que tampoco sería un desastre que el técnico comenzara a negociar con otros clubes llegado el mes de enero dado que cumple contrato este próximo mes de junio.

A modo de ‘globo sonda’, rápidamente, Vizcaíno pudo medir la balanza de la opinión pública, que apenas se supo de dichas declaraciones de su subordinado explotó contra él. Al día siguiente quiso el calendario que Cervera se enfrentara a una rueda de prensa previo al encuentro de la jornada de marras. Y el técnico se anotó un punto servido en bandeja por sus oponentes en esta guerra. De entrada, Cervera salió a escena con una camiseta de la afición bajo la leyenda de ‘La lucha no se negocia’. Del tirón, el cadismo en su bolsillo. Y para terminar, se puso a merced del club, al que reiteró en varias ocasiones que es y será el primero al que escuche porque su deseo no es otro que seguir entrenando al equipo que le ha vuelto a dar la vida en el plano profesional sin olvidar el personal.

El primer asalto, como todos los que se avecinan, cayó del lado de Cervera, que está dando muestras de gestionar maravillosamente bien esta cuestión. También es cierto que es mucho más fácil teniendo a su favor el clima, la gente y los resultados que avalan una trayectoria en un banquillo al que llegó de la mano de Juan Carlos Cordero y Quique Pina, últimos directivos que prolongaron su contrato cuando las cosas no iban muy bien para los intereses del equipo hace ya dos campañas.

El siguiente asalto también fue a parar al rincón de Cervera. Y esta vez, el que se medía a él era el presidente, que se desmarcaba con unas declaraciones que de nuevo dividieron a la parroquia. En este caso, no sin razón, el sevillano habló sin tapujos de que resultaría un fracaso no conseguir el ascenso al sacar siete puntos de ventaja al tercer clasificado en el umbral de la segunda vuelta. Tracatrá.

Y otra vez, tan solo un día después, a Cervera le volvió a tocar hablar a la prensa debido a la previa del encuentro ante el Elche de este pasado domingo. Y otra vez, el entrenador, con un discurso de perfil bajo volvió a meterse al personal en su bolsillo con un mensaje nada distinto al que suelta desde su llegada al banquillo de Carranza. “Hablar de fracaso me ha dejado…”, divagó con rostro serio y algo decepcionado. Y siguió.”Espero que estará contento, supongo, con algo de lo que estamos haciendo”, apostilló en clara referencia al máximo dirigente del Cádiz CF.

La última pulla de Cervera

Así estaban las cosas de calentitas hasta el encuentro de este pasado domingo ante el Elche cuando Cervera volvió a enfrentarse a un micrófono. Preguntado por el periodista de Gol Isaac Fouto, que hurgó en la herida con profesionalidad cuando el entrenador disparó al entorno sin especificarlo, el técnico mandó un más que claro mensaje a navegante, y no a uno cualquiera, sino claramente al que maneja la nave desde los despachos.

El periodista le preguntaba por si se sentía respaldado en general gracias a los magníficos resultados de su equipo pese a este último parón tras sumar solo un punto de los seis últimos posibles. Y a esto, Cervera no ocultó su malestar con cierto entorno dentro del club. “A los aficionados no(le reprocha nada) porque ellos apoyan al equipo y saben lo que estamos haciendo, pero hay cierto run-run alrededor que nos valora por la ventaja que llevamos al segundo más que por lo que hacemos”. A buen entendedor…

Y es que, y aquí el debate que hay que mantener desde una postura más o menos objetiva, es donde se encuentra la madre del cordero y habría que hacer lo suficientemente justo para comprender a las dos partes. La idea de Vizcaíno es renovar al entrenador, pero al igual que el año pasado se dudó bastante de su continuidad (por ambas partes también), este año tanto Arias como el presidente quisieran esperar un poco para ver hasta qué punto ha madurado un equipo que en los pasados años se comenzó a caer pasadas las Navidades.

Ya en su análisis de la temporada pasada, el director deportivo ahondó con palabras más o menos claras sobre este problema que lastró a un equipo que contaba con el mejor jugador de la Liga, entonces Darwin Machís. Arias vino a decir lo que todo el mundo vio y no fue otra cosa que a Cervera le faltó otro patrón de juego para resolver problemas que se presentaron partido tras partido sin presentar soluciones.

Hasta ahí, la postura de un club que quiere madurar una decisión más que importante para el club y no es otra que la filosfía de juego, así como de respuesta, que tendrá su entrenador de cara a adelante antes de prolongar su contrato. Y ahora es cuando también se puede entender a Cervera, que este año viene dando razones más que de sobra para poder confirmar que ese paso que se le pidió desde la dirección deportiva lo está dando con un éxito mayúsculo si se ve las alternativas y el paso adelante que ha dado en sus modificaciones y planteamientos. Y todo, sin salir de su idea de solidaridad y compromiso dentro del campo.

Hoy por hoy, la guerra sigue. En ambos bandos dos personalidades muy complicadas de encajar. Una, la del presidente, populista como él solo aunque con sus razones más o menos lógicas para renovar a un entrenador difícil en el día a día del club pero garantía de seguridad en el banquillo. La otra, la de Cervera, un técnico que sacó al equipo del pozo y lo tiene un año más peleando por el ascenso al olimpo de los dioses. Y en medio, una afición que, como todas, solo sabe de resultados más allá de análisis más o menos fríos. Las bombas, sin duda, seguirán cayendo. Todo sea que la intensidad de las mismas no se cargue la mesa de una negociación que con toda seguridad llegará a buen puerto a pesar de los pesares.