Álvaro Cervera charla antes de un entrenamiento de pretemporada con todos sus jugadores.
Álvaro Cervera charla antes de un entrenamiento de pretemporada con todos sus jugadores.

Cádiz CF

La guardia pretoriana de Cervera ya está formada

Cifuentes, Servando, José Mari y Álex Fernández están llamados a tirar del carro en una temporada que será más difícil

Por  18:40 h.

Cada año, cada temporada, cada ejercicio liguero, Álvaro Cervera siempre ha procurado tener una guardia pretoriana de escuderos en la que confiaba ciegamente para que una vez el equipo saliese de sus dominios, nunca se fuera de ellos en cuanto entrase en el campo.

El año del ascenso fundamentó su éxito en un cuadro de veteranos que tiró del carro del ‘cerverismo’ cuando nadie confiaba en el técnico. Entonces fueron los Servando –siempre Servando–, Migue González, Mantecón y David Sánchez los que trabajaron en la sombra para que todo el equipo creyese en el entrenador nuevo de las gafas y en hacer ver que lo que decía en el vestuario luego se cumplía felizmente en el campo. Las cosas fueron pasando tal y como diseñaba Cervera y esa inicial guardia pretoriana acabó convirtiéndose en una legión de creyentes con el ascenso del equipo en Alicante.

Tras subir al Cádiz CF a Segunda División ocurrió un imprevisto muy serio a nivel de vestuario. Cervera dejaba claro que no se casaba con nadie y comunicaba a la dirección deportiva –con la Liga ya empezada– que David Sánchez, su hombre clave en el centro del campo para ascender a Segunda, le había dejado ya de servir. Terremoto en el equipo con serios vaivenes en una guardia pretoriana que se había quedado descolocada. Sin embargo, Mantecón, Servando y en menor medida Migue González, que apenas contó en el once, siguieron siendo fieles al dogma del entrenador que acababa de dejar salir a un firme escudero como  David Sánchez.

Segundo año

El comienzo de aquella Liga no fue fácil. Y en parte, quien sabe, bien pudo haber sido porque la maltrecha guardia pretoriana estaba aún cocinándose. Cifuentes, en su segundo año ya en la entidad, fue tomando galones y pasó a formar parte del grupo fiel a un entrenador que no sabía que en cuanto lo pusiera a jugar, una vez recuperado de sus molestias, tendría a su disposición al que en muy poco tiempo se convirtió en el jefe de la banda, el roteño José Mari. El centrocampista y el portero se unían así a Servando y Mantecón, que estuvo al pie del cañón hasta que el mercado invernal lo alejó del Cádiz CF.

Este año la cosa ha venido más rodada, si bien los problemas han sido algunos más que en la primera temporada en la Segunda División, donde todo fue de color de rosas con la consecución final del pase a los ‘play off’.

El caso es que la temporada que acaba de finalizar ha seguido teniendo a Servando, con mayor protagonismo si cabe en el terreno de juego, como primer lugarteniente de un Cervera que ha seguido teniendo a su servicio a José Mari y Cifuentes. La marcha irregular del equipo, unida a la lesión del roteño, ha hecho que esta guardia pretoriana no se haya escuchado con la fuerza con la que sonaba en la campaña anterior.

Sin llegar a crisis de vestuario, no es menos cierto que esta temporada sí que han ocurrido hechos que no han gustado nada al entrenador y que los veteranos de su batallón han tenido que sofocar como han podido. De entre ellos, hubo un capítuli que generó más de un malentendido y en el que incluso Cifuentes tuvo que dar la cara por su compañero. Fue el caso de Barral en Asturias y todo lo que trajo consigo el castigo impuesto al delantero isleño.

Poco a poco, la nave se fue enderezando gracias a la mano izquierda de Servando y Cifuentes, que aunque no han podido frenar el discurso simplista de su entrenador, ese que repetía constantemente para decir que su equipo solo puede jugar a destruir, sí que han sabido llevar al equipo hasta el final medianamente unido a pesar de tantas y tantas rotaciones en un equipo titular donde solo se sentían cómodos los cuatro inamovibles (Salvi, Álvaro García, Garrido y últimamente Álex).

Precisamente, ha sido la irrupción sensata, madura y paulatina de Álex Fernández la última adquisición importante de la guardia pretoriana que tendrá que lidiar en la temporada venidera con mucha mayor exigencia de lo que se ha venido pidiendo en las dos etapas anteriores. Además, se vaticinan muchas nuevas caras en un vestuario que seguirá teniendo al frente la mano de hierro de un entrenador que ya ha demostrado en infinidad de ocasiones que no le tiembla el pulso con nadie.

Por tanto, Servando, Cifuentes, José Mari y Álex Fernández –a la espera de algún fichaje con personalidad o un paso adelante de Garrido– tienen por delante el reto de convivir en la unidad en mitad de las directrices de un gran pero meticuloso entrenador y un vestuario repleto de gente joven y de lo más variopinta y con un telón de fondo como objetivo que ni mucho menos será la permanencia. Se pongan como se pongan.