Pedro Casablanc durante la obra «Filoctetes»
Pedro Casablanc durante la obra «Filoctetes» - EFE

«Filoctetes», un pulso entre la razón política y la integridad personal

Pedro Casablanc y Pepe Viyuela protagonizan un emocionante cara a cara en la obra de Sófocles en el Festival de Teatro Clásoco de Mérida

Mérida (Badajoz)Actualizado:

No es nada habitual sobre los escenarios el «Filoctetes» de Sófocles, última obra representada en vida del autor griego, que ganó con ella el denominado festival de las Dionisias en el año 409 a. C. Es una tragedia sin muertos ni estrépitos sangrientos, más próxima a un drama de nuestra época por su economía escénica y su concentración de personajes y acción. El montaje estrenado en la noche del pasado miércoles en el Teatro Romano de Mérida, justo en el ecuador delFestival Internacional de Teatro Clásico de la capital extremeña, incide en el conflicto entre ética y política contraponiendo las razones de Estado y la exigencia íntima de integridad personal.

La versión de Jordi Casanovas y la puesta en escena de Antonio Simón le agregan un acento antibelicista en el que participa un coro femenino en lugar del compuesto por marineros que concibió Sófocles. Estas mujeres, una suerte de zombies ensimismadas que vagan en grupo por la isla de Lemnos, bien movidas por el coreógrafo Moreno Bernardi, enarbolan su proclama feminista —«la guerra nunca tiene rostro de mujer»— y culpan de situación a los hombres, menos humanos —aseguran— cuanto más hombres se muestran.

Porque una guerra, la de Troya, es el paisaje de fondo de la obra. El guerrero griego que da título a la pieza ha permanecido diez años en la inhóspita isla, abandonado por sus compañeros tras ser mordido en una pierna por una serpiente que le provocó una herida dolorosísima y de inaguantable pestilencia. Ulises, que estaba al mando de aquel contingente aqueo rumbo a Troya, pretende que Filoctetes, y sobre todo el infalible arco que le regaló Hércules, se incorpore a la contienda, pues, según una profecía, la ciudad sitiada no caerá sin la participación combinada del arquero y el joven Neoptólemo, hijo del fallecido Aquiles. Ulises sabe que Filoctetes le odia y jamás aceptaría una propuesta suya, por lo que convence a Neoptólemo de que sea él quien se gane la confianza del Robinsón herido y con mentiras logre arrebatarle el arco. Frente al fin como justificante de cualquier medio que argumenta el taimado político, al joven de noble corazón le resulta conflictivo faltar a la verdad.

Ese es el meollo de este interesante trabajo escénico que transcurre sobre una desolada escenografía de Paco Azorín (un barco encallado en el extremo de una extensión de ceniza salpicada de neumáticos) e interpretan vigorosamente Pedro Casablanc, imponente Filoctetes; Pepe Viyuela, que dibuja con inteligencia su encorbatado Ulises sobre el molde de un político de nuestros días; Félix Gómez, un vehemente Neoptólemo, y Samuel Viyuela, que cumple con eficacia como soldado. El público, que ocupaba unas tres cuartas partes del coliseo emeritense, aplaudió calurosamente al final de la función.