Marcel Proust
Marcel Proust

Salen a la luz los relatos homosexuales de Marcel Proust

Escritos cuando solo tenía veinte años, se publicarán en Francia en octubre

Actualizado:

En la década de 1890, cuando el tiempo no estaba perdido, Marcel Proust era un veinteañero que empezaba a ensayar el dandismo en los salones parisinos, buscando el favor de los círculos artísticos y, por qué no, cazando impresiones para alimentar su literatura, que no podía vivir solo de magdalenas y/o tostadas. Por aquel entonces ya estaba pergeñando su primer retoño, «Los placeres y los días», un libro formado por breves narraciones de aliento decadentista que se publicó en 1896, y en el que el escritor decidió no incluir una serie de cuentos que exploraban la homosexualidad. Esos relatos, olvidados durante muchos años en el cajón de los recuerdos, van a ver la luz en Francia este octubre en uno de los acontecimientos editoriales de 2019: un Proust inédito que, para más inri, coincide con el centenario de su premio Goncourt. La promoción, que tanto le gustaba, se hace sola.

El título de esta vieja novedad será «Le Mystérieux Correspondant» («El corresponsal misterioso»), y se la debemos, en gran medida, a Bernard de Fallois, el proustiano por antonomasia, que desempolvó estos manuscritos en los años cincuenta y puso así la semilla para que el investigador Luc Fraisse realizara esta cuidada edición de 180 páginas que llevará el sello de Editions de Fallois. Es él, también, quien ha respondido a la gran pregunta: ¿Por qué Proust nunca los publicó en vida?

«Sin duda consideró que, debido a su osadía, podrían haber sacudido un entorno social donde prevalecía una fuerte moral tradicional», afirma tajante. De hecho, descarta la otra hipótesis que se baraja en el mundillo académico: que simplemente los descartó porque desequilibraban la composición de «Los placeres y los días»… «La conciencia de su homosexualidad se experimenta aquí de manera exclusivamente trágica, como una maldición», añade.

El libro, insiste, tiene un marcado carácter autobiográfico: bajo el velo de la ficción se intuye una suerte de «diario de escritor». Un escritor que está experimentando con la forma, y que se ha visto influido ya por Anatole France, Henri de Régnier, Paul Hervieu o Robert de Montesquiou. Un escritor que estaba buscando su voz, su lugar en el mundo. Un escritor joven, pero con ínfulas de gran maestro. Así habremos de imaginarlo para comprender estos inéditos: paseando solo y exaltado por Combray, persiguiendo una gran idea filosófica para articular el monumento literario con el que intuye que puede dejar su huella en el mundo y, claro, convertirse en la gran pluma de su tiempo. Tan claro lo tenía, por cierto, que ofrecía alegremente unos cuantos francos por una buena crítica...

Sostiene Fraisse que «Le Mystérieux Correspondant» nos ayuda a entender «En busca del tiempo perdido». Para empezar, porque el tema dominante de historias es el análisis del «amor físico injustamente negado», algo que también ocurre en «Sodoma y Gomorra», cuarto volumen de la célebre heptalogía.

En cuanto al estilo, ya apunta maneras: en medio de la fantasía que desata en estas páginas, se palpa su clasicismo en el lenguaje, algo propio de la época, por otra parte. Aunque todo está por pulir. «Es cierto que uno apenas se encuentra con su deslumbrante pirotecnia verbal, con su arte de la metáfora hilada (...) Estas páginas inéditas no tienen la perfección de “En busca del tiempo perdido”, pero precisamente por eso nos ayudan a comprenderla mejor al revelar cuál fue su comienzo», defiende Fraisse.

Por ejemplo, no encontraremos en estos relatos ni rastro de su fina ironía (a veces autoparódica): todavía no había comprendido que la intensidad emocional necesita de la risa para aligerarse y, así, escapar del horterismo, que es uno de los grandes peligros que corren aquellos que han decidido escribir los dramas de la vida.