La creadora madrileña con algunas de sus obras más recientes
La creadora madrileña con algunas de sus obras más recientes
ESCULTURA

Las fórmulas espaciales de Mar Solís

Mar Solís ficha por PuxaGallery, en Madrid, lo que nos permite reencontrarnos con una escultora valiente

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Cuando visito recién inaugurada la última individual de Mar Solís (Madrid, 1967), una pareja se halla decidiendo cuál pieza va a comprar, entre dos de su preferencia. Especulan sobre cómo quedaría cada una en tal o cual ubicación de las que tengan por posibles, para finalmente elegir la que es previsible que mejor encaje en un lugar concreto. Decisión que, además de tener en cuenta que la obra se enmarque en las condiciones de visibilidad idóneas para su contemplación, habrá estado sugerida por su «factor ornamental»: aspecto no poco importante a la hora de introducir en una vivienda algo «significativo» con lo que va a haber que convivir en adelante.

Una impertinencia

Sé que este tipo de razonamientos no suele entrar en los cálculos habituales de la teoría estética y que parecen más propios del repertorio argumental de vendedores o decoradores: algo así como equiparar una forma artística con el diseño de un estampado, de un mueble, o con los arabescos de una alfombra. O sea, una impertinencia.

Sin embargo, la condición espacial de las obras de Mar Solís creo que permiten abordarlas desde esa perspectiva que he llamado «ornamental», aunque solo sea para subrayar su cualidad fundamental «desde fuera de sí mismas», ya que su dinamismo activa la emergencia de una serie de relaciones estructurales con respecto del entorno. Así lo advertimos en la presente exposición, aun cuando el montaje resulte un tanto apretado, escaso de aire. Las piezas, además de ocupar físicamente el espacio, lo reclaman, lo modifican perceptivamente al introducir en su seno un conjunto de fuerzas y tensiones: las que ellas materializan como fórmulas o proposiciones volumétricas.

Esto no significa que por separado carezcan de entidad propia, que solo sean apreciables como partes de un todo o dependan -al ciento por cien- de las características de su ubicación; por el contrario, su entereza es, justamente, la que propicia esa sugestiva capacidad de apelación dialéctica al entorno circundante. Este hace que la dinámica de sus esculturas aflore, en igual medida que ellas alteran o vivifican la estabilidad estructural del mismo. No ocupan simplemente el espacio ni tan solo se instalan en él sin ninguna consecuencia.

Sorprende lo sutil de su factura, talladas en madera de tilo; la ligereza que se desprende de su fina y delicada construcción es una constante en el trabajo de la artista. La exposición se compone también de dos dibujos de gran formato que, por su naturaleza y no debido a las circunstancias (la poca amplitud de las salas) asimismo adquieren una dimensión espacial, en este caso, expansiva. Que vienen a poner de manifiesto lo que ya sabíamos, y es que Solís es capaz de emplear distintos medios con idéntica propiedad y contrastada solvencia.