Johnny Depp en su papel de Jack Sparrow en «Piratas del Caribe»
Johnny Depp en su papel de Jack Sparrow en «Piratas del Caribe» - ABC
Mentiras creíbles, verdades increíbles

La leyenda del pirata

La mentira creíble de la piratería y la verdad increíble, «sería absurdo pretender que todos los piratas eran heroicos o bien humorados, o que su total extinción no ha sido un bien para la Humanidad»

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«La piratería, como el asesinato, es una de las más antiguas actividades humanas». (Philip Gosse)

Mito romántico, héroes en los papeles, marinos deslumbrantes, epopeyas suicidas, la retahíla se sucede a lo largo de los siglos. ¿Qué habría sido del bueno de Espronceda, autor de la colegial «Canción del pirata», de haber sufrido uno de los ataques de los admirados piratas? Y de la tradición que colocó una mentira creíble mientras oscurecía la verdad increíble. Y cuesta, aún hoy. Asaltos, robos, violaciones, extrema violencia, torturas, ejecuciones, usurpaciones, traiciones, agentes encubiertos de gobiernos y reyes, tiránicos, dictatoriales, implacables, gentes sin escrúpulos y aficionados a la vieja y arraigada costumbre de apropiarse de lo ajeno. Piratas. Un halo de libertad y rebeldía. Un aura de fortaleza y valentía (y ésta sí la poseían) cubre la imagen de un tipo de delincuencia organizada con pingües beneficios no sólo económicos.

Philip Gosse, en su imprescindible «Historia de la piratería» (1935) ya dejó las cosas en su sitio, pero de poco sirvió para romper el halo fatal de la fama sobrevenida: «Desde luego, sería absurdo pretender que todos los piratas eran heroicos o bien humorados, o que su total extinción –eso se pensaba cuando escribía Gosse estas páginas– no ha sido un bien para la Humanidad. Sus virtudes son más fáciles de apreciar cuando están muertos que cuando están vivos, y la mayoría de ellos, salvo los más grandes, eran pillos de la peor calaña, que preferían atacar a las mujeres antes que a los hombres y engañar antes que pelear (...) La historia de los piratas podrá ser la historia de los hombres malos...» Para Gosse, la piratería deviene «una fascinación muy peculiar, aparte del dominio mágico que el crimen ejerce sobre la imaginación». He ahí una de las claves del éxito de la piratería: la distancia en el tiempo en cuanto a la contemplación de los hechos y que quienes los admiran nunca sufrieron una de esas supuestas hazañas. Lo demás viene solo.

De los primitivos vikingos a Barbarroja; de los corsarios isabelinos a los piratas jacobinos; de los temidos moradores del caribe a los bucaneros y la piratería en los recién creados Estados Unidos; de Malabar al archipiélago malayo y el mar de China. Cada uno entendía la propiedad privada de manera harto curiosa, y las vidas de los demás un molesto estorbo fácil de solucionar. Tan libres que esto de la Justicia les sonaba lejos, erráticos y salvajes por las mares océanas, sin familia, sin Dios, ni Patria, o con un Dios muy particular: los tesoros y una Patria muy elástica (quien más pagara), todo un programa de vida, sin duda. Las técnicas de navegación (adelanto científico proporcionado a Occidente por España y Portugal, en los comienzos del siglo XVI) se perfeccionaron y las militares (el temido abordaje), también. Lo cuenta con rigor y exhaustiva documentación Gerardo González de Vega en «Mar Brava. Historias de corsarios, piratas y negreros españoles» (1999): «Aunque los filaretes o los altos bordos de unas (galeras)... podían defender a los tripulantes contra tritones o serpientes marinas, no resultaban tan útiles frente a los abordajes de otras tripulaciones más decididas. Pues con el tráfico de mercancías y la proliferación de navíos los piratas y corsarios también encontraron el aliciente que necesitaban para volver a operar».

El capitán Henry Avery (en la Edad Dorada de la piratería, siglos XVI-XVIII), William Kidd, Edward Teach, Barbanegra, Mary Read y Anne Bonny, Lafitte, L’Olonnais, Morgan, Bertrand d’Ogeron... Barcos y banderas, las botellas de ron, las intervenciones a vida y muerte por el cirujano en alta mar, los refugios y la obsesión por los loros, que cuenta Stuart Robertson en «La vida de los piratas» (2010). Ese enorme aforista que fue Jorge Wagensberg escribió: «la verdad es para encarar el futuro» y «la mentira es para soportar el pasado». Perfecto. La mentira creíble de la piratería y la verdad increíble, su sombra de muerte y desolación. Y a barajar.