Nina Simone, fotografiada en julio de 1988 en la habitación de un hotel en la localidad francesa de Juan-les-Pins
Nina Simone, fotografiada en julio de 1988 en la habitación de un hotel en la localidad francesa de Juan-les-Pins - AFP

La última resurrección de Nina Simone

Un aluvión de películas y un tributo musical devuelven al primer plano a la cantante y pianista, cuyo activismo recupera actualidad con las tensiones raciales en EE.UU.

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La dueña de Saints, un café que ha abierto este año en el East Village, recuerda que una vez, a comienzos de los 80, tocó el piano para Nina Simone (1933-2003) en un club de jazz de Montreal. «Entonces era habitual que los artistas de gira tocaran de vez en cuando con músicos locales», dice Trudy Silver, que tiene un piano listo para los conciertos con los que algunas noches se cierra el local. «Tenía un carácter difícil», recuerda con una sonrisa nostálgica. La conversación surge porque en los altavoces del café acaba de sonar «Ain't Got No, I Got Life», uno de los clásicos de Simone, una voz fundamental en la música popular estadounidense de la segunda mitad del siglo XX y que ahora parece estar por todos lados.

La cantante y pianista está de moda, una vez más. En vida, su carrera fluctuó entre el éxito, el escándalo y el olvido, y en los últimos años su figura no ha dejado de crecer: se han publicado dos biografías y una colección de poemas, se le han dedicado obras de teatro y se ha sampleado su voz en éxitos de Jay-Z o Kanye West.

Este verano se amontonan los lanzamientos: se acaba de estrenar un documental sobre su vida y hay otras dos películas en la cola; otro documental, previsto para este otoño, y un polémico «biopic», todavía sin fecha de estreno. Además, hoy sale a la venta «Nina Revisited: A Tribute to Nina Simone», un recopilatorio de sus grandes éxitos interpretados por artistas contemporáneos como Mary J. Blige, Usher y, sobre todo, Lauryn Hill, que lo produce e interpreta seis de los temas.

El disco forma parte del mismo proyecto que el documental «What Happened, Miss Simone?», que acaba de estrenarse. Ambos han contado con el apoyo de Lisa Simone Kelly, la hija de la cantante, que ha colaborado con diarios personales, cartas y grabaciones inéditas. «Siempre he querido que se llevara a cabo esta película. Creo que se habría olvidado a mi madre si la familia, mi marido y yo, no hubiéramos dado los pasos adecuados para encontrar el equipo adecuado para que fuera recordada en la cultura estadounidense como a ella le hubiera gustado», dijo Kelly a «The New York Times».

Retrato de Nina Simone

La colaboración familiar ayuda a dibujar el retrato de Simone, una figura poliédrica y difícil de definir: virtuosa del piano, estrella popular de voz cavernosa, cómoda en cualquier estilo –del jazz al gospel–, activista implacable por los derechos de los negros, dulce y furiosa, electrizante y arrulladora. «Puedo ser gravilla y puedo ser café con nata», dijo en una ocasión sobre su voz, pero la definición se puede extender a su persona. Años más tarde, le diagnosticaron un trastorno bipolar.

Nació en Tyron (Carolina del Norte), en una sociedad segregada entre razas. La música le atrapó en el coro de la iglesia, donde tocó el piano desde los tres años. La empleadora de su madre reconoció su talento y pagó sus primeros estudios de piano clásico. Desde entonces, su obsesión fue convertirse en la primera concertista negra, lo que le llevó a estudiar a Juilliard, en Nueva York. Su virtuosismo no le valió para que la aceptaran en el prestigioso Curtis Institute of Music y acabó sustituyendo los recitales de música clásica por los clubes de jazz de Atlantic City.

Su imponente voz y su calidad al piano no tardaron en abrirle puertas discográficas: su primer álbum, «Little Girl Blue» (1959), incluyó un gran éxito, una versión de «I Loves You, Porgy». En su sueño de pianista y en su incipiente carrera de diva de la música popular se cruzó la realidad: la lucha de la minoría negra por sus derechos civiles, los disturbios raciales, la muerte de Martin Luther King. Se envolvió con fiereza en la bandera del activismo «black power», que se convirtió en el centro de su vida. Regresó a Nueva York, donde entró en el círculo de Lorraine Hansberry –la primera dramaturga negra con una obra en Broadway–, el novelista James Baldwin o Langston Hughes, uno de los creadores de la «poesía jazz». Era vecina y amiga íntima de Malcolm X.

Su música es eterna

Su activismo dejó huella musical, con joyas como «Mississippi Goddam» o «To Be Young, Gifted and Black», que se convirtieron, de la noche a la mañana, en himnos de la lucha por las libertades civiles. La música de Simone es eterna y buena parte de su mensaje, por desgracia, no ha perdido relevancia. La última resurrección de Simone coincide con una reactivación de la tensión racial en Estados Unidos, la constatación de los abusos policiales contra la minoría negra, las muertes de Michael Brown, Eric Garner o Freddie Gray, los disturbios en todo el país y nuevos actos de terrorismo contra los negros. El lanzamiento de «What happened, Miss Simone?» fue el mismo día en que el presidente Obama acudió a Charleston para hablar en el funeral de Clementa Pinckney, el reverendo asesinado, junto a otras ocho personas, en una iglesia negra de esa ciudad.

El compromiso de Simone con la causa negra fue total. Si le hubiera tocado vivir este tiempo, la hubiéramos visto en los disturbios de Ferguson, en las marchas a Washington o tratando de descolgar la bandera confederada en el Capitolio de Carolina del Sur. Hoy, ningún artista de su tamaño ha logrado una relevancia comparable. A Simone, sin embargo, le costó buena parte de su carrera. Su marido y mánager –maltratador y violento–, Andy Stroud, se desesperaba al ver cómo su carrera se hundía por sus declaraciones descarnadas y sus canciones políticas. A ella no le importó demasiado: «Espero que algún día pueda cantar más canciones de amor, cuando la necesidad de cantar canciones protesta no sea tan urgente. Pero, por ahora, no me importa», dijo en 1969 a la revista «Ebony».

En los años 70, con el «black power» en disolución y un matrimonio maltrecho, se estableció en Barbados, Liberia, Suiza… Casi olvidada del público, acabó cantando en clubes de París por 300 dólares la noche. Volvió a tomar vuelo en los 80, cuando regresó al circuito de los festivales de jazz y, sobre todo, cuando al final de la década se popularizó, gracias a un anuncio, «My Baby Just Cares for Me», que había grabado tres décadas antes.

En el año en el que el Tribunal Supremo de EE.UU. ha reconocido el derecho al matrimonio a las parejas homosexuales, Simone –que era bisexual y feminista– volverá a la gran pantalla con otro documental dentro de unos meses. «The Amazing Nina Simone» repasará su importancia como referencia en la lucha por la igualdad de género y racial a través de entrevistas con familiares, compañeros e investigadores.

También estaba previsto que en algún momento del año desembarcará la película biográfica «Nina», pero el proyecto lleva años embarrado. En 2012 se filtraron imágenes de la actriz afro-latina Zoe Saldana en el papel de Simone, con la piel oscurecida con maquillaje. Algunos se tomaron como un insulto que Saldana interpretara a Simone, a quien de niña le dijeron que tenía «la piel demasiado oscura y los labios demasiado gruesos» para ser una solista de piano clásico. Por desgracia, no se equivocaron.

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