Imagen de la Vía Láctea. El elevado número de estrellas del Universo indica que es muy probable que existan civilizaciones alienígenas, pero es difícil encontrar sus huellas - Bruno Gilli/ESO / Vídeo: ¿Podría descubrirse vida extraterrestre a través de su sombra estelar?

Proponen buscar civilizaciones alienígenas por la sombra de sus máquinas

Un astrónomo español ha ideado una forma de analizar la luz de estrellas filtrada por los cinturones de Clarke, anillos de satélites geoestacionarios, en torno a exoplanetas

MADRIDActualizado:

El Universo es tan viejo, 13.800 millones de años, y tan grande, en teoría solo en la Vía Láctea hay 200.000 millones de estrellas, que para muchos científicos es realmente probable que ahí arriba haya civilizaciones alienígenas. Sin embargo, lo cierto es que de momento no hemos podido verlas. ¿Es porque no existen o es porque están ocultas entre las estrellas? Si existen, ¿qué aspecto tiene una cultura totalmente ajena a la humana? ¿Cuál es su nivel tecnológico? ¿Cómo verlas cuando pueden estar situadas a miles de años luz?

En las últimas décadas, los científicos han buscado distintos «tecnomarcadores», huellas de tecnologías extraterrestres, como señales de radio, potentes estallidos energéticos o indicios de la presencia de megaestructuras alienígenas. Ahora, un artículo publicado en «The Astrophysical Journal» y escrito por el astrónomo español Héctor Socas Navarro, investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), propone buscar huellas de exocinturones de Clarke. El término fue acuñado por el escritor e inventor Arthur C. Clarke para referirse a la banda de satélites geoestacionarios que existe en torno a la Tierra. Y, según el autor del estudio, su presencia podría ser captada en otros planetas si los satélites oscurecieran la luz de estrellas lejanas.

«Lo más interesante de este estudio es que propone buscar un tecnomarcador que está basado en una tecnología real, en algo mundano que nosotros mismos hacemos y no en esferas de Dyson o antimateria», explica a ABC Héctor Socas.

Dado que nunca se han encontrado indicios de otras civilizaciones, sus posibles huellas son totalmente especulativas y a veces próximas a la ciencia ficción. A fin de cuentas, si el Universo tiene 13.800 millones de años y la tecnología terráquea ha sufrido su efervescente desarrollo en apenas unos milenios, es razonable pensar que existen cosas increíbles en alguna de los millones de estrellas que existen. Pero en este caso, el estudio propone buscar algo más sencillo que ya se encuentra en la Tierra: los satélites geoestacionarios.

La luz filtrada por enjambres de satélites

Estos satélites se caracterizan por situarse en todo momento sobre un mismo punto de la superficie de la Tierra. Esto ocurre porque el tiempo que tardan en completar una vuelta completa al planeta es el mismo que la Tierra emplea en girar sobre sí misma, es decir, un día. Por este motivo, son muy útiles para muchas aplicaciones, como las telecomunicaciones, la vigilancia, el seguimiento de catástrofes naturales y la naturaleza, el espionaje, la guerra y otras muchas. En principio, podría ocurrir que civilizaciones alienígenas poblaran estas órbitas con satélites para tales funciones.

Por ejemplo, la especulación llevó a pensar en los sesenta que las civilizaciones avanzadas podrían construir enormes corazas rodeando a las estrellas para extraer energía, las esferas de Dyson, pero ahora se sabe que se podría extraer más energía de forma más barata solo con la fusión nuclear, que es la reacción que alimenta a las estrellas. Si en los setenta se le daba más importancia a las ondas de radio, ahora se le da más peso a unas comunicaciones creadas después, y basadas en el láser. Además, según explica Socas, civilizaciones muy avanzadas podrían vivir perfectamente en el medio interestelar y no en planetas, lejos del peligro de los volcanes o los asteroides, o podría ser que hubieran abandonado su cuerpo y hubieran subido su conciencia a una especie de ordenador global. «¿Sería útil contactar con una civilización avanzada con la que a lo mejor no tengamos nada de lo que hablar?», se pregunta.

Todos estos inconvenientes se esfuman si se busca, en primer lugar, una banda de satélites geoestacionarios en torno a los exoplanetas. Y la técnica tiene otra ventaja: implica que la posible civilización alienígena está o ha estado activa recientemente, puesto que, de lo contrario, estos satélites decaen o se pierden en el espacio.

Si se tiene en cuenta que en apenas unos años comenzarán a funcionar potentísimos telescopios terrestres, como el TMT o el E-ELT, o el espacial James Webb, y que estos podrán analizar las atmósferas de los exoplanetas en busca de huellas biológicas (biomarcadores), ¿por qué no echar un vistazo a la luz de las estrellas en busca de máquinas extraterrestres, por si acaso?