Un autobús abandonado perteneciente al Servicio de Reparación y Construcción de la carretera de Chernóbil
Un autobús abandonado perteneciente al Servicio de Reparación y Construcción de la carretera de Chernóbil - Tom Scott

Hallan nuevos y desconocidos «puntos calientes» de radiación cerca de Chernóbil

El Bosque Rojo es una de las zonas más contaminadas del planeta, pero algunas partes han sido abiertas al público recientemente

MadridActualizado:

Después de 33 años de una de las peores catástrofes nucleares de la humanidad, el fantasma invisible de la radiación continúa vivo en Chernóbil. Incluso en sitios que no se tenían controlados. Es la conclusión que ha sacado un equipo de investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido) de una exploración llevada a cabo con drones sobre el Bosque Rojo, a 500 metros del complejo nuclear que sufrió el fallo crítico. Los científicos -englobados, además, dentro del Centro Nacional de Robótica Nuclear de la citada universidad- han creado el mapa más detallado hasta la fecha de la radiación que aún permanece en el bosque, considerado una de las zonas más contaminadas del mundo.

El equipo, liderado por el físico Tom Scott, utilizó dos tipos drones que mapearon 15 kilómetros cuadrados dentro la zona de exclusión de Chernóbil, tal y como han explicado en un comunicado. Se utilizó durante diez días un sistema de láser pulsado conocido como LIDAR para medir contornos en el paisaje mientras se registran los niveles de radiación con un espectrómetro de rayos gamma ligero, a la vez otro dron portaba una cámara para poder fijarse en cualquier cosa que llamara la atención de los científicos.

Los aviones no tripulados se dirigieron desde cerca de la aldea de bajo riesgo relativo de Buriakivka -que fue abandonado después del accidente, ya que se encontraba en el centro de una nube radiactiva que se dirigió desde la central nuclear al oeste-antes de dirigirse hacia el epicentro de la zona registrada.

El Bosque Rojo muerto

Los drones sobrevolaron el Bosque Rojo, un bosque de pinos muertos cerca de las ruinas del reactor de una extensión de unos diez kilómetros cuadrados. La zona resistió, en apariencia, la nube de escombros, aunque hoy guarda aún algunos de las superficies más radiactivas que se pueden encontrar en la Tierra. Y aunque el nivel de radiación se ha ido rebajando a lo largo del tiempo, existen ciertos radioisótoposcon una vida media muy larga, por lo que la radiación afectará a la zona durante mucho tiempo.

Imagen del Bosque Rojo, tomada en 2009. En el primer centímetro de suelo se concentran partículas del isótopo radiactivo 137 del Cesio
Imagen del Bosque Rojo, tomada en 2009. En el primer centímetro de suelo se concentran partículas del isótopo radiactivo 137 del Cesio - Timm Suess

La contaminación por radiación en el Bosque Rojo ya se sabía que era más alta en general que en cualquier otro sitio natural en el planeta. Sin embargo, los investigadores encontraron que la radioactividad se distribuyó de forma desigual: mientras que la radiación había disminuido en algunas áreas, otras mantenían niveles de contaminación peligrosamente altos.

Es el ejemplo de un «punto caliente» no registrado en las ruinas de una instalación en la que se llevaron trabajos de limpieza del suelo después del accidente. La zona emite tanta radiación que, según estos investigadores, unas pocas horas servirían para administrar la dosis que normalmente se adquiere en todo un año.

La vida se abre paso a pesar de todo

Durante décadas después del accidente, la zona de exclusión de Chernóbil, un área de aproximadamente 4.300 kilómetros cuadrados alrededor del complejo nuclear, era tan tóxica que el paso estaba restringido para las personas. Pero a medida que la radioactividad se disipaba, partes de la zona se habían abierto a los turistas. E incluso la vida animal y vegetal ha comenzado a prosperar salvaje en la zona, tal y como mostró otro estudio de hace apenas unos meses y recientes investigaciones sobre la zona.

Según recalcan los investigadores, iniciativas como esta -que es la primera que el equipo realiza en Ucrania, pero a la que seguirán algunas más durante el próximo año- podrían ayudar a conocer el estado de contaminación no solo de Chernóbil, sino de otras zonas afectadas por la radiación, como Fukushima (Japón). Además, podrán ayudar a crear caminos seguros a los investigadores que se adentren a examinar estas zonas.