OPINIÓN

El tsunami, el afelio y la resonancia: tres temas para un ingeniero

Para aclararles un poco lo de la posibilidad de que hubiera sido un tsunami, les diré que, efectivamente, antes de la llegada de esta gran ola, suele producirse una retirada continua y extraña del nivel del mar

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Ha pasado un mes desde que las redes sociales echaran humo, desde las 11 de la mañana, cuando se disparó la noticia de la Posible llegada de un tsunami al Puerto de Conil. El motivo fue la bajada repentina del nivel del agua en la dársena portuaria, como si se vaciase, y la aparición de fuertes corrientes. Esto es algo que, según los pescadores, no se había producido nunca. Protección Civil descartó activar ninguna medida de protección al tratarse de un fenómeno puntual, sin explicar en principio por qué se producía. Por su parte, un grupo de voluntarios de Protección Civil—desconozco su vinculación oficial—achacaron ese descenso brusco del nivel del agua en el puerto al “Afelio”. Éste es un fenómeno que se da justo cuando la Tierra pasa por el punto más alejado del Sol, produciendo un “efecto frenado” del planeta.

Cuando vi el vídeo me percaté inmediatamente de que era un fenómeno clásico de la Ingeniería Marítima, conocido como “resonancia de un puerto”, y al que precisamente este año le habíamos dedicado algo más de tiempo en nuestro curso, al incorporar un ejercicio relacionado con este fenómeno, precisamente en el Puerto de Conil, incluyendo un reconocimiento “in situ” con los alumnos.

Mi primera reacción fue la propia de un ingeniero activo en redes sociales: la de entrar en los comentarios de Facebook e intentar aclararlo. Craso error: me había olvidado de que cualquier fenómeno costero o actuación en el litoral trae siempre consigo una respuesta inmediata y contundente, por una gran variedad de “especialistas”. Parece como si las cosas del mar fueran fácilmente explicables, a pesar de la complejidad que tiene el entendimiento del oleaje, al menos para los que nos hemos dedicado toda la vida a ello. Todo esto se amplifica mucho más dentro de las redes sociales, mezclándose temas y estableciéndose posiciones muy encontradas.

Eso sí, salió a colación algo que les doy toda la razón: Y si hubiera sido un tsunami de verdad, ¿sabría la población y Protección Civil cómo actuar? No hace falta que les diga que no sabríamos. Sencillamente porque la Junta de Andalucía no ha sacado todavía su Plan de Actuación ante el Riesgo de Maremotos, algo que exige la Directriz Básica de Protección Civil aprobada por Real Decreto el 21 de noviembre de 2015. Al menos me queda la tranquilidad de haber escrito mucho sobre esto, conjuntamente con otras personas. Prueba de ello fue mi último artículo en este periódico <La gran ola: los deberes sin hacer>.

Para aclararles un poco lo de la posibilidad de que hubiera sido un tsunami, les diré que, efectivamente, antes de la llegada de esta gran ola, suele producirse una retirada continua y extraña del nivel del mar, como si de una gran bajamar se tratara. Por el principio de los vasos comunicantes, el mar también tendría que haberse retirado en la playa de Fuente del Gallo, contigua al Puerto de Conil, cosa que afortunadamente no sucedió.

En mi segundo artículo, y para intentar explicar lo de la resonancia de los puertos, les hice el símil con el caso del puente de Broughton, cerca de Mánchester, en 1831, que colapsó por el acoplamiento de los pasos de la tropa con los movimientos de balanceo verticales de la estructura. Algo parecido sucedió el día de la inauguración del famoso Puente del Milenio en Londres, en donde un montón de personas que lo andaban cruzando se sincronizaron fortuitamente, produciendo vibraciones laterales en la estructura, que aumentaron a niveles preocupantes, conforme los viandantes se iban animando y aparentemente divirtiendo con tales movimientos. Ello hizo que el puente se cerrara durante dos años. Entre medio, en el año 1940, se produjo el colapso del Puente de Tacoma en EEUU, entonces el tercer mayor puente del mundo. Sucedió por un efecto resonante de los vórtices creados por el viento, de intensidad media, que producía una excitación lateral en la estructura (“flameo”). Estos y otros casos aparatosos de resonancia se han solucionado mediante un mayor conocimiento de la aerodinámica de las estructuras y, sobre todo, con los ensayos en túneles de viento.

—Bueno…y con los puertos, ¿qué?—sería la pregunta esperada. ¿Puede volver a pasar lo del Puerto de Conil? ¿Cómo se han resuelto lo de las “resacas” de otros puertos? ¿Son más difíciles de resolver que en los puentes? —podrían seguirse preguntando, si les interesa el tema.

—¡Uhmm! Me están poniendo en un compromiso con mis admirados compañeros calculistas de puentes, no vayan a interpretar que nuestros problemas de resonancia son más difíciles que los de ellos. En realidad, el fenómeno es muy parecido y la solución también. De una forma muy simplista diría que, para el caso de los puentes, intentando que sus oscilaciones estén en su mayor grado desacopladas con los pasos de los peatones y/o con los vórtices causados por el viento. Y para el caso de los puertos, procurando que las oscilaciones naturales de las dársenas estén desfasadas con las ondas que se originan en el interior. En resumen, y si me lo permiten decir así: “intentando conseguir el máximo desorden ordenado” (¡Algo parecido a lo que sucede en mi mesa de trabajo!).

Nuestro admirado maestro, el Profesor Iribarren, resolvió la resonancia del Puerto de Motrico, en el año 1948, mediante un estudio en modelo reducido. Para ello, fotografió con una cámara de exposición lenta los desplazamientos de una serie de bolitas de corcho fosforescentes, cada vez que se incrementaba ligeramente el periodo de la paleta de oleaje, hasta que consiguió la resonancia del puerto. Luego se dedicó a estudiar distintas variaciones de la configuración del puerto y de su profundidad. Era tal el respeto que sentían los pescadores de Motrico hacia él, que le regalaron un reloj en agradecimiento a su estudio.

Muchos años después, estudiando el Puerto de Ondárroa, nos llevamos la sorpresa de que para las condiciones de oleaje con las que el Profesor Iribarren encontró que resonaba el Puerto de Motrico, el puerto vecino de Ondárroa ni se enteraba. Esto era algo que conocían los pescadores de Motrico, que sin saber nada de resonancias, pero sí mucho de la mar, acudían allí para refugiarse cuando la cosa se ponía fea.

Les diré que, en la práctica, la solución total no es tan fácil por los diferentes modos de oscilar que tienen las dársenas y las complejas y a su vez aleatorias características de esas “ondas raras” que pueden poner en resonancia a las diferentes dársenas. Además de los problemas inherentes asociados a cambiar la configuración de un puerto.

Como decía un conocido profesor de Cantabria para captar la atención de sus alumnos: "Si cada día ven salir a un señor perfectamente vestido por la puerta de su casa, no le den importancia. Pero si un día le ven salir por una ventana y de forma rápida: ¡Ahí hay tema!".

¡Y nosotros hemos tenido tema durante este mes, con lo del tsunami, el afelio y la resonancia del Puerto de Conil!

Espero haber dado algo de luz al asunto. ¡Que pasen un feliz verano!