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hipocresía

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omo a partir de este fin de semana, a buen seguro que me tiro todo el año hablando de fútbol, prefiero despedirme de mi particular verano con las emociones que los Juegos Olímpicos de Pekín me han dejado en la retina. Han sido unos Juegos memorables a pesar de que la diferencia horaria no me haya permitido seguirlos en condiciones. El nadador Michael Phelps, el atleta Usain Bolt y el gimnasta Zou Kai, han puesto el listón demasiado alto para Londres 2012. Será difícil poder ver de nuevo ocho oros en la piscina, tres en velocidad con récord mundial incluido y otros tres en gimnasia. Reconozco que soy de las pocas personas que no quería que el de Baltimore lograse batir la marca de Mark Spitz. Ya saben, nostalgias que nos entran de vez en cuando. Han sido necesarios 36 años para que un joven estadounidense haya sido capaz de semejante gesta, un joven a quienes sus propios profesores le habían pronosticado un futuro mediocre y aburrido. También me alegré de las platas en la sincronizada, unos metales que ya tenían que haber caído en Atenas en un deporte muy criticado por los ignorantes a los que ponía yo a practicarlo ocho horas diarias sin parar. Al final el pabellón español ha sido salvado pese al atletismo, al judo y al taekwondo que tantos buenos momentos nos han hecho vivir en competiciones anteriores. Pero sin duda, el metal que peor me ha sabido ha sido la plata del baloncesto. Después de ver la final, no entiendo cómo los jugadores y la delegación española no están protestando todavía. Si tan asumido se tiene el oro para los norteamericanos, se les podría dar directamente y ya lucharíamos con el resto por la segunda plaza. Qué arbitraje_por otra parte ya acordado con los interesados de antemano_ más lamentable. ¿Cómo es posible que los teóricamente mejores del mundo, necesiten de este tipo de ayudas? Cuánta hipocresía.