En el gimnasio, las niñas comparten entrenamiento con otros niños
En el gimnasio, las niñas comparten entrenamiento con otros niños - Documental «Boxgirls»

BoxeoEl machismo se cura boxeando

El documental «Boxgirls» muestra cómo una escuela de boxeo en Nairobi está cambiando la mentalidad del barrio

Las niñas han pasado de no ir al colegio a compartir espacio y fatiga con los chicos, que ya las consideran «iguales»

MadridActualizado:

En según qué zonas de Nairobi (Kenia), lo normal es que las niñas no vayan al colegio. Por una especie de determinismo biológico, si eres chica, tu vida se resumirá en cuidar de tus hermanos pequeños, tener la casa en orden y casarte cuanto antes. Es el machismo metido en lo más hondo, un modelo de sociedad contra el que se ha levantado, de forma pacífica, una escuela de boxeo.

El documental «Boxgirls», obra del leonés Jaime Murciego, cuenta la historia de un grupo de chicas que ha instalado el cambio a través del deporte. Son muchos años viendo desde la ventana cómo sus hermanos varones marchan a la escuela mientras ellas se resignan. Ahora salen a correr por unas calles en las que carretera y camino es lo mismo: barro en invierno, secarral en verano. Pero el boxeo, con toda su dureza, les da fortaleza mental para no sentirse inferiores.

«La llegada fue complicada porque el sitio impresiona bastante, la verdad», explica Jaime Murciego, director y guionista del documental. «Me vi de repente solo, en un barrio que te lo puedes imaginar, y estuve a punto de cancelarlo la primera noche. Creía que se me había ido de las manos. Eres el único blanco, llamas mucho la atención... Yo he estado en barrios de Sudamérica, pero esto era superior a todo lo que me había imaginado». Su contacto allí era Alfred «Priest» Analo, un hombre con mucho predicamento en el suburbio. «Priest», que significa sacerdote, es un boxeador retirado metido a entrenador. Canta reggae y está muy comprometido con el barrio, por eso intentó mejorarlo con aquello que mejor sabe hacer: boxear.

«Yo me esperaba un gimnasio lleno de chicas, pero al llegar vi que también había chicos», continúa Murciego. «Al principio pensaba que lo interesante era ver a las chicas boxear e intentaba grabar planos cortos solo con ellas. Pero “Priest” me hizo cambiar el enfoque. Me dijo: “Ahí te estás equivocando”. Porque meter a veinte chicas en un gimnasio y ponerlas a boxear es relativamente fácil. Lo realmente difícil es meter a veinte chicas y veinte chicos y que empiecen a respetarse. Ahora ves a una de las entrenadoras, “Sonko”, gritar a un hombre de 120 kilos y corregirle. Y que este le escuche. Hay un respeto bastante llamativo que cuando sales del gimnasio se mantiene. Es ahí cuando estás consiguiendo el cambio también fuera».

No fue tan fácil como suena. Hubo padres que se negaban a que sus niñas coincidieran bajo el mismo techo y bajo el mismo esfuerzo con chicos. Y aún muchos hombres pegan la nariz al vidrio del gimnasio para ver lo que todavía es una excepción. Pero el germen ya está puesto.

Escuela de vida

«La mayoría de la gente lucha solo por los hombres, nosotros estamos para luchar por las chicas para que podamos ser iguales. Un chico puede boxear, una chica también», resume «Sonko» en un momento del documental. Así de simple y así de difícil todavía, porque ellas no piden ser más que nadie: les vale con ser iguales. «Nuestra misión es usar el boxeo para crear un mundo donde niñas y mujeres vivan vidas dignas, en comunidades seguras, y tengan control sobre su sexualidad», apunta «Priest», el inventor de esta segunda oportunidad para muchas niñas.

El gimnasio es una especie de centro cívico, en el que dedican unas horas semanales al boxeo. En la fachada hay un eslogan claro y conciso –«No means no»–, que según está pintado parece mucho anterior a Pedro Sánchez y al movimiento #MeToo. Dentro, guantes y zapatillas acumulan agujeros por el uso y las vendas, de tantas vueltas como dieron, parecen redes de pesca. Son sesiones de trabajo humildes, pero valiosas.

«Hacen el entrenamiento, que es gratis, y después del entrenamiento se ponen todos en corro y hablan de problemas que puedan tener», explica Murciego, que se alojó en casa de «Priest». «A veces hacen talleres de salud sexual, alimentación y cosas así. Me gustó mucho por eso: porque no se quedaba solo en un trabajo de defensa personal. No se trata de eso, porque una niña de diez años por mucho que sepa boxear no tiene nada que hacer. Se trata de que si demuestras a la niña que puede boxear como cualquier niño también puede estudiar como ellos».