Una mujer toma el sol a la altura del puente de Triana
Una mujer toma el sol a la altura del puente de Triana - EFE/RAÚL CARO

¿Otro «veroño» en Sevilla?

Los expertos en meteorología emplean este término para describir otoños e inviernos secos pero no fríos, como los transcurridos desde el año 2014

SEVILLAActualizado:

En el otoño de 2014 comenzó a emplearse el término «veroño», no reconocido por la RAE, pero que rápidamente se extendió por su expresividad, coincidiendo con las temperaturas que se registraron en la segunda mitad de octubre, por encima de lo habitual, y lejos ya del posible «veranillo del membrillo».

El resultado fue una anomalía cálida de dos grados para este mes. Esta situación se extendió también a noviembre y, en menor medida, a diciembre. Al año siguiente, se volvía a repetir la situación de temperaturas anormalmente cálidas, con una anomalía cálida de 4,2 en noviembre, y ojo, 5,4 grados por encima de la media en diciembre de 2015, lo que le situaba como el mes de diciembre más cálido de la serie histórica de temperaturas del aeropuerto de San Pablo, donde se iniciaron las observaciones meteorológicas en 1951.

Finalmente, esto supuso que 2015 fuese el año más cálido de esta serie histórica del aeropuerto y el más cálido también a nivel global de toda la Tierra.

La situación se repitió en 2016, pero ya no solo en otoño, sino que las anomalías cálidas se están repitiendo de forma ininterrumpida desde junio y de ese año y hasta la fecha. Es decir, 16 meses con anomalías cálidas hasta septiembre de 2017.

Octubre de 2017 no ha comenzado diferente, sino todo lo contrario. La media de las temperaturas máximas de su primera semana es de 34,5 grados, cuando la media es de 28,5 grados. Es decir, una anomalía cálida de 6 grados que le sitúa como el arranque de octubre más cálido de al menos los últimos 67 años y, por tanto, un nuevo récord.

Continuamente se están escuchando que se alcanzan nuevos récords, generalmente ligados con temperaturas más altas de lo habitual. Aunque esto puede parecer exagerado, buscando cierto sensacionalismo, la verdad es que en la mayoría de los casos es cierto. La meteorología utiliza para determinar si algo es normal o no, un periodo de referencia que incluye lo observado durante 30 años.

Superar al año 2015

En este periodo largo, dado que el clima de un lugar es variable, registrándose periodos cálidos o fríos, secos o húmedos, se espera que todo lo que es posible ya haya ocurrido.

El periodo actual de referencia es el comprendido entre 1981 y 2010. Pues bien, con posterioridad a este periodo de referencia, en relación con las temperaturas máximas en el aeropuerto de San Pablo se ha batido el récord de 67 de los 365 días que tiene una año no bisiesto.

El año con más mejor marca fue 2015, con 21 nuevos días más calurosos respecto al pasado. Y le sigue y aún no ha acabado, 2017 en el que ya se han batido los récords de 13 días. Por el contrario, los mejores registros de días más fríos se reducen a uno en 2015 y dos en 2017.

El presente 2017 ya apunta a desplazar a 2015 como el año más caluroso desde al menos 1951 en la ciudad de Sevilla. En lo que va de año, durante 197 días las temperaturas máximas han estado por encima de la media, es decir, en 7 de cada 10 días los termómetros han llegado a valores por encima de lo habitual.

La figura, efectivamente, muestra cómo las temperaturas máximas registradas en 2017 están generalmente por encima de la media diaria del periodo de referencia y que en varias ocasiones ha sobrepasado a los valores históricos más altos, registrados hasta 2010.

Es, por tanto, 2017 un año que va a contribuir a confirmar el calentamiento global del planeta y octubre, al menos hasta ahora, no va a ser una excepción. Si analizamos el comportamiento de cualquier mes otoñal, por ejemplo octubre, vemos que desde 1995 predominan los meses con anomalías cálidas respecto a los fríos: 15 meses más cálidos y 8 más fríos pero, sobre todo, además de superarlos en número, le superan en valor siendo más intensas las anomalías cálidas.

La razón de estas anomalías cálidas está en el régimen de vientos. El suroeste peninsular está expuesto a la llegada de diferentes masas de aire, que modulan sus temperaturas.

Los vientos del oeste y suroeste que traen una masa húmeda y fría procedente del Atlántico, los vientos del sur que traen aire seco y caliente del norte de África, los vientos de Levante que traen aire cálido y húmedo procedentes del Mediterráneo y los vientos del norte y nordeste que traen aire frío y seco del ártico o centro de Europa, dependiendo de la inclinación.

Las anomalías cálidas que se están registrando en otoño y que también se han registrado en el reciente verano, obedecen a un mayor dominio del viento de Levante, que en Tarifa han llegado a soplar durante 21 días en agosto y 19 en septiembre de 2017.

Cuando finaliza el verano y conforme se acerca primero el otoño y después el invierno, el anticiclón del Atlántico, que es, junto con las borrascas, el gran regulador del viento sobre el suroeste peninsular, comienza a debilitarse y a desplazarse hacia el sur o a alejarse hacia el Atlántico, permitiendo la llegada de frentes y, con ellos, las lluvias.

En ocasiones, esto no ocurre y el anticiclón se queda, desplazándose incluso hacia el norte, bloqueando el paso de las borrascas y dando origen a otoños y, sobre todo, inviernos secos, pero fríos y con heladas.

Lo que no es habitual, o al menos no lo era hasta ahora, es que este anticiclón alcance incluso al Mediterráneo occidental, dando lugar a otoños e inviernos secos pero no fríos, que es lo que se viene registrando en los últimos años y que ha dado lugar al uso del término «veroño», y que vamos a tener que buscar uno similar para los inviernos secos no fríos.

Daños para la agricultura

En este tipo de otoños secos y cálidos, los «veroños», el daño para la agricultura y la ganadería es doble, pues a la falta de lluvias hay que sumarle la gran evaporación que se producen a causa de las altas temperaturas del agua del suelo y de las plantas (evapotranspiración), fenómeno que puede considerase como una lluvia negativa.

No solo no llega nueva agua al suelo, para reponer la humedad necesaria, sino que además estamos perdiendo de forma rápida las reservas que tenía acumulada.

Por tanto, estábamos acostumbrados a ciclos con años lluviosos o secos, pero no a años secos y cálidos y para cualquiera que tenga alguna relación con el campo, sabe que esto es lo peor que pueda pasar.