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Cita conventual con Doña María Coronel

Como cada 2 de diciembre, el cuerpo incorrupto de la fundadora del monasterio de Santa Inés permanecerá expuesto en el coro bajo del cenobio

El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel en su urna - ROCIO RUZ VÍDEO: PEDRO YBARRA
AURORA FLÓREZ Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

El hábito marrón de las franciscanas clarisas cubre el cuerpo incorrupto de Doña María Coronel, fundadora del monasterio de Santa Inés, que mañana, como cada 2 de diciembre, permanecerá expuesta tras la celosía que separa el coro bajo de la clausura de la iglesia conventual.

Es una de las bellas y entrañables tradiciones que conserva Sevilla la que protagoniza esta dama que murió siendo abadesa, con alrededor de 75 años, tal día como mañana en 1411. Su nombre y su historia están unidas a la del Rey Pedro I, el cruel para unos y el justiciero para otros, cuya biografía pervive unida a tremebundos lances ocurridos en el siglo XIV. Si seguimos y creemos los pasos de la leyenda entremezclada con los anales históricos, personalmente, para Doña María Coronel, el monarca fue un atroz desalmado que cortó la cabeza a su marido, Juan de la Cerda -descendiente de Fernando III el Santo-, por conspirar contra él alineándose con los Trastámara en la pugna por el trono. A la joven viuda veinteañera le confiscó los bienes y la acosó impenitente e implacablemente. No sucumbió Doña María Coronel al asedio lujurioso de Don Pedro y llegó a ocultarse en un agujero en la huerta del convento de Santa Clara, junto a la Torre de Don Fadrique. Cuenta la leyenda que sobre el hueco en el que se refugió la dama crecieron inmediatamente unas hierbas, que se identificaron como perejil, para protegerla.

El último episodio de esta historia que no por repetida pierde interés es el más dramático y el más conocido. El Rey no desistió en su asedio a la aristócrata y se personó en el cenobio. A Doña María Coronel no le quedó más que arrojarse aceite hirviendo encima para desfigurarse. Las terribles quemaduras, que han sido investigadas con resultados inconcluyentes, se aprecian en la piel momificada del rostro y del pecho de la dama.

Después, antes de profesar en el convento de Santa Clara, Doña María Coronel se retiró a la ermita de San Blas, en uno de los terrenos de su familia, cerca de Omnium Sanctorum. De allí saldría para fundar el monasterio de Santa Inés. Y de esta la ermita, que pasó a ser propiedad de la comunidad religiosa hasta que siglos después, en 1776, se arruinó el inmueble, llegó al convento la imagen de San Blas de Juan de Mesa que recibe culto en un retablito neoclásico en la iglesia conventual, y que el 3 de febrero celebra su festividad en el monasterio, en el que se reparten los rosquitos de pan y cordoncitos de hilo blanco y seda para los dolores de garganta.

Es otra de las tradiciones conventuales de este enclave de clausura que también está ligado, gracias a Gustavo Adolfo Bécquer, a la leyenda de Maese Pérez el organista, aquel músico que fantasmagóricamente tocó el instrumento en la Misa del Gallo. Ese órgano barroco se conserva en el coro bajo, donde habitualmente reposa Doña María Coronel. Las monjas trasladan la urna hasta la reja. Esta urna de cristal es el cobijo de la dama desde 1833, año en el que sustituyó a una caja de madera, guardada por tres llaves, en la que Doña María Coronel permaneció tras ser encontrado su cuerpo incorrupto en la cripta de la Sala del Capítulo junto a los huesos, sin cabeza, de Juan de la Cerda, y de una hija de ambos.

El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel podrá verse de 9 a 13 horas y de 16 a 20 horas, con el intervalo de la misa de 19.30 horas. Para los que no lo sepan, en el torno pueden adquirirse los riquísimo bollitos de Santa Inés, además de magdalenas de leche o aceite, cortadillos, mantecados, roscos de vino... Es una forma de ayudar a estas religiosas, guardianas de leyendas, cuyo convento necesita obras urgentes.

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