LEBRIJA

Renace «El Chocazo», la bodega más antigua de Lebrija

Manuel Ahumada, cuarta generación familiar de la bodega Andrés Ahumada, revitaliza las visitas turísticas

Manuel Ahumada en la centenaria bodega lebrijana
Manuel Ahumada en la centenaria bodega lebrijana - A.H.
ALEJANDRO HERNÁNDEZ Lebrija - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

La calle Marines, una de las más señeras de la zona extramuros del casco histórico de Lebrija, atesora una joya del barroco industrial del siglo XVIII que sigue manteniendo la función para la que fue construida y que, además, sigue siendo punto de reunión y encuentro para muchos lebrijanos, tanto jóvenes como mayores.

La Bodega Andrés Ahumada, conocida popularmente como «El Chocazo», es la más antigua de Lebrija, con más de 150 años de historia, que además conserva el despacho de vinos y el servicio de bar, y cuenta con lagar donde se muele y pisa la cosecha de uvas de viñas también propias de tierras lebrijanas en Las Arenas y Overo.

«Mi abuelo compró la bodega a un familiar, pero aquí siempre se ha elaborado vino y siempre ha sido de la familia Ahumada», señala a ABC Provincia Andrés Ahumada, padre del actual gerente de la bodega, su hijo Manuel, lebrijano de 35 años de edad con estudios en Enología que se hizo cargo del negocio cuando su padre decidió jubilarse.

El nombre de «El Chocazo» le viene porque «antiguamente las bodegas tenían una puerta grande de entrada para las mercancías y otra más pequeña para los clientes» cuyo dintel provocaba «más de un accidente a los clientes al entrar o al salir de la bodega», precisa Andrés.

«Ya somos cuatro generaciones y la bodega no ha cambiado, siempre ha estado como se puede ver en la actualidad», explica Manuel mientras muestra orgulloso las numerosas botas que se disponen en las paredes de un amplio salón, bajo un techo de gruesas vigas de madera, donde también hay una barra y mesas y sillas para los clientes. En una sala contigua, a modo de sacristía, dos líneas paralelas de botas apiladas en tres niveles realizan el «milagro» de la crianza biológica propia de los vinos del Marco de Jerez.

Los clientes se suelen reunir en pequeñas tertulias a partir del mediodía y disfrutan de la conversación compartiendo una media de vino con altramuces, aceitunas, avellanas o algún embutido. «Nuestros clientes son de todas las edades y los considero mis amigos, son como mi familia», destaca el gerente de la bodega.

En las rutas turísticas

En los últimos años, con el resurgir de la oferta turística de Lebrija,«El Chocazo» ha experimentado un renacer con su inclusión en las rutas locales. Su peculiaridad como la bodega más antigua de Lebrija y el seguir siendo un punto de encuentro de vecinos y visitantes le ha llevado a ser imprescindible en la imagen turística de la ciudad, como lo demuestra la reciente visita de un grupo de periodistas de Nueva York que han estado en Lebrija participando en el programa «Press Trip» organizado por Prodetur, Turismo Andaluz y el Consorcio de Turismo de Sevilla.

El gerente valora positivamente ser punto turístico de interés, «está bien unir turismo y tradición», e indica que «siempre hemos recibido visitas de turistas, porque en toda la ciudad no hay un sitio tan tradicional que siga ligado a la vida de los ciudadanos».

Llega el mosto

Una vez finalizada la molienda y pisa de la uva en septiembre, y depositado el zumo en las botas, el ambiente en «El Chocazo» comienza a ser expectante ante la llegada del nuevo mosto.

Se acerca noviembre y supuestamente el frío, con lo que se aproxima la temporada alta en la bodega de la calle Marines. «Este año hemos tenido un 40 por ciento menos de uva por culpa de la sequía y las lluvias torrenciales de mayo, además del fuerte levante del verano, pero la calidad es estupenda y seguro que tendremos un buen mosto», asegura Ahumada que calcula que para el 20 de noviembre, «todo depende de cuando llegue el frío», se podrá degustar uno de los mayores tesoros de las tierras de Lebrija.

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