CORIA DEL RÍO

El dueño de dulces Alba, con 4 hermanos panaderos, trabaja desde los 14 y sufrió un infarto a los 30

Gonzalo Díaz, Loli Alba y sus hijos Alexis y Gonzalo regentan tres naves en Coria desde donde sirven sus productos a toda España

Loli Alba y Gonzalo Díaz, junto a sus hijos Alexis y Gonzalo, en el interior de la fábrica coriana
Loli Alba y Gonzalo Díaz, junto a sus hijos Alexis y Gonzalo, en el interior de la fábrica coriana - M.A.B.
MIGUEL ANGEL BELLO Coria Del Río - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

Según la leyenda, el descubrimiento del pan fue fruto de la casualidad. Un panadero egipcio había dejado varias horas al descubierto una pulpa de cereales que se contaminó por una levadura salvaje. Fue fermentando y aumentado bajo la multiplicación de los microorganismos en la harina, obteniendo un pan subido. Se sabe con certeza que los egipcios fueron los primeros panaderos profesionales e inventaron el horno. Más tarde, los romanos adoptaron esta práctica y la extendieron a través de su imperio. De esta manera, el oficio del panadero ha supuesto siempre un pilar básico para la alimentación.

Gonzalo Díaz, de 53 años y natural de Alcalá de Guadaíra, desciende de una familia de panaderos «de los de toda la vida». Aunque ahora es un reconocido empresario gracias a su factoría pastelera Productos Alba, sus inicios fueron muy humildes. «Soy el más pequeño de cinco hermanos y todos nos dedicamos al gremio panadero.

Es lo que he conocido desde que nací; tanto es así que mi madre me tuvo en una habitación al lado de un horno de la panadería», explica Gonzalo Díaz. «Mis padres tenían un local alquilado en Alcalá donde mi madre se encargaba del despacho de pan y mi padre lo repartía en un burro cargado con dos cestas que montaba en el tren y para luego distribuirlo por la capital hispalense».

Al tiempo, su familia se mudó a Triana. Fue aquí donde sus padres montaron su propia panadería en la calle Castilla, llamada Horno La O. Con el paso de los años todo fue a mejor y compraron otra en la calle Lepanto. «Al final sólo mantuvieron una de estas dos panaderías, donde he trabajado hasta los 30 años», aclara Díaz. «Aunque me he llevado toda mi vida trabajando en el negocio familiar, terminé la educación hasta octavo. Fue ahí cuando mi padre me dijo que si no quería estudiar, había que trabajar. Y hasta ahora».

Aunque a Gonzalo su trabajo le apasionaba, por aquel entonces tenía un nivel de estrés desquiciante, llegando a estar 48 horas seguidas sin dormir. «Vivíamos en un piso justo al lado de mi panadería, que acondicionó mi padre para poder criarnos. Esto, quieras o no, te condicionaba a estar siempre pendiente del negocio», argumenta Gonzalo.

Sin embargo, casualidades de la vida, fue Horno La O lo que llevó a conocer a su esposa, Loli Alba, que entró a trabajar aquí con 12 años. «Mi mujer siempre ha estado a mi lado. Ella sabía el ritmo de trabajo y le aterraba que me pasara igual que a mi padre, que murió de un infarto en el 93. No terminaba de ver el riesgo».

Los peores pronósticos se cumplieron y a la edad de 30, Gonzalo Díaz sufrió un ataque al corazón. «Fue un punto de inflexión. Sabía que debía cambiar de hábito, pero tampoco quería quedarme sin hacer nada. Entonces, contacté con mi cuñado, Manolo Alba, que había montado una fábrica de dulces, Productos Alba. La empresa necesitaba una inversión grande y otro ritmo de trabajo. Fue de lo que yo me ocupé», argumenta este panadero alcareño.

Finalmente, en 1994, Productos Alba se muda al polígono La Estrella, en Coria del Río. «Actualmente tenemos tres naves donde se fabrican y envasan todos los dulces, para luego ser repartidos por gran parte del territorio español», explica Gonzalo Díaz. «Ahora noto que le llega el turno a la nueva generación. Me alegra que sean mis hijos quienes vayan a tomar el relevo de esta profesión tan antigua. Tienen ideas muy novedosas que harán que Productos Alba siga creciendo».

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