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First Dates

El cortante vacío de una comensal de «First Dates» a su pareja: «Ya no voy a hablar más»

Iria se cansó de que su pareja monopolizase la conversación y tomó una drástica decisión

Iria dijo que buscaba a un hombre raro, pero tal vez no tan raro como David
Iria dijo que buscaba a un hombre raro, pero tal vez no tan raro como David - CUATRO
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A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española. El aficionado al formato sabe que no sabe lo que puede esperarse de una cita de «First dates»: los seres más diversos y extravagantes que pueblan nuestro país se dan cita, y nunca mejor dicho, en el programa de Sobera.

La noche de este jueves fue una noche de contrastes, aunque lo cierto es que todas las noches son así en el restaurante del amor. La primera de las parejas apenas pasaba los 20 años, mientras que la segunda de la noche soprepasaba con creces los 60. Como observatorio sociológico el programa de Cuatro es impagable, y resulta curioso comprobar las distintos temas de conversación según generaciones y el modo en el que cambian las técnicas del cortejo de unas edades a otras.

Ya la tercera pareja de noche, la formada por Sara y Alba, de 18 y 19 años, dos jóvenes bisexuales que pasaban por una época lesbiana tras cansarse de los hombres. Sara, que desde el primer momento como una «friki» amante de los juegos de rol, el anime y el manga. Al comenzar la cena las jóvenes se pusieron a hablar de sus diferentes experiencias a la hora de descubrir su orientación sexual. Sara supo de su atracción por las mujeres a la tempranísima edad de 13 años, mientras que Alba tuvo que esperar ahasta su viaje de estudios para descubrirlo de una forma muy peculiar: se enamoró de una de sus amigas.

A lo largo de la conversación Sara dio pruebas de sobra de su frikismo y sus rarezas. Cuando empezaron a hablar de sus tatuajes, la joven explicó que el suyo que ponía «Sara» era efectivamente por su nombre, pero añadió una puntualización: «Tengo que ponerle dos equis al final, por si un día me despierto sin memoria así recordaré mi nombre y el siglo del que vengo». Alba quedó ojiplática cuando oyó sus palabras, pero se las tomó de buena gana y riéndose. El desenlace no pudo ser mejor: las dos chicas se marcharon con la perspectiva de una segunda cita.

Para cerrar el programa llegó la pareja más excéntrica de la noche, compuesta por la gallega Iria, de 27 años, y el barcelonés David, de 34 y al que no se le veía mucha experiencia en el trato con mujeres. Ella dijo desde un primer momento que se consideraba a sí misma rara y que buscaba a un hombre extraño como ella, y en eso no se equivocó el equipo de Sobera. Pero tal vez se pasaron de frenada.

David, aunque se le veía un buen chico y era una persona agradable, no cesó de monopolizar la conversación, hablando continuamente de sí mismo y de su propia vida, hasta que la gallega se hartó y tomó una drástica decisión: «A partir de ahora, que hable él solo porque total, no escucha...Ya no voy a hablar más». Así, los últimos minutos fueron un tanto incómodos y el deselance el esperado: cada cual a su casa tan soltero como había llegado.