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«Sully» (***): El héroe y el componente humano

«Es una película redonda sin el menor relleno, y sólida y ejemplar en muchos más sentidos de lo que parece»

En este par de líneas daremos por resumidas la grandeza, la edad, la filmografía y la mítica figura de Clint Eastwood, que estrena esta película y ya tiene la próxima anunciada. La fascinación de este clásico del cine por la figura del héroe y el enlazado entre lo real y lo legendario hacía previsible su interés por la figura de Chesley «Sully» Sullenberg, el piloto que realizó un aterrizaje de emergencia en el río Hudson y salvó a todos los pasajeros. Lo que no era previsible es que con esa historia de tres o cuatro terribles minutos lograra una película tan precisa y tan compleja y equilibrada sobre la toma de decisiones, el componente humano, las dudas sobre la opción elegida aunque resultara un éxito… La estructura sólida de su narración, donde entra lo real, lo virtual y lo «pesadillesco» del hecho, es decir, lo que pasó y la dos versiones de lo que podía haber pasado, y la integridad de su personaje, el comandante Sully, absolutamente encarnado en todas las virtudes que el cine ya otorgó al actor Tom Hanks (tan perfectamente completado en integridad y profesionalidad por Aaron Eckhart).

Conocidos los hechos por todo el mundo, Eastwood nos hace entrar a ellos por una puerta falsa, la pesadilla de «Sully» sobre lo que podría haber pasado al avión si él toma la decisión de volver al aeropuerto de La Guardia en vez de forzar un aterrizaje en el río Hudson. Grandísima manipulación cinematográfica, pues ya predispone al espectador de un modo tajante: lo ha visto, aunque sea en sueños. El resto de la película no consiste en alabar la hazaña, sino en advertir en la magnífica interpretación de Tom Hanks las dudas entre su instinto (salvador) y la realidad contraria que arrojan los datos de vuelo y los de los simuladores, que indican que hubiera podido aterrizar sin problemas en el aeropuerto en vez de poner en riesgo la vida de los ocupantes del avión. Y en ese duelo entre el instinto y lo científico (la ley) está el gran meollo de esta película y gran parte de toda la filmografía de Eastwood. Hay mucha grandeza en la sencillez con la que soluciona ese duelo en «Sully», una película redonda sin el menor relleno, y sólida y ejemplar en muchos más sentidos de lo que parece.

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