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«La primavera de Christine» (**): La guerra como aventura

Un antibelicismo primario, inocente, sin sesgo político ni rencor, pero en absoluto exento de inteligencia

La escritora austriaca Christine Nöstlinger es un fenómeno de ventas en lengua alemana. Mirjam Unger adapta su novela autobiográfica, en la que narra las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial a través de la mirada de una niña de nueve años. El suyo es por tanto un antibelicismo primario, inocente, sin sesgo político ni rencor, pero en absoluto exento de inteligencia.

A Unger le procupa la experiencia personal de la chiquilla, el drama de una familia vienesa atrapada entre los nazis (el padre deserta de sus filas) y los rusos, que no son juzgados con mayor benevolencia. Se convierten casi en refugiados en su propio país. En todo caso, no es una denuncia contra la barbarie.

La chiquilla canta canciones infantiles sobre Villa Pólvora, en un presente terrorífico de casas bombardeadas, ropas de muerto y hambre. Los mayores dramas no dejan de ser una aventura, aunque los padres no jueguen a «La vida es bella». Que los actores son magníficos se aprecia de un vistazo. Ni uno solo desentona. Sus miradas también importan, más que un guión al que cabía reclamar algo de brío.

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