Jacques (**): Mundo submarino

Las escenas de filmación submarina, pocas y rutinarias, apenas contienen un ataque de tiburones, una batida de leones marinos

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No he investigado, por falta de curiosidad, si este biopic de Jacques Cousteau es un ajuste de cuentas con un icono nacional o incurre en lesa hagiografía. Lo que sí es seguro es que escamotea la parte de su biografía que más interesaría a los cinéfilos: Cousteau fue un cineasta extremadamente prolífico, ganó la Palma de Oro en Cannes con ¡un documental!, «El mundo del silencio» (que le dirigió Louis Malle), y luego puso su firma a decenas de títulos que educaron a más de una generación de televidentes en los encantos

del documental de naturaleza.

De todo eso, que le convirtió en genuino «influencer» y precursor de National Geographic y canales similares se habla aquí lo justo, como con desgana. Es más agradecido sacarle en su yate y ver cómo se nos humedece el lagrimal esperando oír aquello de «En el cuaderno de bitácora del Calypso…» Spoiler: se nos priva de ese placer, y esa no es la menor de las traiciones que nos aguardan (ay, esto es como un biopic de Rodríguez de la Fuente sin lobos ni buitres leonados).

Las escenas de filmación submarina, pocas y rutinarias, apenas contienen un ataque de tiburones, una batida de leones marinos. A cambio, los autores de la película creen que lo que nos interesa son los problemas familiares de Cousteau (Lambert Wilson, como suele, un pelín antipático) con una aburrida Audrey Tautou o con un hijo que le sale rebelde… La moraleja, parece, es que la familia que bucea unida permanece unida, hasta que papá se convierte en una marca registrada.

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