La fractura familiar y la competitiva sociedad se han cebado con Jesús Rollán, considerado el mejor portero mundial de waterpolo. Deja atrás su impronta en cinco Juegos Olímpicos, sus platas en Barcelona 92 y Fukuoka 2001, así como el oro en Atlanta 96. Esta extrovertida persona -que presentó a la Infanta Cristina a Iñaki Urdangarín-, con motivo de su depresión, hace dos años se acogió al programa de Rafael Blanco (director general del Consejo Superior de Deportes) y estaba internado, desde hacía cinco meses, en el balneario de La Garriga. Su separación y los problemas para ver a su hija, así como su retirada en Atenas 2004, iniciaron el declive de esta alegre persona. Quince infortunados metros, la altura del balcón de su habitación, dividieron la vida y la muerte de Jesús. Su madre y a la vez abuela, siempre con él, quedó deshecha en la habitación contigua del balneario. Mi comprensión y cálido pésame para ella y toda la familia.
Blanco lo definió como «la imagen de la vitalidad, el espíritu del equipo, era de carácter muy extrovertido y siempre estaba dispuesto a hacer una broma y a levantar el ánimo a cualquiera». Es día para rezar por su alma y de inicio de la reflexión.
Reflexionar por la otra violencia oculta que no se cuenta, la del padre separado de su hija que, sin saberlo, inicia la cuenta atrás. Competición abandonada y familia rota juntas en una. La reflexión de una sociedad que, aún existiendo el apoyo de tus personas más queridas, jefes y compañeros, no son suficientes para desmontar la enorme injusticia que el sistema de ruptura familiar fomenta en España. Ésta es la otra verdad que prefiere no sacarse a la luz.
Empiécese a contar la verdad sobre todo esto, en la que miles de personas anónimas forman parte de las estadísticas en blanco, porque no interesa publicarse.
J. Carlos Navarro Muñoz. Mérida