EL RECUADRO

El toisón de Don Juan

«Nos han hecho creer que la Monarquía empezó con Don Juan Carlos»

Antonio Burgos
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Cuando el Jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército, de la que Sevilla es cabecera y a quien seguimos llamando por tradición «el capitán general», organiza algún solemne acto militar en la Plaza de España, al despedirme de él suelo decirle:

–Mi general: gracias por este ratito tan bueno de «convidá a Patria» que hemos echado.

Cuando ayer apagué el televisor por el que había seguido en directo desde Palacio la solemne entrega por Su Majestad el Rey («al cumplir sus cincuenta añitos», como decían en el disco dedicado de Radio Andorra) del Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a Su Alteza Real la Princesa de Asturias, porque no le iban a pasar la llamada, pero estuve por descolgar el teléfono para decir al Monarca:

–Antes que desearle feliz cumpleaños, y más sin la «fiesta sorpresa» que podían haberle preparado en el parlamento autonómico de Cataluña, ruego a Vuestra Majestad acepte mi agradecimiento por este ratito tan bueno de «convidá a Corona» que hemos echado muchos españoles partidarios por razones históricas de la Institución que el Señor representa.

En esta nación con Monarquía Parlamentaria aprobada constitucionalmente por los españoles, «Reino de España» solamente lo pone en el carné de conducir y en el fuselaje del avión del Ejército del Aire en el que SS. MM. o los miembros de su Gobierno hacen los viajes oficiales. Ayer sentimos que España olía a Reino. Sonaba a Reino cuando un cuarteto de cuerda tocaba el himno nacional que no necesita letra. Tú oyes la Marcha Real tocada por una banda de guerra de sólo cornetas y tambores y te parece que está saliendo el palio de una Virgen en Semana Santa. Pero oyes la Marcha Real a un cuarteto de cuerda en el Salón de Columnas de Palacio y sientes el orgullo de pertenecer a esta Patria a la que la Institución Monárquica devolvió las libertades, en un generoso gesto de Don Juan Carlos I que pocos han valorado, cual fue restituir a la soberanía nacional todos los poderes del Estado que en su persona había recibido del Régimen anterior.

Sonaba la Marcha Real a continuidad dinástica, consustancial con la Corona. En su supremo lenguaje de gestos, la Princesa de Asturias no recibía cualquier ejemplar del Collar del Toisón de Oro, que es una insigne condecoración, como las colombianas o las guajiras, de idea y vuelta. A la muerte de su titular, los familiares han de devolver a la Corona las insignias del Toisón. Así las devolvió mi querida familia Pemán o mi respetada familia Suárez. Podía haber recibido Doña Leonor uno de estos toisones de ida y vuelta. Pero no: su augusto padre le impuso simbólicamente justo el de su egregio bisabuelo, el de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. El de quien desde Lausana o Estoril encarnó durante muchos años la esperanza de que la Corona nos devolvería la democracia a España. El que para muchos de nosotros era el «Rey de Todos los Españoles». El que le enseñó esta suprema lección a su hijo Don Juan Carlos, «impulsor y promotor imprescindible de la Transición española y a quien tenemos que agradecer su liderazgo para lograr el sistema democrático en el que vivimos», como dijo Don Felipe VI.

Nos han hecho creer que la Monarquía Española empezó con Don Juan Carlos. De ahí el valor simbólico de la «convidá a Corona» de ayer. Si Don Juan Carlos fue ese «Rey de todos los españoles» que propugnaba Don Juan, Don Felipe está siendo algo más difícil todavía: «Rey de todas las Españas» en este tiempo convulso. Como el «Hispaniarum Rex» de los duros columnarios del Imperio. La Princesa que está llamada a ser la Reina de todas esas mismas Españas indisolubles, recibió de su padre ayer la lección de las palabras y la suprema de los gestos. De Oscar. Porque Don Felipe VI lo está haciendo de cine.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos