Antonio Ares Camerino

Territorio churrete Antonio Ares Camerino

No es de extrañar que se hayan olvidado de Cádiz al realizar el circuito de ciudades milenarias de Andalucía (Andalusian Soul)

Antonio Ares Camerino Cádiz - Actualizado: Guardado en:

Uno de los mejores diccionarios alternativos al de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) es el de María Moliner. Bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa, fue una mujer adelantada a su tiempo. Vetada por la machista institución que «limpia, fija y da esplendor» a la lengua cervantina, nunca le fue reconocido su ímprobo trabajo, de mas de quince años, que culminó cuando vio la luz su Diccionario del Uso del Español. En él se define «churrete» como sustantivo, masculino y dícese de «mancha que ensucia la cara, las manos u otra parte visible del cuerpo». No es una simple tacha, una salpicadura. La prueba de ello es que es capaz de crear un adjetivo calificativo, «churretoso», eso sí con cierto tono peyorativo. Menos cuando adorna la cara de un niño, en ese caso, esa mancha, resto del chocolate de la merienda, adquiere un tinte de belleza difícil de superar.

El churrete puede llegar a ser seña de identidad, y máxime cuando nos referimos a las cualidades que identifican a una ciudad. Tener una imagen identitaria como ciudad es fruto de un proceso histórico y cultural, de cientos de años que van conformando su perfil y su carácter, sus ciudadanos aportan o sustraen valor a lo conseguido con su comportamiento cotidiano. Dar un paseo por la que fue Tacita de Plata, por la ciudad que un día en sueños sonrió, es ir de un churrete a otro. El estado de abandono al que se ha llegado con nuestro patrimonio, con ese legado de siglos, es lamentable. Desde las Puertas de Tierra hasta las canalizaciones romanas de la Plaza de Asdrúbal, desde la Villa Romana de los Cuarteles de Varela a las frondosísimas Murallas de San Carlos, desde el Teatro Romano, el segundo más grande de España, hasta el controvertido espacio Entrecatedrales. Desde el abandono de los edificios mas emblemáticos del frontal caletero hasta los solares abandonados en manos de las administraciones. El Puente de la Pepa no ha llegado, ni por asomo, a ser ese referente de ingeniería majestuosa que haría más visible nuestra ciudad. De las plazas, jardines y zonas verdes, más vale no hablar. No hay parterre ni seto que luzca como es debido. La mayor parte de las fuentes ornamentales o no funcionan o simplemente sirven como depósito de suciedad. Si hablamos del comercio la desidia ya está instalada. Basta con comprobar nuestro horario comercial, a prueba de noctámbulos trasnochadores. Los cientos de miles de turistas que arriban cada año a nuestro puerto se las vean y se las desean para hacer compras mañaneras.

No es de extrañar que se hayan olvidado de Cádiz al realizar el circuito de ciudades milenarias de Andalucía (Andalusian Soul). Sevilla, Málaga, Córdoba y Granada, y sobretodo la administración autonómica, han omitido la fecha en la que se fundó Gadir.

Si en aquellos tiempos en los que coincidía el color político de los Gobiernos nacional, autonómico, provincial y local, no fueron capaces de dar a Cádiz ese lustre merecidísimo por su historia, por su cultura y por sus gentes, imagínense ahora donde los colores de la paleta política son mas que variados.

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