El Apunte - OPINIÓN

El Ejército en los tiempos de la cólera

La Casa Real y Cádiz renuevan sus vínculos con unas Fuerzas Armadas de todos

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Existe una gran documentación. Hay amplia bibliografía. Pero lo más importante es que hay cientos de familias, miles de ciudadanos, que guardan en su memoria sentimental muchos lazos de afecto con la Armada Española, en particular, y con los tres ejércitos, en general. Ese vínculo de cariño y respeto, de reconocimiento, se personifica de forma tradicional en el jefe del Estado. Juan Carlos I, antes, y desde hace poco más de tres años Felipe VI han encarnado esa sensación de pertenencia mutua, de colaboración entre las Fuerzas Armadas y la provincia Cádiz. Su situación estratégica y costera así lo ha requerido a lo largo de los siglos y el gaditano nunca ha permanecido ajeno a ello.

Durante la jornada de ayer en San Fernando y Rota se daba, de nuevo, el momento de volver a celebrar esta unión. La de una ciudadanía orgullosa de los que prestan un servicio fundamental para la seguridad de nuestro país, en unos tiempos en los que, afortunadamente, el ejército goza de un sólido prestigio social trabajado de forma discreta, casi invisible, en numerosos escenarios del mundo. En los más complicados.

Hoy, los tres ejércitos están repartidos por numerosos países del mundo en diferentes misiones humanitarias en las que toman parte a diario cientos de gaditanos, como héroes anónimos. A menudo, esos trabajadores de la solidaridad real, esos auténticos defensores de la democracia, vuelven a casa. Uno de sus hogares preferentes es la Bahía de Cádiz, como quedó patente ayer en La Isla de León y hoy lo será en el extremo Norte de la Bahía de Cádiz. El Rey Felipe VI siempre es el primero en dar la bienvenida para renovar el compromiso de la Casa Real con uno de los pilares incuestionables de un Estado que lo es –por derecho legal y propio– de sus ciudadanos, de sus integrantes.

Pese a que actualmente las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad del Estado gozan de ese merecido prestigio en la sociedad ganado a base de sacrificio y buen hacer, conviene subrayarlo con mayor energía y claridad en tiempos de confusión y desafío. Hay que celebrar como propios cada uno de sus éxitos, que no son pocos aunque a menudo silenciosos.

Los que tratan de presentarlos como entes represores o intimidatorios, simplemente, viven en un error. Se quedaron a vivir en una época que terminó hace bastantes décadas.

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