Luis Ventoso

Miopía inglesa

Asombra cómo se columpian sobre Cataluña los medios británicos

Luis Ventoso
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Si un historiador o periodista español se lanzase a analizar la historia o actualidad inglesa el resultado sería el siguiente: en Inglaterra no le harían ni puñetero caso. Pero nosotros necesitamos que los llamados «hispanistas» vengan a decirnos quiénes somos. Pueblo acomplejado, arrastramos un enorme papanatismo ante todo lo foráneo, en especial si procede del orbe anglosajón. Una y otra vez saludamos a jóvenes novelistas de barrio londinenses, autores de obras menores y coyunturales, como la enésima esperanza de la literatura, mientras despreciamos a narradores españoles de su quinta más dotados y ocurrentes. Seguimos la Premier arrobados, omitiendo el detalle de que la mayoría de sus partidos son un truño. Creemos que Londres marca la moda, cuando en las calles de la Europa real quienes lo hacemos somos nosotros con Inditex y Mango. Ponemos a nuestra sanidad a parir, pero he acudido con 39 de fiebre a un consultorio público británico que era un cuchitril en un sótano, con un médico con rictus de apatía infinita, que me despachó sin mirarme a la cara y supongo que me diagnóstico por telepatía.

Conviene denunciar que medios ingleses de fuste están haciendo gala de una berza notable ante Cataluña. No es la primera vez que se ensañan con España. En lo más crudo de la crisis, las biblias económicas londinenses nos hicieron mucho daño al retratarnos con inquina como un desahuciado irrecuperable. Hoy crecemos el doble que el Reino Unido. Ante el golpe separatista, la prensa británica tiende a ver a los sediciosos como luchadores románticos por la libertad, que se enfrentan a un Estado opresor. Por supuesto no falta alguna comparación con la represión franquista y jamás destacan las historias de acoso a la mayoría que se siente catalana y española. En su praxis, los medios ingleses no admiten que la española es hoy una democracia homologable a la británica, tan respetable como ella (o más, pues aquí no sufrimos la anomalía de una cámara no electa). Critican que el Rey y el Gobierno traten de embridar a quienes se saltan la Constitución, como si nuestras convenciones constitucionales no fuesen tan dignas de observancia como las suyas, que por supuesto jamás permitirían que fuesen vulneradas por una insurrección. Incurren también en errores gruesos. «The Times» continuaba hablando en su editorial de 900 heridos por la policía en el 1-O, cuando solo hubo cuatro atendidos en hospitales. Siguen demandando al Gobierno gestos en favor del idioma catalán, cuando hoy en Cataluña está prohibido rotular en español y es tarea de héroes aspirar a una educación mayoritariamente en castellano. La abrumadora manifestación pro española de Barcelona ha sido ninguneada. También la espectacular fuga de empresas a otras ciudades de España.

Entiendo por qué lo hacen: están sudando tinta con su absurdo Brexit frente a una UE que los está goleando, así que buscan vías para debilitarla. Pero desconcierta leer «The Economist» o «The Guardian» y tener que ir a su mancheta a ver si aparece Ada Colau. Todo mejoraría, por supuesto, con un Gobierno que trabajase en serio la comunicación. Pero eso en el Planeta Mariano semeja ciencia-ficción.

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