¿Cuál va a ser el relato electoral?

La pregunta es qué van a inventarse estos cuentistas para seguir engañando a sus votantes

Carlos Herrera
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Hoy es el día en el que los políticos presos cumplen un mes de prisión. Y hoy es el día en el que el juez del Supremo que entiende su causa les interroga para ver si les deja en libertad. Tanto los Jordis como Junqueras y su troupe deberán explicarle al togado, de viva voz, tanto su contrición como su propósito de enmienda, de lo contrario seguirán pasando unos entretenidos días bajo custodia. Ignoro cuál será la fórmula por la que optarán, si buscar algún acomodo semántico que les permita luego justificarse ante su clientela o no, pero el mensaje ha de ser claro y conciso: no solo obramos mal sino que no volveremos a hacerlo. Es decir, modelo Forcadell. Probablemente después de eso puedan volver a casa e integrarse en la campaña electoral que está a punto de comenzar, pero no conviene olvidar que el proceso por el que se les juzga sigue adelante y que antes o después se sentarán ante un tribunal y que éste deberá decidir si delinquieron y, en ese caso, imponer su pena correspondiente.

Los presos preventivos han presentado un escrito en el que dicen acatar el 155 "por imperativo legal", que es la golfada aquella que se inventaron los de Batasuna para jurar o prometer la Constitución y tomar posesión de sus escaños, fórmula que repite todo cretino que se precie. Seguramente con ello no bastará; el juez precisará alguna muestra más de afecto por la legalidad, es decir, un reconocimiento claro del ámbito legal en el que deben moverse circunscrito él a la Constitución, que deben acatar sin dudas. Mentirán todo lo que puedan, como acostumbran, pero no tendrán más remedio que decir lo anterior, aunque luego se laven la boca con salfumán. Pero, si me apuran, el problema, o la gran duda, no es esa.

Saldrán de la cárcel y se pondrán a hacer campaña. Bien. Pero, ¿cuál va a ser su relato? Se me antojan muchas preguntas y todas tienen que ver con la construcción de su discurso electoral. Digo yo que si han salido de la cárcel jurándole al juez un acatamiento a la Constitución de agárrate y no te menees, no será cosa de ponerse a vocear la República al día siguiente en un mitin en Berga. Ya me imagino que censurarán el 155, lamentarán la existencia de "presos políticos" y llorarán sobre la leche derramada... Pero, insisto, ¿cuáles serán las nuevas recetas? El constitucionalismo tiene un discurso de confección mucho más clara, evidentemente, pero el independentismo no puede situarse de nuevo en la casilla de salida, empezar a reivindicar una República inexistente, pavonearse de la construcción de un estadito que ha resultado una casita de papel o anunciar vías unilaterales para la consecución de objetivos políticos. Pueden seducir a sus votantes asegurándoles el carácter plebiscitario de las elecciones, dándoles a entender que una votación masiva conseguirá hacer realidad sus sueños, pero saben mejor que nadie que todas las chorradas que se han inventado durante años no son reciclables y ofertables en esta cita electoral.

El proceso que ha llevado a Cataluña a una situación cercana a la parálisis institucional –si no empresarial y social– no puede reiniciarse como si no hubiera pasado nada: nadie en su sano juicio cree que pueda retomarse la sinrazón que se tejió comité a comité y decretito a decretito y asignación a asignación. El empeño por parte de los votantes independentistas de recrearse en un imposible puede resultar conmovedor y algo melancólico, pero hasta el más tonto de los tontos sabe que hay que parir un nuevo discurso que disimule los errores del anterior. Esa es la gran duda de esta campaña: ¿qué van a inventarse estos cuentistas para seguir engañando a sus votantes? Lo sabremos en cuanto salgan de la cárcel.

Carlos HerreraCarlos HerreraArticulista de OpiniónCarlos Herrera