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El Cervantes, al callejón/ «embajada» catalana Vip

Luis Ventoso - Actualizado: Guardado en:

Como saben, la cantante Madonna es sucesivamente monógama. Entre 2000 y 2008, la veterana diva estuvo casada con el director de cine inglés Guy Ritchie. Madonna se mudó entonces a Londres e inscribió a su prole para estudiar en el Liceo Francés. La enorme embajada cultural gala ocupa una manzana completa en South Kensington, que por su influjo se considera el barrio francés. A un paso discurre Exhibition Road, avenida elegante y semipeatonal, siempre atestada por sus célebres museos. Allí se encuentra el edificio del Instituto Goethe, que promociona el alemán y la cultura germana.

El español es el tercer idioma más hablado. Pero dado que el primero es el chino, que se limita prácticamente a su país, en realidad el castellano es hoy la segunda lengua global tras el inglés. Hablan español 518 millones de personas, cifra que dobla al francés (229 millones) y cuadriplica al alemán (130 millones). Pues bien, el Instituto Cervantes de Londres, la embajada cultural más antigua de España en el exterior, se traslada el próximo lunes… ¡a un callejón! Mientras franceses y alemanes hacen una notoria promoción de su cultura, nosotros continuamos sin acabar de explotar con fe nuestro idioma, «el petróleo de España», en expresión de Rodríguez Lafuente.

El Cervantes londinense se encontraba hasta ahora en un edificio del hiperlujoso Belgravia, barrio tan bonito como mortecino, pues allí solo quedan plutócratas y embajadas. La sede se adquirió con un modelo de larguísimo arrendamiento en 1941, para acoger lo que entonces se llamaba Instituto de España. En los agobios de 2012, cuando España rozó la quiebra, Hacienda ordenó vender la sede para hacer caja y buscar algo más asequible. El Cervantes se muda ahora al Strand, en el este de Londres. A priori no es mala idea. Es una zona más cercana a la City, de más trasiego y con mejor transporte. Además se ganará espacio para más aulas y se mantendrá la estupenda biblioteca. El problema es que la sede estará en una vía encajonada y oculta, y sin escaparate a la calle.

Muy cerca del callejón del Cervantes, corre la ilustre Fleet Street, que fue la calle de la prensa. Allí, en lo alto de uno de los edificios singulares de la ciudad, uno de los tres que sobrevivieron al gran incendio de la City de 1666, ondea la señera catalana. Es la sede de su «embajada».

Esto es lo que hay. Un país amenazado por el separatismo, que en buena media es un debate de ideas, ha suprimido el Ministerio de Cultura. Por su parte, Zapatero y De la Vega, aquellos Einstein, asfixiaron a Televisión Española para primar a unas cadenas que machacan la imagen de España.

En Londres abundan las tiendas y restaurantes españoles, todos con buenos escaparates que acreditan nuestra pujanza. Pero no se ha encontrado dinero para que el español y la cultura española tengan una ventana a la calle. Una diplomacia alicorta, que en lugar de apostar muy en serio en las metrópolis globales, mantiene centros en Dakar, Nicosia, Gibraltar, Alburquerque… En paralelo, medra robusta la red de «embajadas» de la administración separatista catalana. Costeada con el dinero de un rescate que ha sufragado el Estado español. Delirios de esta España incierta.

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