Natural - Biodiversidad

Incendios: Prevenir, mejor que apagar

En España los medios de extinción de incendios forestales son muy eficaces. Sin embargo, falla la prevención, que evitaría que ardan miles de hectáreas

Zona quemada en Muiños (Galicia)
Zona quemada en Muiños (Galicia) - AFP

Cada año se producen en España unos 13.000 incendios forestales. De ellos, más de la mitad, el 65 por ciento, se quedan en fase de conato, arrasando menos de una hectárea. De los que sobrepasan esta extensión, alrededor del 99,8% se apagan antes de que se convierta en un gran incendio forestal, que son aquellos en los que las llamas queman más de 500 hectáreas.

Las condiciones meteorológicas son decisivas para que un fuego se convierta en un gran incendio forestal. El peor pronóstico lo tienen aquellos que se producen bajo la denominada «regla de los 30», capaz de provocar el «incendio perfecto»: temperatura de más de 30 grados, vientos de más de 30 kilómetros por hora y humedad inferior al 30%. Aún hay un cuarto factor que puede facilitar de forma decisiva el avance del fuego: las zonas de orografía compleja, frecuentes en nuestra geografía, que impide que los dispositivos de extinción puedan acceder de una forma fácil.

Aún así, como media, solo unos treinta fuegos, de los 13.000 que se inician cada año, llegan a convertirse en grandes incendios forestales que se escapan de los dispositivos de extinción. Estas cifras tienen una doble lectura. Por un lado, dejan claro que en España somos muy buenos apagando fuegos: el 65% de los incendios se extinguen en fase de conato y se saldan con menos de una hectárea quemada. Sin embargo, también reflejan que no somos tan buenos evitando que se produzcan. Es decir, que nos falla un aspecto tan importante como la prevención, denuncia la organización WWF España.

«Hace medio siglo invertíamos diez veces más que hoy en los Bosques»

Los últimos incendios de Alicante y Orense son un triste y claro ejemplo. En Alicante, las condiciones climatológicas jugaron en contra y ardieron más de mil hectáreas. En Orense, las llamas arrasaron en dos díascasi 6.000 hectáreas. Las condiciones climátológicas y la orografía son factores de riesgo que no podemos modificar. Pero sí podemos actuar frente a un quinto factor decisivo, como explica Lourdes Hernández, portavoz de incendios forestales de WWF. «Otro aspecto que hace que un incendio se escape a los medios de extinción es el modelo forestal de la mayor parte de España: masas arboladas sin planificación ni gestión, donde los usos han sido abandonados y hay gran cantidad de combustibles muertos en el monte, que hace que el fuego se propague con rapidez».

La solución, apunta Lourdes Hernández, pasa por «una política forestal activa que reduzca la vulnerabilidad actual de las masas arboladas. A nivel de presupuestos, con carácter general las Comunidades autónomas destinan el 80% a las labores de extinción, frente al 20% que va a las labores preventivas. Esto hace que seamos buenos apagando incendios. Pero teniendo en cuenta que hay 13.000 fuegos al año, es muy importante la prevención».

La paradoja de la extinción

Sobre este punto de la prevención hay total acuerdo científico y técnico entre organizaciones ecologistas y el colectivo de ingenieros de Montes. «España se ha dotado durante las pasadas décadas de un sistema de actuación inmediata capaz de extinguir más del 90% de los incendios en los primeros momentos. Esto ha aumentado mucho la eficacia de la extinción y reducido la superficie afectada. Sin embargo se produce también la denominada paradoja de la extinción, que comporta que al aumentar la eficacia de la extinción, si no se aborda una mejora del estado de los bosques mediante la gestión forestal, aquellos pocos incendios que se escapen por simultaneidad o condiciones meteorológicas extremas podrán devenir catastróficos y perderse buena parte de lo ganado. apunta Eduardo Rojas, decano del Colegio de Ingenieros de Montes.

«Los bosques rentables arden menos que las masas forestales abandonadas»

Se trata de entender la prevención más allá de las infraestructuras como pistas, cortafuegos, balsas de agua o sistemas de aviso, para incluir el estado del bosque. «Si se compara con la política sanitaria, no se trata solo de disponer de desfibriladores estratégicamente situados, sino de mejorar la salud de los pacientes para prevenir así enfermedades», aclara Eduardo Rojas. Lourdes Hernández incide en este aspecto: «El 20% destinado a prevención va enfocado a la apertura de pistas y cortafuegos, mantener limpias cunetas y habilitar puntos de agua, medidas importantes si están bien planificadas. Pero esto no basta. Hay que trabajar sobre la propia masa forestal, recuperar la rentabilidad del monte, que vuelva a ser atractivo para quienes viven a su alrededor, porque está comprobado que así arden menos que los abandonados. Y España en este sentido tiene gran potencial, se puede integrar la ganadería extensiva para que controle el combustible de forma ordenada y compatible con la regeneración de las masas». Y apunta que las ramas caídas, que se acumulan secas y con gran potencial combustible en el monte, pueden aprovecharse como «biomasa forestal, que promueva una política energética más sostenible».

Desde el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente recuerdan que colaboran con las autonomías para hacer rentable las actividades relacionadas con los aprovechamientos en el sector maderero, la ganadería, el relanzamiento de productos no maderables como la resina, las setas, la caza o la pesca, por ejemplo.

Para el decano de los ingenieros de Montes, «falta voluntad política y social para entender que no podemos vivir de espaldas al 55% de nuestro territorio, que es forestal, demandándole todo tipo de servicios sin establecer mecanismos de retorno que aseguren la gestión de calidad necesaria para hacer a nuestros montes menos proclives a los incendios y con mejor respuesta a las demandas sociales. Esto comporta un cambio de actitud capaz de movilizar los recursos».

Recuerda Rojas que hace medio siglo «invertíamos en términos del PIB diez veces más que hoy» en los bosques, al tiempo que aboga por apostar por las oportunidades que la bioeconomía nos ofrece: «Los bosques pueden ser clave en la lucha contra el cambio climático, al dar alternativas sostenibles a las energías fósiles y a materias primas no renovables como el cemento y el hierro, especialmente en la construcción».

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