Vladímir Putin durante la toma de posesión de su cuarto mandato - REUTERS

Putin toma posesión por cuarta vez en una ceremonia fastuosa y con aires imperiales

Como en ocasiones anteriores, el mandatario cuenta con su hombre de confianza, Dmitri Medvédev, a quien revalida como primer ministro

CORRESPONSAL EN MOSCÚActualizado:

En una solemne y pomposa ceremonia en la fastuosa sala de San Andrés del Kremlin, a la que asistieron más de 5.000 invitados, incluyendo al ex canciller alemán, Gerhard Schröder y al actor Steven Seagal, el presidente Vladímir Putintomó el lunes posesión para un nuevo mandato de seis años. Obtuvo la victoria en los comicios del pasado 18 de marzo con casi el 77% de los votos, su mejor resultado hasta ahora.

Tal y como establece la Constitución rusa, el Gobierno dimitió el lunes en pleno y el primer paso de Putin al comienzo de su nueva andadura ha sido presentar a la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) la candidatura al puesto de primer ministro. Ha resultado ser la de su delfín y compañero de tándem, Dmitri Medvédev, que ha venido dirigiendo ya el Ejecutivo desde 2012 y fue presidente entre 2008 y 2012. De manera que todo vuelve a quedar en casa.

Medvédev inició ya este lunes la ronda de consultas con los distintos grupos parlamentarios y, de momento, el único reticente a apoyarle en la votación que probablemente tenga lugar este martes, es el del Partido Comunista. Esta circunstancia no evitará seguramente que sea ratificado por la Duma en el puesto de jefe del Gobierno, ya que la fracción que encabeza, Rusia Unida, y de la que Putin es líder carismático, ostenta la mayoría en la Cámara.

Hombre de confianza

El tándem Putin-Medvédev surgió ante la necesidad del primero de mantenerse en el poder tras finalizar su segundo mandato consecutivo en 2008. La Constitución no permite que una misma persona ocupe la Presidencia más de dos mandatos seguidos. Así que fue Medvédev el encargado de guardarle el sillón mientras Putin se ponía al frente del Ejecutivo. En 2012, se intercambiaron.

Medvédev pudo haber seguido, pero su mentor no se lo permitió. Le demostró a Putin, no obstante, que es muy de fiar. La figura del primer ministro es crucial, ya que, si le pasara algo al jefe del Estado, se haría cargo interinamente de la Presidencia y tendría que convocar nuevas elecciones. Pese a las críticas recibidas desde algunos sectores por su política, que en definitiva es la que le marca el Kremlin, Medvédev cuenta con la confianza total de Putin.

Con la mano derecha puesta sobre un ejemplar de la Constitución rusa, el presidente pronunció el juramento de «respetar y defender los derechos y libertades de la ciudadanía, obedecer y salvaguardar la Constitución de la Federación Rusa, defender la soberanía y la independencia, garantizar la seguridad y la integridad territorial del Estado, y servir al pueblo con lealtad».

Tras sonar el himno ruso, Putin dirigió un breve discurso a los presentes en el que aseguró que esta vez Rusia experimentará «un gran salto adelante» en su avance económico. Aunque resulte paradójico, aseguró que «el fundamento más sólido para el desarrollo de Rusia deber ser la sociedad civil en libertad». El sábado, en una veintena de ciudades rusas, tuvieron lugar manifestaciones en contra de su toma de posesión que acabaron con 1.600 detenciones.

«Orgullo patrio»

Putin habló también de «victorias grandiosas» de Rusia y de que «no todas las heridas históricas están cicatrizadas». Dijo que el país debe demostrar «dinamismo» para hacer frente a los retos actuales y prometió que «haré todo por el progreso y la gloria de Rusia». Así mismo, volvió a dar las gracias por el apoyo recibido en las elecciones. Según sus palabras, tal respaldo «es importante para defender nuestras posiciones en el terreno internacional y para realizar acciones decisivas en aras de propiciar profundos cambios positivos en el país». También para garantizar la «capacidad defensiva» del país. Putin, que nunca ha cedido para llegar a acuerdos con Occidente, afirmó estar abierto al «diálogo», pero en términos igualitarios. «Hemos aprendido a defender nuestros intereses, recuperado el orgullo patrio y reafirmado nuestros valores tradicionales».

El ceremonial en el Kremlin incluyó pasar revista a la guardia presidencial, formada en la Plaza de las Catedrales, 30 salvas de honor y un encuentro con jóvenes voluntarios preparados para asistir a los aficionados que acudan al Mundial de Fútbol Rusia-2018, que comienza el 14 de junio.

La anécdota del día corrió a cargo de la nueva limusina de Putin, totalmente fabricada en Rusia, que utilizó solamente durante los 300 metros escasos que separan el edificio administrativo, en donde se encuentra el despacho presidencial, del Gran Palacio del Kremlin. El vehículo, cuyo precio cuando se produzca en serie se calcula que alcanzará los 10 millones de rublos (133.000 euros), debió sufrir un percance porque fue retirado a un lugar al fondo del parque del Kremlin y Putin se subió después a su Mercedes.

El recién investido jefe del Estado firmó varios decretos, uno de ellos sobre la «los objetivos y la estrategia nacional hasta 2024», que prevé detener la caída demográfica, elevar la esperanza de vida y los ingresos de la población, disminuir la pobreza, un plan de vivienda y logra que el país se sitúe entre la cinco principales economías mundiales.

Putin ocupó ya la Presidencia tres veces, la primera entre 2000 y 2004, la segunda entre 2004 y 2008 y la tercera entre 2012 y 2018. Gracias a una reforma constitucional de Medvédev, los mandatos presidenciales tienen ahora una duración de seis y no de cuatro años.

La situación en la que esta vez Putin tendrá que ejercer el poder son las peores con las que se ha encontrado hasta la fecha a causa de las sanciones, el aislamiento internacional y la confrontación con Occidente.