El hijo de Pablo Escobar - EFE

El hijo de Pablo Escobar: «Me amenazaron porque me iba a convertir en mi padre y ahora porque no lo hice»

Marroquín cree que la mezcla de «noticias reales y mentirosas» de la vida de su padre han creado un mito. «Cualquier mentira que te quieras inventar sobre de él parece ser creíble»

MadridActualizado:

Juan Pablo Escobar, el hijo del narcotraficante más famoso de Colombia, no puede volver a su país. «Mi sueño de vivir allí se trunca otra vez por las amenazas de muerte de este fulano, que hace las veces de sheriff de Medellín». Se refiere a Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, quien fuera jefe de los sicarios de su padre.

Para Juan Sebastián Marroquín (se cambió el nombre de Juan Pablo Escobar en 1993, algo que que «durante cinco años le permitió el privilegio de no ser nadie»), los narcos y los sicarios fueron «sus mejores amigos» durante su infancia y adolescencia, reconoce a ABC durante la presentación de su libro «Lo que mi padre nunca me contó» (Ed. Península). Hoy, dice, «la mayoría están muertos, pero los que sobrevivieron y dan la cara son los que le vendieron». Desde hace un tiempo ha recibido amenazas de muerte por parte del sicario reconvertido en youtuber tras 20 años de prisión: «Que hoy sufra amenazas de muerte por un bandido que en vida se le torció a mi padre, que no le fue leal, y me acusa de cobarde porque no me convertí en mi padre es de locos».

Marroquín cree que la mezcla de «noticias reales y mentirosas» de la vida de su padre han creado un mito. Algo que tiene un importante riesgo: «Cualquier mentira que te quieras inventar sobre de él parece ser creíble». Por ello su sentimiento es que hay que manejar la historia con mucha responsabilidad.

En este sentido, lanza un dardo a la serie de Netflix «Narcos» y recoge una relación de 28 errores que contiene la serie y que «dista muchísimo de ser veraz, insultando así la historia de toda una nación y de muchísimas víctimas y familias». Entre las que enumera: que su abuela paterna no fue «tan tierna» como la pintan y que incluso se alió con los Pepes. O sobre si la presentadora Virgina Vallejo estaba «tan enamorada de mi padre que hasta rechazaba el dinero. Dos mentiras en una». «Esta mujer nunca fue tan cercana, solo fue una más en su larga lista de infidelidades»

Testimonio de víctimas y enemigos

Con ánimo de completar el relato sobre quién fue Pablo Escobar y de obtener la reconciliación, Marroquín incluye en el libro el relato de los hijos de las víctimas de su padre, como el de Barry Seal, el piloto a quien ordenó matar después de que le fotografiara en Nicaragua en 1984 con un cargamento de cocaína y que hoy son las únicas imágenes existentes de Escobar con un cargamento de droga. También se entrevistó con William Rodríguez Abadía, hijo de uno de los fundadores del cartel de Cali Miguel Ángel Rodríguez Orejuela, quien puso una bomba en el edificio Mónaco en un intento por acabar con Escobar y donde se encontraba en ese momento su familia.

Según Marroquín, tras la explosión Escobar recibió una llamada. «Alcancé a escuchar lo que dijo en tono cordial: "Bueno, hombre, muchas gracias". Luego colgó y soltó la frase: "Ahí llamaron esos hijoeputas, a ver si había quedado con vida o no"». Fue la primera vez que escuchó hablar del cartel de Cali, cuenta en el libro. «Si hoy hubiérmos seguido con las enseñanzas de los viejos tiempos, nos tendríamos que haber matado a tiros». Pero no. Hoy prefiere buscar el perdón de víctimas y victimarios.

Marroquín también se vio con el exdirigente del M-19 Otty Patiño, que asegura que Escobar no financió ni tuvo relación alguna con el asalto al Palacio de Justicia o que tampoco llegó a tener nunca la espada de Simón Bolívar en su poder. Sin embargo, Marroquín sí defiende que la CIA estuvo involucrada en el negocio de las drogas para financiar así la lucha anticomunista en Centroamerica.

«Ahí están hasta las fotos [las que tomó Barry Seal], tomadas en un avión que era de Pablo Escobar y que se lo había comprado la CIA. ¿Y por qué la CIA le vendía aviones a narcos y asesinos de ministros? Son preguntas que no tienen respuesta», dice hoy su hijo. En esa imagen, defiende, se veía a funcionarios sandinistas, soldados nicaraguenses, a su padre, al Mexicano y a Barry Seal, que entonces era «agente de la CIA en activo».

Un piso de soltero a los 11 años

Aunque Marroquín dice que ha tenido que investigar para conocer la vida criminal de su padre, sí guarda más recuerdos de la vida familiar. De cómo, desde que cumplió los 7 años, Escobar reconocía cuáles eran sus crímenes mientras veían las noticias o cómo a sus 11 años le regaló su primer «apartamento de soltero» con espejos en el techo del dormitorio. A los 14 llegó su primer Ferrari: «Me duró tres días».

En aquella época, reconoce no comprendía con exactitud la dimensión de lo que significa ser un bandido. «Estaba fuera de mi capacidad de comprensión entender la gran organización criminal internacional que estaba tras la espalda de mi padre». Fue algo que comprendió con el paso de los años. «Era algo duro, crudo».

—¿Nunca le preguntó por qué lo hacia? ¿Por qué se dedicaba a eso?

—Mi padre eligió esa realidad, ingresó en la universidad para ser abogado y para ser contador pero lo dejó por falta de recursos. Desde ese momento me dijo: «Tienes que tomar las oportunidades que yo no pude». Cuando quieres a tus hijos, y eres Pablo Escobar, si los quieres de verdad no vas a querer que repitan tu historia. El me lo dijo más de una vez: «Yo ya no tengo salida, pero tu tienes todavía una oportunidad». La tomé y me quieren matar por ello. Mundo de locos.