El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson
El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson - AFP 

Estados Unidos no descarta una acción militar contra Corea del Norte

Tras visitar el Paralelo 38, la última frontera de la Guerra Fría, el secretario de Estado, Rex Tillerson, advierte de que «se ha acabado la paciencia» con Kim Jong-un

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

Tras visitar el Paralelo 38, la frontera entre las dos Coreas y última división que queda de la Guerra Fría, el máximo responsable de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson, ha asegurado este viernes en Seúl que «se ha acabado la paciencia estratégica» con el régimen del joven dictador Kim Jong-un. «Estamos explorando una nueva gama de medidas diplomáticas, económicas y de seguridad. Todas las opciones están sobre la mesa», señaló junto al ministro de Exteriores surcoreano, Yun Byung-se, según informa la agencia de noticias Yonhap.

En su primera gira por Asia, Tillerson hace pública la «nueva aproximación» al régimen estalinista de Pyongyang que ya avanzara el jueves durante su escala en Japón. Tras dos décadas de negociaciones y sanciones contra Corea del Norte que tildó de fallidas, la nueva Administración del presidente Trump se propone adoptar un tono mucho más contundente que Obama.

«Corea del Norte debe comprender que el único camino hacia un futuro seguro y próspero es abandonar el desarrollo de bombas nucleares, misiles balísticos y otras armas de destrucción masiva», advirtió el secretario de Estado, quien no descartó una acción militar. «Si Corea del Norte lleva a cabo acciones que amenazan a las fuerzas surcoreanas o a las nuestras, se encontrará con una respuesta apropiada. Si elevan las amenazas de su programa armamentístico a un nivel que requiera una acción, esa opción está sobre la mesa», retó Tillerson. Además de llamar a todos los países, incluido China, para «implementar completamente las sanciones de la ONU contra Corea del Norte», descartó aceptar la congelación de su programa nuclear con el fin de retomar las conversaciones sobre su desarme.

Tras más de veinte años de tira y afloja, Washington intenta de nuevo hacer frente al desafío de Corea del Norte, que lleva ya cinco ensayos atómicos desde 2006 y ha anunciado que este año tendrá listo un misil intercontinental capaz de golpear a EE.UU. con una cabeza nuclear. Aunque se trata de la habitual fanfarronería de este anacrónico régimen estalinista, que se aferra a su programa militar para perpetuarse en el poder, la Casa Blanca no oculta su preocupación por las provocaciones cada vez más peligrosas de Kim Jong-un.

En juego está no solo la estabilidad en el nordeste de Asia, donde siguen acantonados 28.000 soldados estadounidenses, sino también la relación de Washington con sus dos principales aliados en la región: Japón y Corea del Sur. Durante la campaña electoral, Donald Trump había anunciado que quería un incremento de la participación económica de ambos en su defensa, pero tanto él como Tillerson no han dudado en garantizarles su protección militar.

En este sentido, EE.UU. ya está desplegando en territorio surcoreano un escudo antimisiles (conocido por sus siglas en inglés, THAAD) que debería estar operativo este año. Sin embargo, la inestabilidad política que vive Corea del Sur tras la reciente destitución de su presidenta por el escándalo de corrupción de su amiga la «Rasputina» puede dar al traste con tales planes. Con elecciones anticipadas convocadas para el próximo 9 de mayo, el candidato de la oposición, Moon Jae-in, parte como favorito y ya ha prometido detener inmediatamente la instalación del escudo antimisiles para volver a reconsiderarlo.

Aunque dicho escudo tiene como misión protegerse de las amenazas de Kim Jong-un, se ha encontrado con el rechazo de China, que considera que sus radares pueden espiar su territorio y mermar su capacidad militar. Tras pasar por Seúl, Tillerson vuela este sábado a Pekín, donde intentará tranquilizar a las autoridades chinas sobre el escudo y buscará su apoyo para que presionen a Corea del Norte.