Cuatro litigios hacen de Trump el presidente más acechado por la ley

El caso Stormy Daniels, con un posible delito electoral, supera en amenaza a la trama rusa

Los fantasmas del pasado y los errores propios agravan el horizonte judicial de Trump

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Donald Trump está empeñado en hacer historia en todos los ámbitos. El «outsider» que irrumpió en la política estadounidense con la promesa populista de «limpiar el pantano», comparando al Washington conquistado en las urnas con una ciénaga corrompida por los políticos, no ofrece precisamente una imagen impoluta. Los fantasmas que ya arrastraba del pasado y los errores propios de una verborrea incontenible han convertido a Trump en el presidente de la historia reciente más acechado por la Justicia. Hasta cuatro frentes legales agravan su presente y su futuro presidencial, aunque no esté claro aún si el controvertido ocupante del Despacho Oval terminará afrontando un proceso de «impeachment» (juicio del Congreso para su destitución), como le ocurriera a Bill Clinton.

Los expertos rememoran estos días la decisiva resolución que adoptó la Corte Suprema en 1997 para permitir que pudiera actuarse contra el presidente de Estados Unidos por actos cometidos fuera de su mandato. Fue la antesala del proceso de «impeachment» que se abrió contra Bill Clinton, después de que, presuntamente, hubiera cometido perjurio y obstrucción a la Justicia dentro del llamado caso Paula Jones, la funcionaria del estado de Arkansas que le denunció por acoso sexual cuando era gobernador.

Aunque Trump tiene en común con su predecesor demócrata su promiscuidad sexual y su afición a las relaciones extramatrimoniales, algunas de ellas derivadas en denuncias por acoso, la gama de litigios legales contra el actual presidente destaca por su diversidad temática. La llamada trama rusa, procedente de la campaña presidencial como una suerte de pecado original que marca el mandato, se acerca a su momento crítico con el inminente interrogatorio de Trump a cargo del fiscal especial. La investigación liderada por Robert Mueller para determinar su posible conspiración electoral con Putin, junto a un presunto delito de obstrucción a la Justicia, siguen constituyendo el gran asunto político-judicial que pesa como una losa en el día a día de la Casa Blanca. La reciente amenaza de Mueller de recurrir a una citación judicial si el presidente se resiste a acudir al interrogatorio, ha elevado el grado de tensión, ahora que las pesquisas podían entrar en sus meses finales. Aunque la no menos contundente respuesta de Trump, contratando a Emmet T. Flood, el abogado que salvó a Clinton del «impeachment», conocido por sus tácticas agresivas, auguran una guerra legal de trincheras. A sólo seis meses de los comicios legislativos del midterm (medio mandato), algunas fuentes ya apuntan que el fiscal especial puede acelerar el ritmo para evitar que la lucha electoral condicione su labor. En todo caso, el propio Mueller reconoció hace no mucho internamente que no dispone aún de pruebas suficientes para actuar contra Trump.

Paradójicamente, en lo que parece ser un «déjà vu» con lo que le ocurriera a Clinton, un caso en principio menor, como el del pago de dinero para comprar el silencio de Stormy Daniels, la actriz porno que reitera haber tenido un affaire con Trump en 2006, parece erigirse hoy en la gran amenaza. Sus derivaciones implicaron inicialmente a Michael Cohen, el exabogado de Trump que ingresó en una cuenta bancaria de la Daniels los 130.000 dólares en que valoraron el soborno. El registro del despacho y la casa particular de quien estaba considerado el «chico para todo» del magnate, ha inquietado especialmente a Trump. En un primer cambio de versión, el presidente reconoció haber reembolsado el dinero a Cohen. La nueva estrategia obedece a un intento de desviar la atención del posible delito contra la ley de financiación electoral derivado de usar dinero recaudado para la campaña en la protección de la candidatura. Trump teme que no sea el único giro en un caso que habría puesto en manos de los investigadores información comprometida para el presidente.

Aunque la trepidante labor mediática mantenga en el olvido los otros frentes, Trump también afronta una demanda por difamación de Summer Zervos, quien fuera concursante del programa televisivo que él dirigió, «El Aprendiz». Cuando la llamó “mentirosa” por declarar haber sido acosada sexualmente por el magnate, Zervos decidió acudir a los tribunales. Mientras, en Maryland y Washington DC se tramitan sendas denuncias contra el presidente presentadas por doscientos congresistas demócratas. Alegan que Trump ha violado la Constitución admitiendo «emolumentos de gobernantes extranjeros», al alojar en el Trump International Hotel, de su propiedad, a muchos altos cargos de todo el mundo.