Rob Porter (izquierda), junto al presidente Trump
Rob Porter (izquierda), junto al presidente Trump - REUTERS

Tormenta en la Casa Blanca tras dimitir por abusos un asesor de Trump

Acusan a su jefe de gabinete de encubrir a Rob Porter, pese a las denuncias

CORRESPONSAL EN WASHINTONActualizado:

La guerra ha vuelto a la Casa Blanca. La misma persona que terminó con el caos en el entorno del presidente, John Kelly, se encuentre ahora en el ojo de un huracán que él mismo ha contribuido a generar. La sonora dimisión esta semana de Rob Porter, el secretario del gabinete de Donald Trump, acusado por sus dos exmujeres de abusos físicos, no ha hecho sino desatar un escándalo que crece cada día. Las revelaciones de que su jefe, el general Kelly, conocía el pasado reciente de Porter sitúan contra las cuerdas al hombre clave de la Casa Blanca, acusado de encubridor.

El indeseado protagonismo de Kelly comenzó cuando salió en defensa de su subordinado, con una nota de apoyo inequívoco. Fue el día en que trascendió que el FBI mantenía abierta una investigación contra Porter, en el transcurso de la cual dos exesposas se declararon víctimas de su violencia física. La primera de ellas, Jennifer Willoughby, aportó fotografías que mostraban un enorme moratón en torno a un ojo, que la denunciante atribuyó a un puñetazo de su marido. Su segunda mujer, Colbie Holderness, también confesó haber sido tratada con violencia.

Líos en la Casa Blanca

El episodio se ha complicado al conocerse que Porter mantiene una relación sentimental con la directora de Comunicación de la Casa Blanca, Hope Hicks, la persona de más confianza del presidente. El otro afectado al que parecen arrollar los acontecimientos es Don McGhan. El consejero de la Casa Blanca fue advertido por el propio Porter en enero de 2017, nada más llegar, de que las acusaciones de sus exmujeres podían complicar el habitual examen de seguridad al que son sometidos los altos cargos. McGhan consintió en que trabajara con un permiso provisional.

Los siguientes meses, Porter le informó de que el FBI le había interrogado dos veces. Hasta que en noviembre recibió una llamada de Samantha Davis, otra expareja de Porter, que le prevenía del alcance de las acusaciones. McGhan informó a Kelly, quien no movió un dedo hasta que un diario destapó el escándalo esta semana.

La gravedad de las denuncias no ha impedido que el presidente Trump ensalzara ayer la labor y la «gran carrera profesional» que le espera a su dimitido secretario.