Carleth Morales, periodista y escritora del libro 26 crímenes y una crónica
Carleth Morales, periodista y escritora del libro 26 crímenes y una crónica - David Del Río
ENTREVISTA

Carleth Morales: «Si los asesinados en las protestas en Venezuela no encuentran justicia, al menos que no sean olvidados»

La periodista venezolana publica «26 crímenes y una crónica», un libro que narra los asesinatos perpetuados por los cuerpos de seguridad del Estado durante las manifestaciones de 2017

MADRIDActualizado:

Periodista y escritora, Carleth Morales (Caracas, 1971) vive en España desde el 2000 pero su corazón y su mente permanecen aferrados a su país. Escribió «26 crímenes y una crónica. Quién mató a la resistencia en Venezuela» desde la distancia, a 7.258 kilómetros para ser exactos, y batalló como nadie la precariedad tecnológica para entrevistar a los padres de los jóvenes que perdieron la vida en las protestas que sacudieron Venezuela en 2017.

Morales junto algunos familiares de los caídos viajaron a Ginebra el pasado 26 de abril, para presentar su libro ante la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y dejar constancia de los crímenes que cometieron los cuerpos de seguridad del Estado que apoyan el Gobierno de Nicolás Maduro. La venezolana dedicó 176 días y 83 madrugadas para recopilar los hechos y narrar una historia que cumpliera con sus dos objetivos: el del registro y el de la memoria.

¿Cómo nace la iniciativa de escribir este libro?

En septiembre del año pasado comencé a hacerme preguntas sobre el paradero de los jóvenes asesinados en las protestas en Venezuela, sobretodo si se había hecho justicia con ellos. Entonces como periodista me sentí en la responsabilidad de dejar un documento dando respuesta a esta pregunta que nos hacíamos todos los venezolanos.

¿Cómo fue para usted el proceso de escribir un libro desde la distancia?

Fue un proceso duro. Yo le dediqué las madrugadas, de hecho en el libro las registré: fueron 83. Tenemos una diferencia horaria de 6 horas y yo tenía que estar siempre disponible para hacer las entrevistas. A veces tenía que poner la alarma a las cuatro de la mañana (hora España) para poder hablar con los familiares cuando ellos llegaran de trabajar en Venezuela.

Para poder avanzar en la investigación necesitó de un equipo, ¿cómo fue la dinámica de trabajo?

Tenía dos periodistas en Venezuela. Una chica se encargaba de buscar a los familiares para hacer la entrevista y el otro periodista hacía la crónica. Su trabajo fue fundamental porque no todas las víctimas eran de Caracas y había que buscarlas en otras ciudades. Al igual que el proceso de recopilar los hechos que pasaban durante el día. Fue un trabajo muy exacto.

¿Le hacía a todos los familiares las mismas preguntas?

Sí, el cuestionario tenía 30 preguntas. En Madrid vive el hermano de Paúl Moreno (brigadista de la Unidad de Primeros Auxilios de Maracaibo arrollado por una coche) que fue al único que pude entrevistar presencialmente y comprobar que el instrumento de trabajo funcionaba.

¿A cuantas personas entrevistó?

A más de 50 personas.

Se conoce la precariedad tecnológica en la que está sumergida Venezuela ¿Cómo realizó cada una de las entrevistas?

Las hice por teléfono pero en unas condiciones muy precarias. Muchas veces no había luz o internet y tenía que llamar directamente desde el móvil. De hecho, por skype no pude establecer ningún contacto porque la señal era débil y se caían las llamadas.

Cada una de las instituciones públicas del Estado reconocieron diferentes cantidades de fallecidos. El Ministerio de Comunicación registró la cifra más alta con alrededor de 167 asesinatos. ¿Cómo seleccionó las víctimas que están narradas en el libro?

De las 167 personas que fallecieron durante las protestas, se seleccionaron aquellas que tenían la intención de manifestar. Los que salieron de su casa con su bandera, su máscara antigás y sus pancartas, porque dentro de las estadísticas habían otro tipo de muertes que no se corresponden con la investigación.

Todas las historias están llenas de violencia, sin embargo, puede resaltar algún hecho en concreto...

Muchos de los chicos eran hijos únicos, eran todo lo que tenían esas madres. Otras los habían criado solteras y se los mataron en una mañana. Además, la forma vil en la que lo hicieron, con disparos a una parte vital del cuerpo. También la manipulación de la información por parte del Gobierno de Maduro. Los ministros daban declaraciones de cómo habían muerto los chicos y todavía no se habían realizados las investigaciones forenses. Eran hasta capaces de violentar el cuerpo para dejar otras evidencias que no eran las reales. Fue un caso real, el de Augusto Puga, las autoridades salieron en televisión contando que se el joven se había caído de una platabanda para tratar de acomodar el cuerpo. De hecho, el joven de 22 años murió de un tiro en la cabeza y lo querían ocultar.

¿Cambió su vida después de que terminó el libro?

Sí. Recuerdo a un padre que me dio las gracias porque nunca nadie lo había entrevistado. Yo quería dejar algo por escrito para que esas familias pudieran sacar el libro y decir este es mi hijo. Yo les prometí a ellos que a donde fuese el libro iba a leer el nombre de cada uno de esos jóvenes.

¿Qué conclusiones le dejó realizar toda esta exhaustiva investigación?

Yo no las quise escribir para que los lectores llegaran a ellas por sí solos. Pero debo resaltar que de los 26 asesinatos documentados en este trabajo, 22 de ellos fueron cometidos presuntamente por funcionarios de los diferentes cuerpos: 15 por Guardias Nacionales Bolivarianos (GNB) y 7 por efectivos de las Policías Municipales o Nacionales. Además, 2 asesinatos fueron perpetuados por civiles armados afectos al Gobierno y otro por el hijo de una persona con intereses económicos cercanos al régimen.

El patrón de actuación de la GNB se repetía, 25 de los jóvenes murieron de un disparo en una zona vital: 6 en el pecho, 6 en la cabeza, 5 en la zona abdominal, 3 en el cuello, 2 en la ingle y 2 por traumatismo toraxico.

Por último, a un año de las protestas solo uno de los 26 casos ha sido juzgado, el único precisamente en el que no está juzgado un funcionario público. En 9 de ellos hay imputados sin sentencia y en 16 nisiqueira hay imputados.

Por útimo, ¿quién mató a la resistencia en Venezuela?

Yo creo que la mataron muchos factores. Nosotros como sociedad también tuvimos nuestra cuota de responsabilidad. No hay un quién sino unos quienes que muchas veces no son ni personas. De lo que estoy segura es que la sigue matando la inacción.