T. E Lawrence en moto
T. E Lawrence en moto - ABC

La trágica muerte de Lawrence de Arabia impulsó la creación del casco de motocicleta

Un neurocirujano atendió al histórico líder tras su accidente de tráfico e inventó este objeto

MadridActualizado:

La muerte no se llevaría a Thomas Edward Lawrence durante su lucha contra los turcos (en la Primera Guerra Mundial), ni tampoco como consecuencia de la depresión que le causó sentirse traidor de la tierra oriental que le adoptaría como un hijo más. Lo que le puso punto y final a la gran leyenda británica fue un accidente de motocicleta.

Si T.E. Lawrence hubiera llevado un casco protector cuando impactó contra el suelo habría tenido muchas posibilidades de sobrevivir. No obstante, para la conmoción de las gentes Lawrence de Arabia -como así ha pasado a la Historia- moriría a los pocos días del accidente.

Aunque la tragedia estremeció a la sociedad, a nadie salvo el anónimo neurocirujano llamado Hugh Cairns, se le ocurriría desarrollar un artilugio que protegiera la cabeza de los motoristas. De esta manera, Cairns impidió que la muerte de Lawrence fuese en vano, y aprovechando la empatía que generaba aquella personalidad se dedicó hasta el fin de sus días a crear la medida de protección universal para motociclistas y pilotos de coches de carreras.

Lawrence de Arabia

A lo largo de la Historia, durante el transcurso de los conflictos bélicos se forjarían numerosas personalidades de hierro; éstas lograrían disipar los miedos de los menos valientes y despertarían un fuerte sentimiento patriótico. Durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña fabricaría a su propio héroe: Lawrence de Arabia.

T.E. Lawrence era un arqueólogo galés, nacido en Tremadoc el 16 de agosto de 1888, y enamorado de Oriente Medio. Allí pasaría una etapa muy representativa de su vida, en la que entregaría toda su alma y esperanzas en aquella tierra. Primero en la pasión por las excavaciones en aquel exótico mundo, y posteriormente compartiendo la misma ansia de libertad con sus hermanos de armas durante la Revolución árabe (1916-1918).

Reino Unido y Francia estaban aburridos de esperar la caída del Imperio otomano, y les pareció conveniente despertar el desdibujado ánimo independentista de las provincias árabes, oprimidas por los turcos. Los intereses de Occidente en la zona, por otra parte, estaban siendo afectados por el rápido avance de los otomanos. Mientras los franceses seguían pensando en estrategias militares, a los ingleses se les ocurrió la frívola pero efectiva idea de usar un hombre como cebo. De esta manera, el Ejército británico podría contar con el apoyo de las fuerzas rebeldes para frenar a los turcos.

No obstante, se precisaba que «el títere» sintiese un profundo respeto por la causa árabe, así como reunir un magnetismo sobrenatural que pudiese convencer al príncipe Huseyn Faisal I (posteriormente rey de Siria y del nuevo país Iraq) de crear una alianza geopolíticas. La marioneta sería T.E. Lawrence, pues en su persona cabía toda la gloria futura de Gran Bretaña.

Lawrence obtendría la llave de los rebeldes sirios así como la bendición de Faisal I. Si lograban vencer a los otomanos, y a cambio del apoyo militar, Huseyn Faisal exigía la «no invasión occidental», y el reconocimiento de la liga panárabe como hombres libres que el mismo lideraría.

Lawrence sabía que ese compromiso llamado Huseyn-McHanon era la mentira a la que se aferraban los británicos, con el fin de que los rebeldes los rescatasen de la inevitable derrota. Sin embargo, y por lealtad a su patria, sellaría sus labios.

El oficial tenía la esperanza de que, bajo su liderazgo, los árabes pudieran arribar antes que las tropas occidentales a Damasco. Siendo así confiaba en que pudieran reclamar su independencia, dejando inválido el sucio tratado Sykes-Picot (un acuerdo entre Francia y Reino Unido sobre la distribución de Oriente Medio, una vez caído el Imperio otomano).

«Durante los dos años que estuvimos juntos bajo el fuego se acostumbraron a creerme y a pensar que mi gobierno, al igual que yo, era sincero. Con tal esperanza llevaron a cabo hermosas hazañas, pero, por supuesto, en vez de sentirme orgulloso por lo que hacíamos, me sentía continua y acremente avergonzado», confesó T.E. Lawrence en su obra «Los siete pilares de la sabiduría».

No mantuvieron su «palabra de honor» y Lawrence se sintió culpable por liderar aquella revuelta en el más absoluto silencio. Con el corazón dividido entre dos horizontes, se marcharía de Oriente como un traidor y regresaría a Inglaterra como un héroe que únicamente quería vivir en el anonimato.

La muerte de Lawrence de Arabia

Después de regresar desilusionado de la guerra, lo único que le motivaba a despertar cada día era la adrenalina que le provocaba la libertad de pasear en moto. Desafortunadamente, un día de intensa lluvia Lawrence se vio obligado a frenar en seco cuando se encontró a dos ciclistas a pocos metros de distancia. Fue inevitable: Lawrence salió despedido del vehículo y su cabeza impactó contra el suelo.

El neurocirujano Hugh Cairns hizo todo lo que pudo para salvarlo; aún así los daños tanto en la médula como en el cráneo eran muy graves. Según el médico, aunque hubiera salido vivo del accidente, lo más probable era que Lawrence se hubiera quedado mudo y ciego.

«Con Lawrence hemos perdido a uno de los más grandes seres de nuestro tiempo», se expresó el primer ministro británico, Winston Churchill, muy afectado por la muerte de su amigo.

Aunque su identidad fue lo suficientemente controvertida como para generar perspectivas diferentes acerca de su personalidad y valores - para uno de los periodistas más respetados de su época, Lowell Thomas, representaba la heroicidad; para el escritor y poeta Richard Aldington era un «mentiroso compulsivo», y en el guión de la película «Lawrence de Arabia» Robert Bolt lo convertiría en una víctima de la Primera Guerra Mundial-, lo cierto es que su mito seguiría latente y a través de él se impulsarían pequeñas grandes revoluciones.

El Ejército británico se pone el casco

El trágico final de Lawrence de Arabia motivó al neurocirujano Cairns a implementar la conciencia sobre la vulnerabilidad de los conductores de motocicletas y bicicletas, y con ello la necesidad urgente de hacer uso de un casco protector.

Sin embargo, esta medida de seguridad fue tomada como una ofensa para aquellos soldados que se sentían valientes e invencibles. Por este motivo, el casco fue motivo de burla hasta que las divulgaciones científicas de Cairns en el prestigioso boletín del «British Medical Journal», comenzarían a ser de interés para el Gobierno, ante la pérdida de los combatientes en las carreteras.

«No cabe duda de que muchos pacientes habrían vivido si sus cabezas hubieran estado protegidas de manera adecuada», se expresó Cairns.

Tras una detallada investigación publicada en «Lesiones en la cabeza de los motoristas. La importancia del casco», Cairns reveló la aterradora cifra de muertes por traumatismo cerebral; en 21 meses habían fallecido cerca de 2.000 hombres en carretera. Gracias a su insistencia, en 1941 el Gobierno tomó conciencia y obligó a sus tropas a ponerse un casco protector en todas las tareas asignadas con motocicleta.

El uso de casco se vuelve ley

Tras implantarse su uso obligatorio en el Ejército, Crains seguiría monitoreando las cifras de muertes en carretera. En 1946 publicó otro artículo de investigación donde exponía que, gracias a esta medida, el número de soldados fallecidos por accidente de tráfico se había reducido drásticamente.

Aunque el neurocirujano murió mucho antes de ver su recomendación convertida en una ley civil. Otros médicos continuarían su legado. El Dr. Snively creó la «Snell Memorial Foundation»-en honor al piloto de carreras Pete Snell, fallecido por graves daños en la cabeza, a causa de un casco ineficiente- en 1957. A partir de ese momento reuniría a un gran equipo internacional de científicos y médicos para crear el casco moderno que hoy conocemos. Posteriormente lograrían implementar las estrictas normativas para la homologación de estos accesorios de seguridad.

Finalmente, este tipo de muerte evitable caló profundamente en la sociedad. A partir de fines de los años 50, los gobiernos de todo el mundo irían implementando esta ley para los civiles.