La tragedia del verdadero soldado Ryan: un paracaidista cuyos hermanos fueron asesinados en el Día D

El divulgador histórico Pere Cardona (autor de «HistoriasSegundaGuerraMundial») narra a ABC las peripecias de Frederick Niland, el combatiente en quién Spielberg basa su película más famosa

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Parcela F, fila 15, tumba 11. Parcela F, fila 15, tumba 12. En mitad del cementerio de Colleville-sur-Mer (donde hoy yacen aproximadamente 10.000 de los estadounidenses que murieron mientras liberaban a Europa del yugo nazi) estos no deberían ser más que unos números olvidados. Los datos de dos enterramientos que se pierden en un océano de cruces blancas con la capacidad de estremecer el corazón de los más aguerridos. Sin embargo, frente a estos sepulcros no es raro encontrar a algún que otro visitante hablando del director Steven Spielberg. Y es que, en los mencionados montículos de tierra yacen dos de los cuatro hermanos Niland. La familia en la que se basa la película «Salvar al Soldado Ryan».

Robert Niland y Preston Niland fueron, para más exactitud, dos héroes caídos respectivamente los días 6 y 7 de junio de 1944. Unos soldados que se dejaron la vida a miles de kilómetros de su tierra natal para expulsar a los soldados de Adolf Hitler de Normandía. Con todo, su valentía no fue mayor que la que demostraron sus otros dos hermanos: Edward (desaparecido hasta el final de la Segunda Guerra Mundial mientras combatía a los japoneses en Birmania) y Frederick (uno de los miles de paracaidistas lanzados tras las líneas enemigas durante el Día D).

Sin embargo, los dos últimos no fueron enterrados en el majestuoso panteón erigido en honor de los combatientes fallecidos en Francia. ¿Por qué? En el caso de Frederick, debido a que fue enviado a casa por el ejército estadounidense para evitar que toda una generación familiar fuese destruida por la guerra.

El soldado Ryan de Spielberg
El soldado Ryan de Spielberg

Él fue el auténtico soldado Ryan aunque, como explica a ABC el divulgador histórico Pere Cardona (autor del popular blog «HistoriasSegundaGuerraMundial» y coautor del libro «El diario de Peter Brill») su historia fue exagerada por los guionistas que la llevaron a la gran pantalla. No le falta razón, pues los norteamericanos no enviaron una patrulla en su busca cuando se enteraron de que dos de sus hermanos habían muerto y de que el tercero había sido declarado desaparecido en combate.

Por el contrario, su regreso a casa fue orquestado por un capellán militar en los días posteriores al Desembarco de Normandía. Un teniente coronel llamado Francis Sampson que logró evitar una tragedia familiar haciendo a sus superiores partícipes de lo sucedido. «No fue exactamente cómo se cuenta en el largometraje, pero hay que entender esas licencias históricas. A veces son necesarias para hacer un producto atractivo al gran público», añade el divulgador histórico.

PARA SABER MÁS: HISTORIASSEGUNDAGUERRAMUNDIAL

Cardona conoce bien la historia de los Niland. De hecho, uno de los primeros lugares que visitó el pasado junio cuando viajó hasta Normandía como parte del proyecto que comparte junto al director de cine argentino Laureano Clavero fue el cementerio de Colleville-sur-Mer. «Colaboro con Laureano (del estudio “MIRASUD PRODUCCIONES”) como asesor histórico. Está rodando un documental sobre la importancia de la recreación histórica en España junto al grupo “First Allied Airborne Catalunya”», afirma a este diario.

Los Niland

A día de hoy, y como bien señala el divulgador histórico a este diario, recabar información fidedigna sobre los hermanos Niland es una tarea más que ardua. Sobre todo en lo que refiere a los combates que mantuvieron en la Segunda Guerra Mundial.

Por suerte, no ocurre lo mismo con sus primeros años de vida. Una época que, en palabras de Cardona, pasaron en Tonawanda (una de las ciudades del estado de Nueva York). Sus palabras las corrobora el historiador Walter L. Hixson en el libro «The American Experience in World War II».

Allí fue donde nacieron Edward (1912), Preston (1915), Robert (1919) y Frederick (1920). Este último, conocido como «Fritz» por sus allegados. «Pertenecían a una familia de seis hermanos. Cuatro hombres y dos mujeres (Clarissa y Margaret). Sus padres eran Michael y Augusta», completa el autor de «HistoriasSegudnaGuerraMundial» en declaraciones a ABC.

Con el paso de los años, el gusanillo del mundo militar terminó picando a Preston y a Robert, quienes se alistaron para llevar a cabo el servicio militar. A ellos no tardarían en seguirles, después del ataque sobre Pearl Harbour (perpetrado el 7 de diciembre de 1941), Edward y Preston. Fue así como toda una generación de Nilands se vio, repentinamente, luchando contra Adolf Hitler y sus aliados en plena Segunda Guerra Mundial.

Cardona, junto a las tumbas de los hermanos Niland en Omaha
Cardona, junto a las tumbas de los hermanos Niland en Omaha- P.C.

«Querían combatir juntos, pero fueron separadas por una ley ideada por los Estados Unidos. Con ella se pretendía evitar que un accidente o ataque acabara con la vida de todos los miembros de una familia a la vez», completa Cardona.

Según sus propias palabras, dicha norma se hizo oficial después de que cinco hermanos que servían en el mismo buque (los Sullivan) murieran durante el ataque de un sumergible enemigo. Esta tragedia consternó tanto a los Estados Unidos que el periodista George Orwell le dedicó unas palabras en su obra «Escritor en guerra: Correspondencia y diarios (1936-1943)». En la obra señala que la medida fue tomada primero en Inglaterra después de la Primera Guerra Mundial, pero que «la muerte de los Sullivan tras el hundimiento del “USS Juneau” el 13 de noviembre de 1942 ofrece un ejemplo similar en la IIGM».

«Es cierto que, anteriormente, esta medida se tomaba de forma extraoficial. Se procuraba separar si era posible a los familiares para que no murieran todos si había algún problema. Pero, tras lo ocurrido a los Sullivan, se llevó a cabo de forma oficial», completa Cardona.

Muertos o desaparecidos

Edward Niland (destinado como operador de radio a un bombardero B-25) fue el primero en caer en batalla a los 31 años. Y de forma literal, pues fue derribado mientras participaba en una misión sobre Birmania. «En Burma (Myanma) los B-25 fueron utilizados para atacar los ejes de comunicación de Japón. Particularmente los puentes del centro de Burma. También ayudaron a abastecer a las tropas sitiadas en Imphal en 1944», explican los autores de la obra conjunta «B-24 Liberator - B-25 Mitchell - B-26 Marauder».

Edward tenía la graduación de sargento y pertenecía a la 12 Grupo de Bombardero del 43 Escuadrón cuando cayó derribado en territorio enemigo el 20 de mayo de 1944. «Hay confusión en torno a las fechas, pero sus padres recibieron posteriormente un telegrama en el que se les informaba de que no había sido encontrado tras el impacto», completa Cardona. Concretamente, se le declaró «Missing in action» («Desaparecido en combate»). Un triste título que, habitualmente, era sinónimo de muerte.

Preston Niland
Preston Niland- ABC

Robert fue el primero de los Niland cuya muerte fue confirmada de forma fehaciente. Era sargento de la 82 División Aerotransportada Estadounidense y tenía órdenes -como el resto de paracaidistas- de atacar diferentes puntos ubicados tras las líneas defensivas germanas de Normandía. Todo ello, para crear el caos en la retaguardia nazi y evitar (tomando puentes y ciudades destacadas) que sus refuerzos arribasen a las playas.

Bob aterrizó sobre en las cercanías de Sainte-Mere-Eglise (uno de los objetivos prioritarios de los mandos) en la noche del 5 de junio de 1944. Así pues, se convirtió en la punta de la lanza de la futura expedición marítima. Lo hizo como parte de la Compañía D del 505 Regimiento.

Murió al día siguiente. En la jornada más importante de la Segunda Guerra Mundial. En palabras de Cardona, mientras cubría la retirada de sus compañeros de Neuville-au-Plain con su ametralladora. «Estaba defendiendo la posición y se quedó sin munición. Cuando fue a por más, y al salir de un seto, le dispararon», añade. Las palabras del divulgador histórico son confirmadas por autores como Stephen E. Ambrose en su obra «D-Day: June 6, 1944: The Climactic Battle of World War II»: «El sargento Bob Niland murió en su ametralladora.

«Estaba defendiendo la posición y se quedó sin munición. Cuando fue a por más, y al salir de un seto, le dispararon»

En la obra «Easy Company Soldier: The Legendary Battles of a Sergeant from World War II» el también paracaidista Don Malarkey recuerda las palabras que, en una ocasión, le dirigió Bob Niland: «Si quieres ser un héroe, los alemanes te convertirán rápidamente en uno... muerto». Para su desgracia, llevaba razón.

El tercero de los hermanos en desaparecer fue Preston. Su caso es bastante desconcertante. Y es que, aunque se sabe que desembarcó en la playa de Utah como alférez («second lieutenant») del 22 Regimiento de la 4 División de Infantería, se desconocen las causas exactas de su muerte. «En su momento, la familia indicó que se hallaba atendiendo a un compañero herido cuando falleció, pero existe mucha confusión en lo que respecta a sus últimas horas», completa Cardona. Lo que sí que está claro es que dejó este mundo el 6 de junio, como bien se grabó en la misma tumba que, a día de hoy, puede visitarse en el cementerio de Colleville-sur-Mer.

El verdadero Ryan

La historia del verdadero soldado Ryan, Frederick Niland, estuvo ligada íntimamente a la 101 División Aerotransportada. La destacada unidad que, posteriormente, se haría con un hueco privilegiado en la historia tras mostrar su arrojo en Normandía (junio de 1944), en la operación Market Garden (septiembre de 1944), y en la región de las Ardenas (diciembre – enero de 1944). En esta última contienda, de hecho, sus combatientes ganaron todavía más famosos si cabe tras defender el pueblo de Bastogne de unas fuerzas nazis que les superaban ampliamente en número.

Con todo, el 5 de junio de 1944 (día en que Fritz probaría por primera vez el sabor de la guerra) todavía quedaba mucho para ello. En las horas previas a la invasión, el menor de los Niland subió a un avión de transporte C-47. Estaba preparado, como el resto de paracaidistas, para saltar tras las líneas enemigas, cortar las comunicaciones nazis y evitar que los refuerzos enemigos llegaran hasta las playas. Aquella jornada, nuestro protagonista lucía los galones de sargento en la Compañía H del 501 Regimiento. Todo un logro personal.

El verdadero soldado Ryan
El verdadero soldado Ryan- P.C.

A última hora de la tarde decenas de C-47 iniciaron su camino hacia Normandía. El problema fue que, debido a la falta de entrenamiento de los pilotos, muchos de estos aviones no pudieron esquivar los disparos de las defensas antiáereas nazis situadas en Normandía y fueron derribados.

Eso, unido a la tensión de aquellos pilotos que superaron esa barrera defensiva sin ser golpeados por las balas, hizo que los aparatos se desviasen y repartieran a muchos de los paracaidistas lejos de sus puntos originales de salto. «Frederick fue uno de los que no cayó en su destino. Aterrizó bastante alejado, cerca de la ciudad de Carentan», añade Cardona.

Después de una semana combatiendo a los nazis en Normandía, Fritz logró hallar a sus compañeros gracias a un miembro de la Resistencia francesa. No pudo ser en mejor momento, pues les halló justo antes de que los alemanes lanzaran sobre ellos el cruento ataque de la Colina 30 (ubicada al sudoeste de Carentan) el 13 de junio. Aquella jornada la 101 División fue atacada por una fuerza combinada de vehículos e infantería germana más que numerosa. En batalla, los paracaidistas se defendieron como leones, pero solo obtuvieron la victoria cuando fueron reforzados por compañeros de otras Divisiones. «Frederick recibió una Estrella de Bronce por destruir un nido de ametralladora lanzando varias granadas», añade Cardona a ABC.

Trágico descubrimiento

Poco después de aquella acción, el verdadero soldado Ryan recibió la noticia de la muerte de su hermano Robert. «El comandante de la compañía de su hermano le explicó que este había muerto y que estaba enterrando en un cementerio cercano a Sainte-Mere-Eglise. Así que él decidió ir hacia allí para ver su tumba», completa el divulgador a este diario. Al llegar a la zona, Fritz pidió a un capellán de la 101 División Aerotransportada, un teniente coronel llamado Francis Sampson, que le ayudara a encontrar la tumba de su hermano. Y fue entonces cuando se dio de bruces con la realidad.

«Cuando le informaron de que regresaba dijo, literalmente, que solo volvería a casa esposado»

«Sampson encontró un enterramiento marcado con el nombre de “Preston Niland” e informó de ello a Frederick. El religioso creía que se había puesto este nombre por error, pero no. Así fue como Fritz descubrió que dos de sus hermanos habían muerto en Normandía. Por si fuera poco, el teniente coronel investigó posteriormente y descubrió que Edward también había desaparecido en combate», señala el autor de «HistoriasSegundaGuerraMundial».

Sampson fue el verdadero héroe ya que, cuando se enteró de la tragedia familiar de los Niland, envió un mensaje al alto mando aliado para que Fritz fuese repatriado a Estados Unidos. Tres muertes son más que suficientes, debió pensar, para una madre.

El rescate, no obstante, se llevó a cabo en semanas. Antes de que los mandamases aceptaran la petición, nuestro protagonista fue enviado a Inglaterra junto a su unidad para descansar. Allí fue, precisamente, donde recibió la noticia. «Cuando le informaron de que regresaba dijo, literalmente, que solo volvería a casa esposado. Afirmó que quería vengar la muerte de sus hermanos y luchar contra los nazis», señala el divulgador.

Francis Sampson
Francis Sampson- P.C.

Por suerte, entró en razón y fue enviado de nuevo a Estados Unidos, donde trabajó como policía militar. Posteriormente (y tal y como señala Ron Churchill en su dossier «”Salvar al soldado Ryan”, un drama de la vida real») trabajó como dentista y tuvo un hijo, Pete. Un joven que visitó a sus tíos en 1974 y dejó sobre sus tumbas unas flores.

El broche de oro a esta historia lo puso Edward, quien regresó a su hogar tras la Segunda Guerra Mundial. «Lo que le ocurrió fue increíble. Sobrevivió al impacto del B-25 saltando en paracaídas y, posteriormente, fue capturado y entregado a los japoneses por los ciudadanos de un pueblo cercano. Pasó un año como prisionero de los nipones hasta que consiguió escapar. Al final, fue rescatado por un grupo de soldados ingleses que se lo encontraron famélico en un prado, casi a punto de fallecer. Se repuso y regresó a casa. La vuelta fue muy bonita porque su madre, Augusta, nunca perdió al esperanza de que volviera. De hecho, siempre ponía un plato más de comida en la mesa esperando su llegada», finaliza Cardona.