Historia

Los denarios de España pagaron la expansión de Roma

Un grupo de expertos de una prestigiosa universidad alemana aseguran que las monedas de plata extraída de unas minas de Hispania son la prueba de la victoria de Roma sobre Cartago y la conquista del Mediterráneo

Los denarios de España pagaron la expansión de Roma

Un grupo de científicos de la Universidad Goethe de Fráncfort en Alemania encontró más de 60 denarios, unas monedas de plata acuñadas durante el Imperio romano. Con este gran hallazgo los académicos ligan estas reliquias a la conquista del Mediterráneo, donde llenaron sus arcas con la explotación de las minas de algunas de sus colonias, especialmente las de España.

Este grupo compuesto por arqueólogos, químicos y geólogos trabajaron conjuntamente en este proyecto que se presentó en la Conferencia Goldsmichdt en París en agosto del 2017. Aquí mostraron como más de 60 monedas en plata son la prueba del enriquecimiento que sonrió al Imperio romano, tras la victoria de Escipión el africano sobre Aníbal en la batalla de Zama.

Durante la investigación los expertos realizaron tres pequeñas incisiones sobre el canto de las monedas, de esta manera podían analizarse los isótopos que contenía el plomo; un residuo que se había estado acumulando con el paso del tiempo sobre éstas.

Estas monedas datan de 310 y 101 a. C, 50 años después de que la ciudad enemiga fuese reducida en cenizas y maldita. Aún después de muerto y sepultado Aníbal, los romanos seguían teniendo miedo de aquella amenaza que prometía destruir Roma, por lo que las palabras del senador Catón «Delenda est Cartago!», «Cartago debe ser destruida» se efectuaron, para prevenir una posible insurgencia.

«La riqueza de Roma después de 209 a. C realmente ayudó a promover este tipo de pensamiento de que las guerras son realmente una inversión financiera que se puede pagar después, si se gana» declaró Westner, uno de los investigadores del proyecto, a la revista científica Live Science.

Estas monedas de plata provenientes de España, de la Sierra Morena y Faja Pirítica Ibérica, exhiben la gran fuerza expansiva que tuvo el Imperio así como el control sobre el Mare Nostrum, tras vencer al estado de Cartago -el cual antes poseía casi todo el dominio de la zona occidental del Mediterráneo- en el 146 a.C.

Los tratados restrictivos

La recién instaurada república romana en el 509 a.C se proyectaba como una potencia naciente. Este asunto preocupaba al estado de Cartago y por esta razón, ambas regiones elaboraron distintos tratados entre los cuales se limitó drásticamente a una ciudad emergente con ansia de conquista, pero su rival solo así sentía más segura su privilegiada posición comercial y política en el Mediterráneo.

Aunque Cartago en ese momento era la potencia del Mediterráneo occidental se sintió amenazada por Roma, a la que se le prohíbe fundar ciudades entre otras conquistas en el tratado expresado por los cartaginenses.

Ambas anhelaban coronarse de la fertilidad y riqueza del centro del Mediterráneo. Sin embargo, una de las cláusulas que se habían dictado en estos documentos, se les prohibía merodear y colonizar otras culturas entre más restricciones. De esta manera, la tensión entre ambas comenzaba a respirarse mientras se gestaba un conflicto bélico en el que los descendientes de Rómulo y Remo adoptarían una postura defensiva de ataque que precedió a las Guerras Púnicas (262 a. C – 146 a. C), una masacre que se alargó durante más de 100 años hasta consolidarse el Imperio romano.

I etapa de las Guerras Púnicas

Durante la primera fase del conflicto la flota romana era escasa, consecuentemente estaba en desventaja frente al enemigo. No obstante, ésto le permitió defenderse con su gran estrategia e infantería por tierra y alcanzar la victoria cuando Cartago trató de invadir a través de las costas de la península itálica.

En esa misma etapa, durante el 256 a. C Roma llegó a las costas del norte de África e invadió Túnez, aunque únicamente tuvieron el control de la ciudad durante un año, pues los cartagineses los aniquilarían en la llanura del río Bragadas.

Posteriormente, mediante las diferentes alianzas en la confederación itálica le ofrecieron la posibilidad de mejorar su flota. Gracias a esa unión, arman 200 naves de guerra para combatir en las islas Égates contra las tropas enemigas y los diferentes mercenarios contratados. Aún sin la experiencia bélica-naval de los cartagineses, los aplastaron. Los púnicos suplicaron por sus vidas y la paz, a lo que los romanos exigieron a cambio la entrega de Sicilia entre otras colonias claves para la expansión de la república, la liberación de presos, y el pago por indemnización.

De esta manera el Imperio se iba haciendo cada vez más grande y poderoso con las nuevas adhesiones, sumado a la vulnerabilidad que estaba viviendo Cartago en Córcega y Cerdeña con las revoluciones de los mercenarios, a quienes el estado no podía pagarles por los servicios prestados en la guerra por la deuda con Roma y los altos costes de la guerra. Por ese motivo las dos últimas islas pasaron a ser propiedad de la patria vencedora tras la cesión de su antiguo colonizador.

La riqueza mineral de Hipania

Aunque parecía que Roma ya había ganado suficiente botín, tierras y gloria, terminó por encapricharse con la nueva dirección que había tomado su rival humillado: Hispania. El general Almícar Barca reagrupó al ejército reuniendo esfuerzos para conquistar la península ibérica –aparentemente ya se habían resignado en su política expansiva sobre el Mediterráneo-. La gran sorpresa de este territorio desconocido fueron las grandes maravillas que ofrecía esta tierra: riqueza mineral, especialmente en Sierra Morena donde se asentaron. De esta manera su sucesor Asdrúbal logró devolverle el esplendor a aquel estado destruido. Se forjó una nueva esperanza para los púnicos, cuando el militar fundó Cartago Nova, esto fue posible gracias a la rentabilidad que les proporcionó la explotación de los bienes de la naturaleza hispánica.

Roma quería evitar el resurgimiento del enemigo, de modo que en el 226 a. C trató de bloquear los planes de expansión de los cartagineses en la región del Ebro. Tras el asesinato de Asdrúbal en manos de una tribu, Aníbal Barca se pone al mando de la confrontación que desata nuevamente el odio contenido y la sed de conquista en una segunda etapa de las Guerras Púnicas.

II etapa Guerras Púnicas

Aníbal invade Sagunto y Publio Cornelio Escipión, el joven general romano de 24 años, ofrece la paz a los cartagineses con la condición de que entregasen al feroz guerrero y se retiraran de la ciudad. Sin embargo, la respuesta fue negativa, así que se le declara la guerra a los púnicos en el 218 a. C.

Aníbal arriba a la península itálica con 30.000 hombres, bajo la amenaza de destruir Roma y el Imperio. Escipión manda retener todo tipo de provisiones y refuerzos en Hispania, de esta manera el cartaginense vagó con su ejército durante 16 años hasta regresar sin alianzas y únicamente un tercio de su milicia por mar.

Una vez que Escipión consideró que Aníbal realmente estaba acorralado decidió partir al norte de África para librar la última gran guerra de esta fase que culminaría la lucha entre ambos, por el poder absoluto sobre el Mediterráneo.

En la épica batalla de Zama destacó por el desarrollo de la contienda, Aníbal llevó 39 elefantes para usar su fuerza contra el adversario. Sin embargo, nada más aparecer con ellos, Escipión mandó tocar las trompetas y cornetas de toda sus legiones para asustar a los animales, que como resultado se alteraron y salieron corriendo aplastando a más de la mitad de los hombres del general de Cartago. No obstante a pesar del mal comienzo, los púnicos salieron a luchar hasta el final y su derrota.

El que en su día fue el joven Escipión, a partir de ahí sería conocido como «el africano», que entregó el Mediterráneo a Roma. Por la otra parte Aníbal se exilió por poco tiempo, pues se suicidó con veneno.

Los pueblos conquistados bajo la misma civilización

El Imperio romano a diferencia de otras civilizaciones además de expropiarse de los recursos naturales de la zona de saqueo, buscaban hermanar a la gente de estos pueblos bajo el mismo idioma, sistema de aguas, puentes y leyes; pues para ellos unificarlos a todos para servir al emperador era la verdadera conquista.

Aún después de más de 55 años de la muerte de Aníbal y su amenaza con la destrucción de Roma, los ciudadanos seguían teniendo miedo.

Durante la Pax Romana un periodo en el que se evitaron guerras y conflictos durante el mandato del emperador Octavio Augusto comienza la conquista de Hispania, en la cual los recursos minerales enriquecieron a los gobernantes y permitieron una prolongada expansión hasta la llegada de los bárbaros.

Por ello la muerte de Aníbal supuso el inicio del Imperio romano y con ello un legado que aún sigue vivo y rindiendo frutos en todos los campos humanísticos. De esta manera los denarios de plata son el reflejo de una extraordinaria idiosincrasia, nacida de la conquista y la consecuente explotación de los recursos naturales, especialmente de las minas que han enriquecido al Imperio.

Las riqueza mineral de España

Estas monedas de plata, que se usaron como objeto de estudio, provienen de minas del suroeste de España, o así lo aseguran en esta comunidad de científicos. Además prueban que el Imperio romano floreció con la caída de Cartago y la conquista de la península ibérica, en donde la localización de la nueva ciudad adherida, les facilitó el acceso a las grandes minas de la península que pagaron las expediciones imperiales.

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