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El truco de David Copperfield en su escándalo de abusos sexuales: adelantarse a la acusación

El célebre mago estadounidense se suma a la lista de acusados por abusos sexuales. Su defensa: condicionar el juicio público con una denuncia falsa anterior

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Será cosa de magia, pero en 1988 David Copperfield, con greñas alborotadas y entradas preocupantes en la frente, parecía más mayor que ahora, recauchutado y con una cabellera espesa en los carteles de su último espectáculo en Las Vegas. Sin duda, en 1988 era más mayor que Brittney Lewis, una ex modelo que le acaba de acusar de abusos sexuales. Copperfield tenía 32 años. Lewis, con 17, era todavía menor de edad.

En aquella época, Copperfield era una celebridad, el mago más famoso del mundo, multimillonario y artista superventas. Para entonces ya había hecho desaparecer la Estatua de la Liberta de Nueva York en un espectáculo televisivo en directo, volado sobre el Gran Cañón del Colorado, atravesado la Gran Muralla de China y protagonizado una fuga de la cárcel de Alcatraz, en la bahía de San Francisco. Copperfield llevó la magia a nuevos territorios, con producciones fastuosas de las que se hablaba durante semanas y convirtió el ilusionismo en un espectáculo de masas.

Brittaney Lewis
Brittaney Lewis

En 1988, Lewis era una chica atractiva de un suburbio de Salt Lake City (Utah) con aspiraciones de modelo. «Para una modelo de Cottonwood que se presenta a un concurso, el instituto debe esperar», publicaba entonces el periódico local «The Salt Lake Tribune», con una foto a toda página de la joven modelo. Aquel septiembre Lewis viajó a Atami, Japón, a la competición «Look of the Year», organizada por la agencia Elite. Ganarla suponía una prometedora carrera en la pasarela. Ella quería ser la próxima Elle McPherson.

Allí se encontró con Copperfield, que era uno de los jurados del concurso. Poco después de regresar a Utah, Lewis recibió una invitación del mago para acudir a uno de sus espectáculos en California. Como era menor, Copperfield pidió permiso a la abuela de Lewis, Patricia Burton, con quien vivía. «Me dijo, "no se preocupe, la cuidaré», recordó Burton a «The Wrap», la web que ha destapado las acusaciones. También le prometió que la menor estaría siempre acompañada y que dormirían en cuartos distintos. «Le creí, era encantador».

Según el relato de Lewis, el viaje comenzó bien. Copperfield habló maravillas de ella a todo el mundo y no hubo problemas cuando él trató de cogerle de la mano y ella se negó. Todo cambió tras el «show». Copperfield le invitó a tomar una copa en un bar. El mago vertió algo en su bebida. «Es para compartir», dijo Copperfield cuando Lewis le preguntó por ello. Pero unos sorbos después, la modelo empezó a perder la conciencia, y aseguró a «The Wrap» que solo recuerda escenas aisladas de lo que pasó el resto de la noche: cómo fue arrastrada a un taxi, el batín negro del mago, su mal aliento, él poniéndose encima suyo, quitándole la ropa, besándole la cara… «Cuando empezó a bajar, me desmayé por completo», dijo. Al día siguiente amaneció con mal cuerpo, con náuseas y con el mago diciendo que «no pasó nada porque era menor», que «no me entró». No tardó en meterla en un avión de vuelta a Utah. Pero antes le hizo firmar una carta en la que Lewis aseguraba estar bien.

«The Wrap» trató de hablar con Copperfield para contrastar el relato de Lewis, sin éxito. Pero el mago se adelantó a su publicación para contener el juicio público a su persona. Antes de que se conocieran las revelaciones, colgó un comunicado en Twitter en el que muestra su adhesión al movimiento «YoTambién» y pide «por favor, por el bien de todo el mundo, que no se apresure el juicio». El ilusionista recordó que ya fue objeto de una «acusación falsa» en el pasado, que fue investigada y desechada por el FBI. Se refería a Lacey Carroll, otra modelo que posteriormente fue acusada de prostitución y de hacer acusaciones de violación sexual falsas contra otro hombre.

Copperfield aseguró estar dispuesto «a pasar otra tormenta», pero en ningún lugar de su comunicado desmiente las acusaciones de Lewis. Según «The Wrap», una amiga del instituto, su abuela, su marido y su ex marido aseguraron que Lewis les contó hace décadas las acusaciones. En 2007, tras conocer el caso de Carroll, Lewis también acudió al FBI, donde un agente tomó nota de su denuncia.

El mago insistió en que nunca antes quiso prestar atención a las acusaciones falsas «para no dañar la credibilidad de otras» y porque hacen un flaco favor «a quienes han sido víctimas de abusos sexuales».