SEMANA DE LA MODA DE PARÍS

Pier Paolo Piccioli da el do de pecho en Valentino

Balenciaga y Celine caen en el feísmo, mientras que la casa italiana mantiene su exquisitez y elegancia

Cierre del desfile de Valentino
Cierre del desfile de Valentino - EFE

Hace unos días me comentaba una figura cercana a Cristóbal Balenciaga que el maestro de Guetaria había decidido que, tras su muerte, la marca desapareciera con él. Estaba horrorizado con los experimentos que tenían lugar en la casa de Christian Diortras la muerte del creador francés; y veía cómo la incertidumbre también se iba a apoderar de la maison Chanel cuando Coco falleciese.

Pues los augurios de Cristóbal Balenciaga se han cumplido de largo. Tras una época de bella durmiente, la marca tuvo como creativos a Michel Goma, Josephus Thimister y, desde 1997, a Nicolas Ghesquière, quien supo devolver cierta gloria a la casa. Tras 15 años al timón, Ghesquière dio el salto a Vuitton. Entonces entró en liza Alexander Wang. Como un elefante en una cacharrería, se dedicó a crear camisetas con mensaje, plagar las colecciones de botas militares, ropa para rapero y cuero negro con tachuelas. Poco duró la cosa y, tres años más tarde, Balenciaga anunciaba la llegada del desconocido y polémico Demna Gvasalia, a cargo de la extraña y psicodélica marca Vetêments.

Balenciaga
Balenciaga- ABC

Si bien se entiende que hoy en día las grandes marcas necesitan llamar la atención con colecciones dramáticas y piezas exageradas, y que la marca intenta imponerse en el mercado norteamericano, tal como hizo Cristóbal Balenciaga en su día, todo tiene un límite. Demna Gvasaliaha abrazado el feísmo, tal y como llevaba años haciendo en Vêtements, buscando un golpe de efecto. Don Cristóbal habría vuelto a morir ante la visión de unas chaquetas gigantescas en colores destartalados, combinadas con botas de cuero hasta el muslo y con unos bolsos que parecían fundas para «ensaimadas a domicilio».

Celine
Celine- AFP

En Celine, no han dudado hacer lo mismo, dejando atrás la feminidad y la elegancia que hicieron resurgir a la marca, e inspiraron a Bottega Venetta a seguir sus pasos. Lo que Michael Kors había creado fue desapareciendo a manos de Roberto Menichetti e Ivana Omazic, hasta que en 2008 llegó Phoebe Philo, inicialmente con un estilo simple y chic que ahora ha desembocado en una serie de prendas con apariencia de uniforme médico mezclado con camisetas hippies, trajes de chaqueta de vagabundo, de corte años 50 y en marrón y patucos desechables de quirófano.

Valentino
Valentino- EFE

Pero el que sin duda ha dado el do de pecho ha sido Pier Paolo Piccioli a bordo –ahora en solitario– de Valentino, tras la marcha de su mitad creativa –Maria Grazia Chiuri– a Dior. Si bien se dudaba cual de los dos lo haría mejor en solitario, Piccioli ha despejado la ecuación presentando una exitosa y marcada colección, en una moderna interpretación de la elegancia femenina de la casa Valentino, mientras que Maria Grazia Chiuri se limitó en Dior a revisitar a Martin Margiela y tomar piezas prestadas de la colección de Valentino, que ya está en las tiendas: ejemplo fueron sus vestidos palabra de honor largos en plumetti transparente. A las pruebas me remito.

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