ENTREVISTA

Jesús Álvarez: «El abrazo con mi suegro tras su liberación fue el más intenso de mi vida»

El popular periodista participa en una película sobre el secuestro de Emiliano Revilla, por parte de ETA, en 1988

El periodista en los estudios de TVE
El periodista en los estudios de TVE - I. Gil

La madrugada del 30 de octubre de 1988, Emiliano Revilla regresaba caminando a su casa en la madrileña Plaza de Cristo Rey tras 249 días secuestrado por la banda terrorista ETA, el segundo más largo en la historia en España. La primera persona que abrazó al empresario fue su yerno, Jesús Álvarez. Casi tres décadas más tarde, el periodista deportivo de TVE recuerda aquel momento con emoción, la misma que ha puesto a la hora de tomar parte en la película «249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla», con quión y dirección de Luis María Fernández. Hoy evoca para ABC los acontecimientos de aquel fin de semana, que enlazaba con el Puente de Todos los Santos y cuando las calles de Madrid estaban desiertas... hasta que saltó la sensacional noticia: Emiliano Revilla había sido liberado.

¿Qué le motivo a intervenir en este proyecto?

—Conocía al director de dar clases en la universidad Francisco de Vitoria. Me comentó que quería rodar un filme sobre la noche en que liberaron a mi suegro. Me enseñó el argumento, lo leí y nos reunimos con mi suegro y le dimos el visto bueno. Me pareció una buena idea porque creo que ha pasado suficiente tiempo suficiente como para contemplar aquello desde otra pespectiva. Para la gente que lo vivimos puede resultar interesante.

Revilla, junto a su esposa, su hija Margarita y su yerno Jesús Álvarez, en 1988.
Revilla, junto a su esposa, su hija Margarita y su yerno Jesús Álvarez, en 1988.- EFE

¿Qué momento, de aquellas jornadas, recuerda con especial intensidad?

—Cuando mi suegro, a compañado de su mujer, su hija y yo mismo, salió al balcón de su casa a dar las gracias a quienes se habían agolpado en la calle frente al portal de edificio. Se paró el tráfico y la gente aplaudió. Fue un momento muy emotivo.

María José Sáez, la becaria de la agencia EFE que dio la noticia, se encontró con la exclusiva de su vida. Hay quien dice que fue un chivatazo...

—Yo no creo que fuera un chivatazo. Ella misma lo cuenta en la película. La noche del sábado, estaba cenando con su novio, pero discutieron y en lugar de irse a tomar una copa o a la discoteca, decidió pasarse por la Plaza de Cristo Rey, que estaba desierta. Ella estaba sola y tuvo la suerte de que, mientras estaba esperando, como había hecho otras muchas noches, a las dos o dos y media de la mañana llegó mi suegro. Emiliano tuvo un momento de incertidumbre por la hora que era y porque no tenía las llaves de casa. En ese momento fue cuando se le presentó María José y le preguntó si era familiar de Emiliano Revilla. Y cuando le vio la cara, le identificó. Él dijo que sí era Emiliano Revilla. María José le llevó a una cabina telefónica que había en la calle San Francisco de Sales y me llamaron. Me dijo que tenía una cosa para mí, que era urgente. Yo, en ese momento, estaba levantado porque me acababa de preparar un café y pensaba ver una película en la tele. Le contesté que si podía tomarme antes el café y ella dijo que bajara ya. Yo interpreté que era algo importante, pero no tanto. Pensé que podría conocer alguna pista. No me imaginaba que podía estar con él. Cuando llegué a ellos y le vi, fue una tremenda sorpresa. Me dí cuenta de que había adelgazado mucho. Había perdido 14 o 15 kilos. Nos dimos el abrazo más intenso de mi vida.

Recreación cinematográfica del momento en que Revilla saluda desde su balcón
Recreación cinematográfica del momento en que Revilla saluda desde su balcón- ABC

¿Tuvieron pruebas de su estado durante el secuestro?

—No, ninguna prueba. Se llegó a decir que hablaba por teléfono con nosotros y era absolutamente mentira. Todo falso. No tuvimos ninguna prueba durante los ocho meses que duró el secuestro.

¿La película se ajusta exactamente a la realidad?

—Sí, se ajusta bantante, aunque tiene una parte de ficción. Es lógico porque el director no trataba de hacer un documental. Es una película fidedigna con una parte de ficción para atraer el interés del espectador. Fue un secuestro bastante complejo y el segundo más largo de la historia de ETA después del de Ortega Lara. Uno fue político y el otro, económico.

¿Les dio facilidades el gobierno de Felipe González para poder llevar a cabo una negociación con ETA?

—No, para nada. Al revés, el gobierno lo que quería era un triunfo político con el tema. El secuestro vino a cabo del fracaso de las conversaciones de Argel, en las que se intentó un acercamiento entre el gobierno y ETA. Era aquella una época muy virulenta. Las conversaciones se fueron al traste y a raíz de aquello vino el secuestro de mi suegro. Todo fue muy duro, por la duración del secuestro y por la postura del gobierno.

¿Cuál fue su papel con la prensa durante el secuestro de Emiliano Revilla?

—Fue testimonial, porque en la prensa tenía compañeros y amigos míos y por eso, cuando había algo que decir, recurrían a mí. Pero yo no fui el portavoz de la familia. Quise desligarme de esa labor pera evitar tener que callarme cosas ante mis compañeros.

¿Cuál es su intervención en la película?

—Mi participación es ficticia, porque hay un actor (Mauricio Bautista) interpretando mi papel en aquellos años. No hago de mí mismo. La película se basa en un encuentro, 18 años después, entre María José y yo en el que empezamos a hablar y a recordar cosas.

¿Ha visto el resultado?

—La he visto en un par de ocasiones. He contemplado el proyecto con ojos críticos y periodísticos, y estoy contento con los resultados.

¿Cómo reaccionó su suegro, que tiene fama de ser una persona muy reservada, cuando le hablaron de este proyecto?

—Se lo propusimos Luis y yo. Le explicó el argumento y cómo lo iba a hacer y accedió.

¿Irá al estreno?

—Supongo que sí, aunque es cierto que es una persona muy reservada. Yo creo que a veces en contra suya, porque es una persona que ha hecho muchas cosas como concejal de obras públicas en su pueblo, Olvega, en Soria. No quiere protagonismo. Siempre ha preferido mantenerse en segundo plano, siempre ha trabajado desde la sombra. Vendió hace muchos años sus negocios cárnicos y se dedicó al negocio inmobiliario y ahí sigue, con sus 88 años. Prefiere mantenerse al pie del cañón. Él todavía no ha visto la película. Está pendiente que lo haga para terminar de dar el visto bueno.

Usted lleva 32 años casado con Margarita Revilla y tiene tres hijos. ¿Sabe que, en sus inicios en Televisión Española, pasaba por ser el yerno ideal para muchas madres de España?

—Yo no era nada especial, más que un chico jóven que trabajaba en televisión desde los 19 años. Y tenía cara de buenecito y no digo que no lo sea. Sí sé que pensaban que era el marido ideal para sus hijas. Son modas pasajeras. Como la juventud, se cura con el tiempo.

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