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El Brexit hogareño de Nigel Farage: deja a su mujer por una joven francesa

La esposa alemana del líder eurófobo confiesa que llevan años viviendo separados tras destaparse que él vive con otra mujer

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Nigel Farage, de 52 años, ex líder de UKIP y probablemente el activista que sembró la semilla del Brexit, es un bocazas que a veces roza la xenofobia. Pero se trata también del político más divertido y diferente del Reino Unido, una comedia permanente y con sentido del humor. Amigo del morapio («no conozco a ningún hombre que haya bebido más rioja que yo», declaró una vez a ABC), cultiva las fotografías en el pub pinta en ristre, fuma, arma jaleo e intenta vestir como un gentleman, con tan poco garbo que más bien parece un secundario de Benny Hill.

Gato de siete vidas, le ha pasado de todo. De joven lo atropelló un coche cuando salía afectado de un pub. Ha superado un cáncer de testículo, un accidente de avioneta y una pillada en lances adúlteros por el extranjero. «Ya sabes, solo se vive una vez», fue su excusa.

A pesar de su perfil histriónico, se ha esforzado por mantener la reserva sobre su vida privada. Lo único que se sabía es que estuvo casado entre 1988 y 1997 y tuvo dos hijos. Después se divorció y en 1999 contrajo su segundo matrimonio con una bróker de bolsa alemana, Kirsten Merh, madre de sus dos hijas, hoy de 16 y 11 años. En un lapsus lírico, Farage ha contado que cuando conoció a Kirsten lo cautivó su «apariencia etérea, podría haber salido de un cuadro prerrafaelita». En su día, y burlando las normas, la tuvo empleada como secretaria a costa del Parlamento Europeo, donde es eurodiputado desde 1999. Pese a tanta eurofobia, Nigel vive de la UE desde hace 18 años.

Pero esta semana la vida doméstica de Farage se ha convertido en un culebrón público. El político tiene alquilado un nido de soltero en el barrio chic de Chelsea, una vivienda georgiana de tres plantas. El domingo pasado, el «Daily Mail» reveló que Laure Ferrari llevaba una semana viviendo allí. Se trata de una francesa de 37 años, 15 menos que Farage, y que dirige un centro de pensamiento asociado a UKIP, llamado IDDE. Cuando el periódico le preguntó si estaba durmiendo con ella, Mr. Brexit, como lo apodan en EE. UU., se mostró airado: «No responderé a preguntas ridículas».

La explicación que dieron ambos es que al retirarle el Parlamento Europeo sus subvenciones a IDDE, Ferrari se había quedado sin medios para pagarse un piso en el prohibitivo Londres y el caritativo Nigel le echó una mano. «Ella es alguien con quien he trabajado y a la que conozco desde hace largo tiempo y necesitaba un lugar donde quedarse esta semana que no le costase dinero. Es una relación de trabajo». Farage la conoció hace diez años, cuando ella era camarera en un bar de Estrasburgo. La contrató y promocionó.

Las explicaciones no convencieron su esposa, la alemana Kirsten (al eurófobo le gustan las eurpeas), que el lunes emitió un comunicado para informar de que Farage ya llevaba tiempo fuera del hogar conyugal: «Mi marido y yo hemos mantenido vidas separadas por algunos años y él hace tiempo que ha dejado el hogar familiar. Esta situación es adecuada para todos y no es ninguna novedad». Además, Kirsten pidió una tregua a los paparazis que vigilan su casa de Downe, en Kent, 23 kilómetros al Sur de Londres y villa natal de Nigel. «Tener una acampada delante de mi casa es muy estresante, especialmente para mis niñas. Por favor, déjennos vivir nuestras vidas».

Esta semana Nigel, un poco abotargado por el alcohol, y Kirstine, que poco tiene ya de ángel prerrafaelita, han dejado de lucir sus alianzas conyugales. Un compungido Farage accedía finalmente a comentar su problema sentimental en una radio. «Todos en nuestra vida tenemos altibajos y yo me arrepiento de la caída en que estoy en este momento. Pero hago una petición, sobre todo a los medios: por favor, dejen a mi mujer y a mis hijas en tranquilas. No las intimiden. No lo merecen. No es justo». El mes pasado, Farage había negado que se hubiese separado.

El enredo tiene también su vertiente política. La comisión electoral británica está investigando a UKIP, porque bajo la dirección de Farage habría destinado de manera ilícita 470.000 euros de subvenciones del Parlamento Europeo a las campañas de las elecciones generales y el Brexit. Parte de las ayudas se otorgaron a ADDE, la alianza dirigida por UKIP que agrupa en la cámara a varias formaciones populistas, y al Instituto para la Democracia Directa en Europa (IDDE), el think-tank que dirige la huésped de Farage, y que a su vez depende de ADDE. UKIP niega haber desviado esas ayudas ilegalmente, pero los investigadores lo ven claro.

Farage es hijo de un agente de bolsa alcohólico, Guy Oscar Justus Farage, que abandonó a la familia cuando Nigel tenía cinco años. No quiso ir a la universidad y a los 18 años ya trabajaba en la City como bróker de materias primas. Despierto y decidido, ganó mucho dinero antes de pasarse a la política. Simpatizante tory, fue uno de los fundadores de UKIP en 1993, indignado con Maastricht. Hoy es una estrella mediática tanto en el Reino Unido como en EE. UU., donde apoyó en la campaña a su amigo Donald Trump.