Varios taxistas protestan en la plaza de Neptuno tirando las vallas
Varios taxistas protestan en la plaza de Neptuno tirando las vallas - JAIME GARCÍA

Guerra total de los taxistas: «No vamos a parar, está en juego el pan de nuestros hijos»

La huelga del sector colapsa la circulación y deja sin servicio a miles de pasajeros

MADRIDActualizado:

La macrohuelga del sector del taxi colapsó ayer importantes enclaves estratégicos del mapa circulatorio de Madrid. El seguimiento masivo, con profesionales llegados desde casi todos los puntos de España, provocó estampas desoladoras en paradas capitales como las del aeropuerto de Barajas o el complejo ferroviario de Atocha. La parálisis del servicio fue total, hecho que podría volver a repetirse de manera indefinida, a tenor de las proclamas lanzadas en la manifestación que ayer por la mañana partió desde la glorieta de Atocha hasta la plaza de Neptuno.

«Estamos luchando por el futuro de nuestros hijos y no vamos a parar hasta que nos den una solución», advertía uno de los asistentes, megáfono en mano. Pese a que la marcha quedó desconvocada oficialmente a las 15 horas, la protesta continuó hasta bien entrada la tarde. Según la Delegación del Gobierno, unas 4.000 personas -si bien, la organización amplió la cifra hasta los 20.000- se echaron a la calle para clamar contra la «competencia desleal» de los vehículos de alquiler con conductor (VTC), que trabajan con plataformas como Uber y Cabify. Reclamaron el cumplimiento de la proporción de un coche VTC por cada 30 taxis, un control exhaustivo de su actividad y la articulación de medidas de protección para el sector.

Los paros solo fueron sorteados para acometer lo que denominaron «servicios mínimos sociales», vehículos con distintivos especiales que atendieron principalmente a enfermos, ancianos, personas con bebés o discapacitados. La confusión comenzó desde primera hora de la mañana cuando decenas de turistas se quedaron en tierra a la salida del aeropuerto de Barajas. «No sabíamos nada», señalaba una pareja, poco antes de enfilar el camino a la red de Metro. Los usuarios del suburbano fueron otros de los principales afectados, con más esperas de las habituales y trenes atestados de viajeros.

Antes de la concentración, tanto en los accesos a la ciudad como en el interior de la almendra central, los taxistas llevaron a cabo la bautizada «operación caracol», consistente en circular a velocidades muy bajas al tiempo que se hace sonar el cláxon. «Ya lo hemos hecho otras veces; se trata de visibilizar el problema y que los políticos se den cuenta de las dimensiones de la convocatoria», explicaba uno de los participantes. Como consecuencia, las líneas de autobús de la EMT sufrieron retenciones y, por tanto, «graves alteraciones de sus frecuencias», según informó la compañía.

Entre las 11 y las 13 horas, el paseo de Recoletos se convirtió en el eje central de la jornada. Miles de taxistas, ataviados con banderas de Cataluña, Galicia, Andalucía o Extremadura, entre otras comunidades autónomas, y estandartes propios de las diferentes asociaciones de convocantes -Fedetaxi, Antaxi, Élite y las plataformas TNT y Caracol- avanzaron hasta la plaza de Neptuno con la intención de alcanzar sin éxito el Congreso de los Diputados.

Momentos de tensión

En la entrada de la Carrera de San Jerónimo, la Policía Nacional llevó a cabo un amago de carga cuando un grupo de manifestantes trató de superar las vallas que impedían el paso a todo el perímetro del Congreso. Los antidisturbios se vieron obligados a avanzar varios metros, sin registrarse ningún incidente reseñable. Ni siquiera el lanzamiento puntual de objetos contra los Cuerpos de Seguridad motivó que abandonarán su posición de contención.

«¡Somos taxistas, no terroristas!» o «¡Si esto no se arregla... Guerra, guerra, guerra!», fueron algunos de los cánticos entonados; aunque las críticas más severas recayeron en la figura de algunos políticos. «Rajoy es un cobarde y Sánchez también, que bajen aquí y den la cara», sentenciaron los presentes. Todo ello, bajo el humo de las bengalas y el incesante ruido de los petardos. A las 15 horas, un grupo numeroso de huelguistas se negaron a abandonar la plaza al grito de «¡No nos moverán!». Se sentaron en el suelo para demostrar, según afirmaron los portavoces, el carácter pacífico de la acción. Sobre las 20 horas pusieron fin a la sentada, no sin antes acordar que el próximo lunes decidirán, mediante asambleas abiertas a todo el sector, si el gremio del taxi acomete de manera inminente una huelga indefinida.