José Luis Jiménez - Pazguato y fino

Menear el muñeco José Luis Jiménez

Acabaremos viendo carteles de Rivera en las elecciones de comunidades de vecinos o de delegados de clase en el colegio de su hijo

Albert Rivera acompaña en un acto de precampaña a la candidata a la presidencia de la Xunta, Cristina Losada
Albert Rivera acompaña en un acto de precampaña a la candidata a la presidencia de la Xunta, Cristina Losada - EFE
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Le debe estar cogiendo el gusto Albert Rivera a venir a Galicia. Lo ha hecho más en tres meses que en los dos años anteriores. Y promete que estará más cerca de su feligresía ahora que empieza la campaña gallega. Ya saben que el líder de Ciudadanos es poco menos que una divinidad: uno no necesita verlo ni tocarlo, tan solo seguir sus enseñanzas para alcanzar la felicidad en forma de sonrisa naranja. Es como un San Luis, pero de centro. Y bien mirado, a Rivera ha sido difícil echarlo de menos, porque en las últimas cuatro convocatorias electorales, las calles gallegas han lucido su rostro de manera ostentosa, y eso que él, lo que se dice presentarse, sólo lo hacía en las generales.

Lo tuvimos presente en las municipales, a pesar de que su verbo no se hizo carne en ninguna de las ciudades. En las mesas informativas de los candidatos a las alcaldías —que por momentos parecían el Domund ofreciendo pegatinas naranjas a cambio de un donativo para erradicar el hambre de los niños pobres del África— había panfletos con los mandamientos básicos del apostolado de Rivera y carteles con su foto para que cualquier fiel pudiera fotografiarse junto a ellos. ¿Propuestas? ¿Quién quería propuestas para su concello cuando lo importante de verdad es España? ¡Mucho mejor la foto!

Luego llegaron las generales. Ahí no había excusa para no empapelar Galicia con el rostro del santo Albert. No es que se buscara ensombrecer a los candidatos gallegos, es que la gente del común es humilde y no necesita verse en un cartel. Eso alimenta el ego y es de vieja política, salvo que el protagonismo sea para Rivera, divinidad impermeable a estos feos vicios. En diciembre envió su mensaje enlatado en un video —portado por la apóstol primera, Inés Arrimadas—, para irradiar finalmente en junio de alegría a sus fieles con una visita de un puñadito de horas a Vigo. Lo bueno, si breve, ya saben.

Ahora tocan las autonómicas gallegas, y de nuevo veremos su bella efigie por Galicia adelante. Y cabe preguntarse si es que en C’s rinden un desmesurado culto al líder o es un reconocimiento tácito de que o se sirven de Rivera, o a su candidata no la identifica ningún telespectador. Aquí no se sintoniza Telemadrid, claro. A este ritmo, acabaremos viendo carteles de Rivera en las elecciones de comunidades de vecinos o de delegados de clase en el colegio de su hijo. Será el recurso del aspirante que no tenga nada más que decir ni que ofrecer salvo invitar a la contemplación pausada e hipnótica de la sonrisa más embaucadora de la política española.

En fin, que este 25-S, Ciudadanos menea de nuevo el muñeco, pero en esta misa mejor sería que no pasase el cepillo. Galicia no da el voto por persona interpuesta.

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