Vídeo: El ADN confirmó que el cuerpo hallado en Rianxo es el de Diana Quer - ATLAS
CASO DIANA QUER

Autopsia: la complejidad de probar la violación

Un experto asegura que en un cuerpo sumergido en agua tanto tiempo no se puede hallar rastro de ADN ajeno

LA CORUÑA/MADRID/SANTIAGOActualizado:

Una de las incógnitas que rodea el hallazgo del cadáver de Diana Quer es si fue agredida sexualmente, una circunstancia escabrosa pero que tiene su relevancia a efectos del procedimiento judicial: abriría la puerta a la petición de la pena de prisión permanente revisable para José Enrique Abuín. «El Chicle» ha negado en todo momento que esto se produjera aunque, según aseguraron a ABC fuentes de la investigación, durante los registros practicados en su casa y en los que estuvo presente sí reconoció que intentó violar a la joven madrileña, pero que esta forcejeó y se resistió, y que posteriormente la estranguló antes de arrojarla maniatada al tanque de agua potable de la fábrica.

Recae en la autopsia del cadáver resolver algunas de las sombras en el relato del autor confeso de la desaparición, aunque no las disipará todas. «Es imposible que se pueda determinar cualquier resto orgánico de otra persona en un cuerpo que lleva año y pico sumergido en agua», asevera el psiquiatra forense José Cabrera en conversación con ABC, «cuestión distinta es que se pueda encontrar algún pelo cuyo análisis de ADN no corresponda a ese cuerpo». La teoría del atropello accidental alegada por la defensa también puede ser comprobada si se detectan «lesiones óseas de gravedad» u otras que no sean achacables a tirar el cuerpo al tanque de la nave de Asados. «Las fracturas típicas del atropello son las piernas», especifica. Del mismo modo, considera factible que se puedan detectar marcas de bridas en muñecas o tobillos de un cuerpo en estas condiciones, «pero no se podrá decir si fueron antes o después de la muerte».

La opción del estrangulamiento, que también pudo ser causa del fallecimiento, se puede determinar mediante el examen del hueso hioides, en el cuello, que se rompe en casos de asfixia manual con mayor facilidad que las vértebras cerviales, que exigen de una presión mucho mayor.

Autopsia compleja

Cabrera considera que el análisis forense se demorará «de una semana a quince días, como mínimo». «Que nadie tenga prisa que hay que hacer las cosas bien», añade. La tarea en casos así es procelosa. Los protocolos establecen que primero ha de fotografiarse superficialmente el cuerpo tal y como llegue a las instalaciones forenses. Seguidamente, se extraen las zonas que se quieran enviar a exámenes «de ADN especiales, toxicológicos o anatomico-patológicos», lo que añade demora a los resultados.

Por último se trabaja sobre el esqueleto, dado que las partes blandas no lo permiten por el deterioro sufrido en periodos tan prolongados bajo agua. Hay dos métodos: bien una radiografía seriada y secuencial o la esqueletización del cadáver, retirándosele las partes blandas que quedaran y trabajando directamente sobre la estructura ósea. Cabrera añade además que en este tipo de cadáveres, en los que se ha producido un proceso de adipocira o saponificación, es igualmente imposible distinguir rasgos fisionómicos, ya que los cuerpos quedan reducidos a algo similar a muñecos de cera, en los que sí pueden quedar restos de tatuajes o marcas.