Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

La casta feminista

«Podemos se reservó al nacer la potestad de decidir quién era casta y quién no, y el nuevo feminismo quiere decidir quién es feminista y quién no»

Guillermo Garabito
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Ignorar el mundo es tal vez la única forma de sobrevivir cuerdamente en esta sociedad de taifas por la mañana y de masas por la tarde. Ignorar al mundo o ignorarse uno mismo, porque no hay que tomarse nada muy en serio -como no se debe tomar muy en serio las cosas escritas sin «h»- siguiendo el consejo de Jardiel. Y cito a Jardiel Poncela a sabiendas, porque ya me lo encontré el otro día, a Jardiel, declarado enemigo de yo qué sé que feministas.

Con el nuevo feminismo se corre igual peligro que con la «nueva» política. Que de una reivindicación necesaria, de su afán por visibilizarlo y normalizarlo, se apoderen unos pocos para sus intereses personales. Montarse el chiringuito a partir de cualquier causa es algo muy nuestro... Toda la teoría de la evolución, en España, se resume en el dilema de que fue antes: ¿la causa o el chiringuito?

Podemos se reservó al nacer la potestad de decidir quién era casta y quién no, y el nuevo feminismo quiere decidir quién es feminista y quién no. Hay mujeres a las que el nuevo feminismo, que es un feminismo de estar por Twitter, no las reconoce como feministas: por su ideología o por su trabajo. O eso que escuece aún más, declararlas «malas feministas».

El púlpito que se están montando con el nuevo feminismo, como otros hicieron con la nueva política, no es otra cosa más que el intento de un número pequeño de auparse en unos privilegios que no consiguieron con el modelo anterior. La causa no importa. Todo consiste en ascender y darse visibilidad en lo suyo.

El nuevo feminismo, como le ocurrió a la nueva política, corre el riesgo del monopolio. Pero de esto ya sólo se habla discretamente entre amigos, no te vayan a linchar. Si a uno le declaran enemigo, o poco feminista, contra ese habrá que dirigir a la masa. Las masas, ya se sabe, siempre hay que dirigirlas contra algo o contra alguien. No sirven para otra cosa.

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